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Ramallo Club baja la barrera de entrada a su franquicia y apuesta a duplicar la red de locales hacia 2027

La cadena de sándwiches de miga recortó la inversión inicial a USD 9.000, muy por debajo del promedio del sector gastronómico, y se prepara para sumar 24 puntos de venta en los próximos dos años. Cada local vende sus unidades a $1.700 y factura cerca de USD 110.000 al año.

Por Ramona InsaurraldeCampo y ganadería · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El precio del sándwich de miga se mantiene como dato central del negocio: en los mostradores de Ramallo Club la unidad se paga a 1.700 pesos y la planta de Munro llega a despachar unos 70.000 por mes. Con esos números como ancla, la empresa acaba de dar un paso que redefine las reglas del juego para quien quiera sumarse a la red: la inversión inicial para abrir un local franquiciado pasó de 17.000 a 9.000 dólares, una cifra muy inferior al promedio del sector gastronómico, donde la entrada a una franquicia suele moverse en torno a los 30.000 dólares.

La baja no fue un capricho ni una promoción temporaria. La compañía dejó de lado a la empresa intermediaria que comercializaba las franquicias y decidió tomar ese proceso de manera directa, con su propio equipo comercial. Quienes manejan la marca lo explican sin rodeos: la idea es vender producto y no quedarse con una tajada en el momento de la firma del contrato. "Apuntamos más a vender el producto que a tener ganancias en la venta de la franquicia. Ahora manejamos el negocio en forma directa, entonces no tenemos ese costo. El precio que nos pasa el proveedor es el que le pasamos al franquiciado", señalan desde la casa matriz.

Una red con raíces croatas y proyección federal

El primer local abrió hace varias décadas en Villa Luro, después se mudó a Núñez y desde allí la marca fue sumando adhérents hasta completar hoy 26 puntos de venta en el área metropolitana de Buenos Aires: seis son propios y los otros veinte funcionan bajo el régimen de franquicia. Toda la producción sale de una sola planta ubicada en Munro, lo que garantiza que el sabor sea el mismo en cada esquina donde Ramallo Club atiende a su clientela.

La decisión de achicar la barrera de entrada no llegó sola. La empresa trabaja con un modelo que privilegia la rotación por encima del margen por unidad: si cada local vende alrededor de 65.000 sándwiches al año a 1.700 pesos, la facturación promedio anual por punto de venta ronda los 110.000 dólares. La compañía proyecta cerrar 2026 con un crecimiento del 30 por ciento en su facturación respecto al año previo, alimentado en parte por la incorporación de nuevas categorías de producto que amplían la oferta clásica de sándwiches de miga.

  • Papas fritas
  • Encurtidos
  • Pizzas
  • Cafetería

La mirada puesta en 50 locales y en el sur del país

La meta que la marca se puso para 2027 es ambiciosa pero concreta: llegar a 50 locales, casi el doble de la red actual. Por ahora la operación se concentra en Buenos Aires y sus alrededores, pero la empresa ya analiza desembarcar en otras provincias. Neuquén aparece como uno de los mercados estudiados, donde se evalúa montar un esquema de máster franquicia con operadores locales que se hagan cargo de desarrollar la marca en esa región. Si el plan avanza, el sándwich de miga que se elabora en Munro podría empezar a competirle de igual a igual a las propuestas regionales del Alto Valle.

Detrás del negocio hay una historia familiar que se remonta a unos cuarenta años atrás, cuando inmigrantes de origen croata se radicaron en el país y trabajaron como cocineros. La generación que les siguió se quedó con el oficio y, empujada por un contexto de desempleo, empezó a cocinar recetas caseras que terminaron convertidas en sándwiches de miga y tortas. Esa cocina hogareña, industrializada con los años, es la que hoy sostiene una facturación anual promedio por local de 110.000 dólares y la que la empresa quiere multiplicar con una franquicia más accesible y un plan de expansión que mira más allá de la General Paz.

RI
Ramona InsaurraldeCampo y ganadería

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