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Pedalear entre espejos de agua: cómo atravesar la Ruta de los Siete Lagos sobre dos ruedas

El corredor de 110 kilómetros que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes admite dos modalidades, dos presupuestos y dos niveles de exigencia. Una guía con todo lo que hay que saber antes de animarse, desde el alquiler de la bicicleta hasta los meses de entrenamiento que recomiendan quienes ya lo hicieron.

Por Lisandro OjedaAmbiente y conservación · 5 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Larus dominicanus, conocido como gaviota cocinera o gaviota capucho café según la comarca, suele sobrevolar el lago Lácar a la altura de San Martín de los Andes y acompaña con su grito estridente el arranque de cada mañana en la cabecera sur de la Ruta de los Siete Lagos. Esa franja cordillerana de unos 110 kilómetros que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes, atravesando los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, se ha convertido en uno de los trazados más codiciados del turismo activo argentino. Ya no es exclusiva de autos y combis: cada temporada crece el número de viajeros que se animan a recorrerla sobre dos ruedas, en un periplo que combina el esfuerzo físico con una sucesión casi ininterrumpida de lagos, bosques de coihues y lengas, cascadas y valles abiertos al cielo patagónico.

¿Qué modalidades existen para hacerla en bicicleta?

El mercado ofrece dos grandes opciones. La primera es el viaje autónomo, pensado para quienes buscan independencia y conocen algo de mecánica: se alquila una bicicleta con un pequeño trailer que incluye casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo, se retira en San Martín de los Andes y se devuelve en Villa La Angostura, y el recorrido estándar demanda tres días y dos noches, con campings señalados en un mapa que entrega la propia empresa de alquiler. La segunda es el tour organizado, que arranca incluso antes en Bariloche e incluye el Circuito Chico, el Paso Córdoba, la Laguna Rosales y el Bosque de Arrayantes antes de empalmar con la ruta; dura cinco días, se mueve en grupos de entre 30 y 40 personas, ofrece bicicletas eléctricas y suma guías, mecánicos y vehículo de apoyo, una configuración que seduce sobre todo a viajeros mayores de 50 años que no quieren cargar solos con la logística. También existen operadores que ofrecen variantes de dos, tres y cuatro días saliendo desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con logística previa y posterior incluida.

  • Viaje autónomo: alquiler de bici más trailer, tres días y dos noches, devolución en el punto de origen.
  • Tour organizado desde Bariloche: cinco días con guías, mecánicos, vehículo de apoyo y opción de bici eléctrica.
  • Variantes cortas de dos a cuatro días con salida desde Villa La Angostura y logística completa.

¿Cuánto sale y cuándo conviene viajar?

La temporada recomendada se extiende de noviembre a abril, cuando el clima cordillerano permite rodar con temperaturas menos agresivas y los caminos están transitables. Dentro de ese rango, los operadores consultados coinciden en una advertencia práctica: enero suele ser el mes más concurrido y, por lo tanto, el menos recomendable para quienes buscan tranquilidad en los campings y en los miradores, además de ser el de los valores más altos en hotelería y alquiler. Los costos varían según la modalidad: el alquiler de la bici con trailer para tres días se ubica en un rango intermedio dentro del mercado de turismo aventura patagónico, mientras que el tour completo desde Bariloche, por incluir hotelería, comidas, guías y logística, se posiciona en el segmento alto de la oferta.

¿Quién puede hacerla y cómo prepararse?

Los testimonios de quienes ya completaron el recorrido coinciden en un punto clave: no hace falta ser ciclista de alto rendimiento, pero sí un piso mínimo de estado físico. El segundo día suele ser el más exigente por la acumulación de kilómetros y por los desniveles propios del valle, y allí se define buena parte del éxito de la travesía. Para quienes viven en zonas llanas, como Buenos Aires o Rosario, los guías consultados recomiendan un entrenamiento previo de cinco a seis meses con foco en fuerza de piernas, muchas horas de rodar en calle (no solo en bicicleta fija, que no reproduce las exigencias del terreno) y un trabajo específico sobre el manejo de cambios y piñones para anticipar las pendientes. La alimentación también pesa: proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido ayudan a sostener el esfuerzo en jornadas que pueden superar las seis horas de pedaleo.

¿Qué está en juego cuando se elige pedalear?

La Ruta de los Siete Lagos no es solo un trazado escénico: es una decisión sobre cómo se quiere habitar el paisaje. Cada vez más viajeros rechazan la lógica del recorrido apresurado en combi y eligen la lentitud deliberada de la bicicleta, que obliga a detenerse en los miradores, a escuchar el viento entre las lengas y a medir el cuerpo contra la montaña. Esa elección tiene un costo y un entrenamiento, sí, pero también devuelve algo que la ventanilla del vehículo no entrega: la conciencia de que cada lago, desde el Lácar hasta el Espejo, se atraviesa con el propio esfuerzo, y de que la Patagonia no se mira, se gana pedaleada a pedaleada.

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Lisandro OjedaAmbiente y conservación

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