Ugo Carabelli se fue con 5-5 en el primer set de Guayaquil y pagó caro su enojo con la cancha
El argentino abandonó en cuartos del Challenger ecuatoriano, alegando el mal estado del court tras las lluvias. La ATP lo descalificó, le quitó los puntos y el dinero, y el comité de disciplina evalúa multas extra.
Hay días en que el tenis se parece más a una pelea de barrio que a un deporte olímpico. Y el lunes en Guayaquil, Camilo Ugo Carabelli eligió irse antes de que se terminara el primer set. Con el partido 5-5 en el primer parcial ante el brasileño Joao Lucas Reis da Silva, agarró sus cosas y caminó hacia el vestuario.
El contexto ayudaba a entender el enojo, aunque no lo justificara del todo. Las lluvias de los días anteriores habían dejado el torneo en un estado complicado, y el argentino sostuvo que la cancha hacía imposible jugar. Antes de irse, cruzó unas palabras con el juez de silla, que intentó frenarlo con una pregunta directa.
“Está horrible la cancha. No se puede jugar. Todo el día acá”Camilo Ugo Carabelli, dirigiéndose al juez de silla
Qué pasó después de la salida
El público presente respondió con silbidos mientras el jugador abandonaba el predio. La supervisión del torneo decidió descalificarlo por default en el acto, y el brasileño avanzó automáticamente a semifinales. Para el que se va, la decisión es una sola y no admite vueltas atrás.
Las consecuencias reglamentarias llegaron enseguida. Por disposición de la ATP, Ugo Carabelli perdió los 12 puntos de ranking que había sumado por llegar a cuartos y también los 3.095 dólares en premios que tenía asegurados hasta ese momento. Dicho en criollo: se fue con las manos vacías y con la cuenta más corta.
Lo que todavía puede venir
- Descalificación por default en cuartos de final.
- Pérdida de 12 puntos de ranking.
- Pérdida de 3.095 dólares en premios acumulados.
- Posible multa adicional, en análisis por el comité de disciplina del torneo.
Ese último punto es el que pesa. El Código de Conducta de la ATP prevé multas de entre 3.000 y 5.000 dólares para quienes abandonan el área de juego sin autorización, y el comité ya analiza sanciones económicas adicionales. Es decir, el costo del enojo podría duplicarse con facilidad.
Más allá del caso puntual, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una discusión de siempre en los Challenger: qué pasa cuando el clima maltrata las canchas y los jugadores tienen que decidir cuánto aguantan. ¿Hasta dónde es válido protestar? ¿En qué momento una queja termina saliendo más cara que el propio partido?
