Milán le puso brillo y abertura a la primavera que viene: las apuestas de las grandes casas para el 2027
Faldas con tajos, lentejuelas, lencería y maximalismo dominaron las pasarelas italianas. Entre debuts, despedidas y guiños a los años setenta y dos mil, la Semana de la Moda de Milán dejó un mapa de lo que se viene en los guardarropas.
Lo confieso: cada vez que arranca la Semana de la Moda de Milán me acuerdo de mi vecina Marta, que tiene 58 años y vive pegada al noticiero de la tarde. Ella me dice siempre lo mismo mientras sirve el mate: que la moda le habla poco, pero que cuando se trata de faldas, le abre los ojos. Por eso, mientras revisaba lo que dejaron las pasarelas italianas para la temporada primavera-verano 2027, no pude dejar de pensar en ella. Hubo brillos, tajos, encajes y hasta una bola disco colgada del techo de un galpón. Hubo, también, un aire de familia: las casas grandes jugaron a recordar épocas pasadas y, al mismo tiempo, a probar siluetas nuevas que difícilmente pasarían desapercibidas en cualquier esquina de Buenos Aires.
La semana arrancó con Prada poniendo a la falda en el centro de la escena. Miuccia Prada y Raf Simons mostraron una colección que fue casi un manual de variantes: plisados, rectos, modelos con grandes aberturas, estampados florales, lazos, lentejuelas y apliques con aire de bijou. La propuesta leyó como una invitación a probar sin miedo, aunque sin perder ese tono contenido que la casa suele imprimirle a sus desfiles.
Fendi, Cavalli y la huella de los años setenta y dos mil
En Fendi, la apuesta fue por la sensualidad más explícita. Transparencias, encajes y prendas con estética de lencería dominaron la pasarela, en una colección que recuperó la estética de los años setenta y rindió homenaje a Raffaella Carrà, esa figura que en Italia sigue asociada a la picardía televisiva. El mensaje fue claro: la ropa interior dejó de esconderse y se subió a la pasarela con argumentos.
Roberto Cavalli, en tanto, eligió volver al espíritu de los años dos mil: estampados animales, denim de tiro bien bajo y transparencias se mezclaron en una propuesta que pareció sacada de una revista de aquella época. En Marni, la directora creativa Meryll Rogge hizo lo contrario: rompió combinaciones a propósito, como parkas con sandalias, lunares con rayas y suéteres amplios con pantalones de cuero, en una declaración de que las reglas de armonización ya no son obligatorias.
- Gucci presentó su segunda colección con Demna como director creativo, en una puesta que simuló una boutique de lujo: sastrería entallada, referencias ecuestres, abrigos de piel sintética y faldas con corte noventero convivieron en la misma pasarela.
- Dolce & Gabbana se inspiró en los guardarropas de las grandes familias sicilianas, con encajes, estampados de leopardo, bordados y joyas con aire de herencia familiar.
- Armani cerró la semana con Silvana Armani al frente: vestidos fluidos en blanco y negro, cristales, lentejuelas, tejidos metalizados y una bola disco iluminando el final.
La semana también dejó movimientos en los sillones de los directores creativos. Glenn Martens presentó su última colección para Diesel tras cinco años al frente de la marca, en lo que fue una despedida con el sello que le imprimió a la firma. En paralelo, Simone Rizzo y Loris Messina debutaron en Moschino con una propuesta que volvió a poner en primer plano el humor y la irreverencia asociados a la casa, como si hubieran decidido sacudirla desde el primer minuto.
Lo que se vio en Milán dejó una sensación en el aire, y acá va mi palabra prestada, que en guaraní se dice jahechata y significa prestar atención, mirar con cuidado: la moda que viene no va de un solo humor. Conviven la abertura de la falda de Prada con la discreción ajustada de Armani, la nostalgia siciliana de Dolce & Gabbana con la ironía de los nuevos Moschino. Por eso, cuando mi vecina Marta me preguntó a la noche, mientras tomábamos el último mate, qué le había dejado esta semana milanesa, le respondí algo simple: que si alguna vez se quiso poner una pollera con tajo, una camisa con lentejuelas o simplemente mezclar lunares con rayas sin pedirle permiso a nadie, va a tener con quién hacerlo. La pasarela le abrió la puerta; ahora falta animarse.
