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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Sangre, polvo y hermanas: «City of Blood» pinta un Berlín donde los vampiros manejan el mercado negro

La serie de Disney+ basada en la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner cruza un reencuentro familiar con una distopía de recursos escasos y criaturas nocturnas que ya no se esconden en las sombras.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 21 d
Sangre, polvo y hermanas: «City of Blood» pinta un Berlín donde los vampiros manejan el mercado negro

Permítanme contarles de entrada, como suelo hacer cada vez que una serie me atrapa, que la propuesta que nos ocupa me retrotrae inevitablemente a esas noches de sobremesa en el litoral, cuando un chamamé viejo sonaba de fondo y alguien contaba una historia de aparecidos. «Ciudad de sangre», esa traducción literal del título original que ahora llega a la pantalla chica, trae consigo el aroma de lo sobrenatural criollo pero condimentado con la estética fría de una Europa quebrada, y esa mixtura me resulta, cuanto menos, seductora. Porque la nueva apuesta de la plataforma del ratón Mickey no se limita a presentar vampiros con colmillos afilados y capas negras: lo que hace es instalar a esas criaturas en un escenario muy parecido al de nuestras peores pesadillas contemporáneas, una megalópolis europea devastada por una pandemia, fragmentada políticamente y asfixiada por un cambio climático que ya no es advertencia de ecologistas sino paisaje cotidiano. Y en ese infierno de polvo, calor extremo y sangre racionada, dos hermanas separadas en la infancia vuelven a cruzarse para protagonizar una de las ficciones más ambiciosas del catálogo reciente.

Berlín después del colapso: la distopía como mapa emocional

Quien haya leído la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner —o quien simplemente se haya asomado a las páginas de ficción especulativa que tanto proliferaron en los últimos años— va a reconocer de inmediato el ADN de esta historia. Alemania aparece aquí partida en estados independientes tras una mortandad enorme, y la capital que alguna vez fue símbolo de reunificación se transforma en un mosaico de territorios hostiles. El agua no siempre llega a los barrios populares, la electricidad es un privilegio, el sol pega con una violencia desconocida y los edificios parecen cubiertos por una capa de óxido y ceniza que lo tiñe todo de ocre. Los vampiros, lejos de esconderse en criptas góticas, han mutado hacia una versión casi sindical: necesitan beber sangre para sobrevivir, deben resguardarse de la luz diurna, y a partir de esas dos condiciones elementales construyeron un emporio criminal que comercia con el líquido rojo como si fuera la mercadería más preciada del mercado negro.

En ese tablero de ajedrez maldito se mueven Bea y Phoebe, las hermanas que dan corazón a la trama. La pequeña Phoebe, a quien la vida no le regaló nada, aprendió a zambullirse en los suburbios más desprotegidos de la ciudad, esos donde el agua y la luz son lujos de calendario. Bea, en cambio, fue adoptada por una mujer que le las comodidades de la cúpula climatizada, ese sector blindado donde los habitantes de mayor poder económico sobreviven aislados del infierno exterior, como en una pecera de vidrio y aire acondicionado. La distancia entre ambas no es solo geográfica ni económica: es también una herida abierta que la serie se ocupa de rascar episodio tras episodio, con paciencia de telar y sin prisa por cerrar conflictos.

Ocho capítulos para dibujar un mundo que recién empieza a caminar

  • Dos hermanas que se reencuentran después de crecer en mundos opuestos: una bajo cúpulas de privilegio, la otra en los suburbios más castigados de un Berlín hostil.
  • Una pandemia que fragmentó Alemania en estados independientes y dejó a la población librada a su suerte frente a la escasez.
  • El cambio climático como paisaje cotidiano: calor extremo, polvo permanente y servicios básicos convertidos en moneda de cambio.
  • Vampiros que dejaron los castillos para montar redes de negocios ilegales en torno al tráfico de sangre.
  • Una cúpula con sectores pudientes que conviven con barrios sin agua ni electricidad, símbolo de una desigualdad que ya no se disimula.
  • Vínculos familiares, maniobras del crimen organizado y supervivencia en los márgenes como líneas narrativas que se cruzan capítulo a capítulo.
  • Un arranque deliberadamente lento, pensado para presentar el universo y sus habitantes antes de que las tramas empiecen a enredarse.

La narración, justamente, elige tomarse su tiempo. Los primeros capítulos no corren a develar misterios ni a atropellar al espectador con revelaciones; al contrario, se regodean en mostrar cómo respira cada personaje, cómo se mueve por ese Berlín de pesadilla, qué sueños carga a cuestas y qué le debe a su propia historia. Es un recurso que a mí, personalmente, me resulta refrescante en una época donde casi todas las plataformas apuestan por el cliffhanger como si fuera un fin en sí mismo. «City of Blood», en cambio, confía en su arquitectura visual y en la densidad de su worldbuilding para que el público se acomode en la butaca y empiece a distinguir, poco a poco, las reglas no escritas de esa sociedad quebrada.

El cruce entre lo íntimo y lo político es, a mi criterio, lo mejor que ofrece esta producción. Porque el negocio ilegal de la sangre no es apenas un decorado gótico para asustar adolescentes: es una metáfora potente, casi brutal, de cómo los bienes esenciales se convierten en botín de guerra cuando el Estado se retrae. Cuando los vampiros pelean por ampliar su participación en la política de esa Alemania en ruinas, lo que está en juego es algo que nos suena demasiado familiar: quién controla el agua, quién decide a quién se le vende una vacuna, quién se salva y quién queda afuera de las cúpulas de vidrio. Y son las hermanas, con sus diferencias abismales y su historia común, las que terminan funcionando como espejo en el que esa sociedad puede mirarse sin demasiados anestésicos.

“La sangre, en este Berlín, ya no es metáfora: es moneda de cambio, es poder, es la diferencia entre vivir bajo una cúpula climatizada o sobrevivir entre el polvo de los suburbios.”Aníbal Benítez, Cultura y espectáculos

Me despido como siempre, con la recomendación a flor de piel: si les atrae la ciencia ficción con bisturí social, si soportan un arranque sin demasiada acción y si valoran esos universos que se construyen ladrillo por ladrillo, dense el gusto de darle una oportunidad a «City of Blood». Acomódense, preparen un buen mate, y déjense llevar por esta Alemania que ya no existe en los mapas pero que, curiosamente, se parece bastante a algunos de los futuros que empezamos a temer. Yo, mientras tanto, seguiré buscando en estas series nuevas el eco de aquellos chamamés de la infancia: historias de aparecidos, de hermanos separados, de mundos donde la sangre todavía significa algo más que un líquido rojo corriendo por las venas.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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