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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Menos, más gato: por qué los felinos conquistan los departamentos porteños

Un relevamiento de Voices muestra que ya están en el 52% de los hogares con mascotas, mientras los perros bajan del 88% al 83%. La clave está en las rutinas laborales, los departamentos chicos y una convivencia que exige presencia diaria.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 22 d
Menos, más gato: por qué los felinos conquistan los departamentos porteños

A las siete de la tarde, cuando Alejandro vuelve del trabajo, abre la puerta del departamento en el barrio de Villa Crespo y lo primero que escucha es un maullido corto que viene desde la repisa más alta del librero. Ahí lo espera Limón, un gato atigrado de tres años que adoptó en un refugio de zona norte. Me cuenta que esa bienvenida nocturna se transformó en una costumbre diaria y que, alrededor de las diez de la noche, después de cenar, ambos comparten un rato en el sillón mientras él mira una serie y Limón observa la pantalla con la cabeza levemente ladeada, como tratando de entender de qué se trata todo ese movimiento. Son las pequeñas ceremonias que repetimos los porteños cuando vivimos solos y la rutina se vuelve algo tan necesario como el café de la mañana.

La escena de Alejandro no es una excepción, sino un síntoma de un cambio que las estadísticas empezaron a registrar con fuerza. Según la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tienen mascotas, la presencia de gatos pasó del 40% en 2018 al 52% en 2026, una suba de doce puntos en apenas ocho años que muestra hasta qué punto estos animales se volvieron parte central de la vida doméstica. En el mismo período, los perros mantuvieron el primer lugar, pero su proporción cayó del 88% al 83%, una merma leve que, sin embargo, confirma una tendencia silenciosa: los felinos dejaron de ser la compañía alternativa para convertirse en protagonistas de muchos hogares.

Departamentos más chicos, personas más solas

Para Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina (AVEACA), ese crecimiento se explica por una combinación de factores que ya forman parte de la vida cotidiana de cualquier porteño que paga un alquiler. El Censo 2022 que realizó el Indec en la Ciudad de Buenos Aires registró que cerca del 40% de los hogares estaban integrados por una sola persona y que casi tres cuartas partes de las viviendas particulares eran departamentos, una proporción que creció de manera sostenida en las últimas dos décadas y que muestra cómo se reconfiguró la forma de habitar. “Son animales que se adaptan muy bien a los espacios reducidos, no necesitan sacar paseos con correa y pueden quedarse solos durante jornadas extensas de trabajo sin que eso les genere un cuadro de ansiedad importante”, señala Muñiz en diálogo con este portal. La especialista aclara, eso sí, que esa autonomía muchas veces mal entendida no equivale a independencia afectiva. “El gato necesita interacción diaria, caricias, juego y presencia; su carácter es más reservado que el del perro, pero eso no significa que pueda prescindir del vínculo.”

“Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien. Si me voy todo el día, sé que cuando llego Limón me busca. Esa es la diferencia que noto con un gato.”Alejandro, 27 años, vecino de Villa Crespo

El refugio como espejo de los cambios

Esa transformación cultural también se nota en los refugios que reciben a los gatos callejeros o abandonados. En Proyecto 4 Patas, un refugio del área metropolitana de Buenos Aires dedicado a la recuperación y adopción de felinos, voluntarios y voluntarios de distintas edades coinciden en que ya nadie se sorprende cuando alguien pregunta por un gato para un monoambiente. Fernanda Lazzarino, voluntaria de la organización, explica que en los últimos diez años se rompió el mito de que los felinos son distantes o incapaces de acoplarse a la vida en una casa. “Existe una ventana de socialización que va de los tres a los cuatro meses, durante la cual un gato callejero aprende con mayor facilidad a convivir con personas”, indica Lazzarino, que también puntualiza que cuando esa ventana se cierra, igual es posible generar un vínculo, aunque demande más paciencia y constancia. En criollo, como decimos cuando queremos dejar claro algo importante: los gatos no vienen con el cariño puesto, lo construyen con quien se queda a compartir la rutina.

Al volver sobre la escena con la que abrí esta nota, la imagen de Alejandro y Limón en el sillón, pienso que la creciente presencia de gatos en los hogares argentinos no responde solamente a una moda, sino a una nueva manera de habitar las ciudades. En un contexto de departamentos chicos, jornadas laborales extensas y personas que viven solas, los felinos ofrecen una compañía que se adapta a los tiempos reales y que, al mismo tiempo, exige cuidado, presencia y dedicación. Como me dijo antes de despedirse una vecina del barrio de Caballito llamada Marta, que ya tiene 58 años y adoptó a su primera gata adulta en 2019, en un castellano bien nuestro: “Antes pensaba que tener un gato era casi como no tener nada. Ahora sé que es tener a alguien que te espera arriba de la heladera, y eso, cuando volvés cansado, vale oro.”

PM
Paola MezaSociedad y vida

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