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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Una huella minera que el tiempo no terminó de borrar

La travesía 4x4 hacia Virginia II combina ripio, cauces secos y una caminata final entre montañas en la Precordillera sanjuanina, donde todavía quedan galerías, rieles y hasta ropa de los trabajadores.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 13 d
Una huella minera que el tiempo no terminó de borrar

Amanece en San Juan y el aire todavía trae esa frescura seca de la Precordillera, esa que se mete en la garganta cuando todavía no salió el sol del todo. Me acomodé en una de las camionetas de Mainumby4x4 con la expectativa de quien sabe que va a meterse en un lugar poco frecuente: una antigua mina que los vecinos llaman Virginia II y que no figura en los folletos turísticos ni en los mapas convencionales. La guía de la salida, Verónica Romaña, fue marcando el ritmo de la caravana desde el primer minuto.

El itinerario arranca en la capital sanjuanina y toma la Ruta 40 hacia el norte. Después se desvía por la antigua ruta de ripio a Mogna y, ya en tierra adentro, el paisaje se vuelve más áspero y la conversación dentro de la cabina gira en torno a las crecientes, a los caminos borrados y a la necesidad de llevar el track cargado en el GPS porque la señal de teléfono se corta en buena parte del trayecto.

Por el cauce seco del río La Laja, arena y piedras sueltas

El ingreso al cauce seco del río La Laja, en un tramo que queda entre Talacasto y Mogna, es el momento en que la marcha se vuelve lenta. Las huellas se bifurcan, las piedras sueltas obligan a detenerse y hay que mirar con atención por dónde conviene seguir. Una crecida puede modificar el terreno y hacer desaparecer pasos que en otra salida anduvieron bien, de modo que seguir el track termina siendo tan importante como mirar el piso.

Las camionetas quedan estacionadas en una quebrada y a partir de allí empieza la caminata. El sendero sube en zigzag entre las laderas y uno va encontrando los primeros indicios de que aquello fue un campamento de trabajo: chapas oxidadas, hierros retorcidos, tambores metálicos. Más arriba aparecen cascos, guantes y prendas dejadas por quienes pasaron largas jornadas en el lugar. Recorriendo las galerías se ven todavía rieles, recipientes para trasladar mineral, utensilios de cocina, bolsas que habían contenido explosivos y los cables que se usaban para las detonaciones.

  • Qué se encuentra en el sitio: paredes derrumbadas, piques, labores parcialmente cubiertas de material y construcciones deterioradas con chapas, hierros y tambores metálicos.
  • Qué dejaron los trabajadores: cascos, guantes, prendas de vestir, utensilios de cocina, rieles, recipientes para trasladar mineral, bolsas de explosivos y cables de detonación.
  • Cómo se llega: desde San Juan por la Ruta 40 al norte, luego ripio hacia Mogna, cauce seco del río La Laja entre Talacasto y Mogna, y una caminata final a pie desde una quebrada.
  • Qué no hay: señalización turística, camino convencional habilitado ni centro de interpretación, y la identificación Virginia II no se pudo confirmar con la documentación pública disponible.

Lo que se ve no está dispuesto como una exposición organizada: el lugar conserva paredes derrumbadas, piques y labores parcialmente tapadas por material de derrumbe. En la recorrida que hicimos ingresamos apenas unos metros a una galería, lo suficiente para dimensionar el silencio que queda adentro y para recordar que no se trata de un espacio habilitado para visitas, así que cada uno evalúa hasta dónde le conviene meterse.

Hay un margen de incertidumbre que vale la pena decir con todas las letras. Los lugareños identifican al yacimiento como Virginia II, pero la documentación pública revisada no permite confirmar ese nombre de manera concluyente. Tampoco están precisados con claridad el inicio y el cierre de la explotación, la cantidad de trabajadores que llegó a tener ni el mineral que se extraía. Son datos que se completan a fuerza de conversar con la gente de la zona y de leer lo poco que quedó registrado.

La Ramada de Carrascosa y la parada para el alma

El regreso tuvo su recompensa cuando pasamos por la Ramada de Carrascosa, un sitio vinculado a la devoción por Santa Bárbara, patrona de los mineros. Es de esos lugares donde uno se toma un respiro, escucha el silencio y entiende por qué la gente vuelve. Para quien esté armando la salida, vale la pena calcular tiempo y llevarse algo para comer en el camino, porque no hay servicios gastronómicos en el tramo.

Si están pensando en una travesía así, les recomiendoar a Mainumby4x4 con tiempo, llevar el track descargado, agua en abundancia y calzado firme para la caminata final. Y un consejo que me dio la propia Verónica en la ida: no confiarse nunca del cauce del río, porque lo que ayer fue paso hoy puede ser trampa. Quien se anime va a volver con la sensación de haber caminado por una huella que el tiempo todavía no terminó de borrar, y eso, se los aseguro, no se consigue en cualquier destino. Los espero en la próxima nota para seguir contando qué se ve cuando uno se anima a meterse un poco más adentro de la montaña.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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