Mate, café o agua fría: lo que de verdad refresca cuando el termómetro se dispara
Una explicación del profesor John Tregoning pone el foco en la humedad y la ventilación: tomar algo caliente puede ayudar a bajar la temperatura corporal, siempre que el sudor alcance a evaporarse.
Lo confieso: hay algo que disfruto como pocas cosas en pleno enero porteño. Volver del supermercado con las bolsas, apoyar las dos en la vereda para buscar la llave y, antes de entrar al pasillo oscuro del edificio, escuchar la voz de Marta, mi vecina del segundo, que me dice con esa cadencia que solo tienen las señoras de barrio: "Che, Paola, ¿subís un minuto? Necesito que me cuentes qué hago con mi hija, que dice que no toma nada caliente porque le da más sed". Le contesto que espere cinco minutos, que me cambie y le preparo un mate cocido. Y mientras pongo la pava al fuego pienso que, por una vez, tengo argumentos serios para responderle con fundamento y no con el viejo "yo siempre tomé mate con este calor y acá estoy".
La hidratación manda, la temperatura viene después
La escena sirve para entrar en un tema que cada verano vuelve a las mesas de café, a los grupos de WhatsApp y a las sobremesas familiares: ¿conviene tomar algo frío o algo caliente cuando hace calor? Para el profesor especializado en bienestar John Tregoning, la respuesta tiene más sentido común del que parece: lo decisivo es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura del vaso o de la taza tiene un papel secundario frente a la hidratación y, sobre todo, frente a las condiciones del ambiente en el que uno se encuentra.
Dicho de otro modo, lo que refresca de verdad no es tanto lo que entra en la boca, sino lo que pasa después sobre la piel. Y acá aparece la palabra clave que Marta nunca escuchó nombrar, aunque la vive cada vez que cuelga la ropa en el patio y tarda horas en secarse: la evaporación. Para los guaraníes, el yvytu, el aire que se mueve, es casi un personaje: cuando sopla, el agua se va; cuando no sopla, el agua se queda. Algo parecido ocurre con el sudor. Si el aire circula, el sudor desaparece y se lleva calor. Si el aire está quieto y húmedo, el sudor se queda pegado a la piel o empapa la remera y el cuerpo sigue acalorado.
- Una bebida caliente suma calor al cuerpo y, como respuesta, activa la transpiración.
- Para que esa transpiración enfríe, el sudor tiene que evaporarse sobre la piel.
- El proceso funciona mejor en ambientes secos y con corriente de aire, como una brisa o un ventilador.
- En un lugar húmedo y sin ventilación, el sudor no se evapora y el calor se acumula.
- Una bebida fría da frescura inmediata, pero no mejora la capacidad del cuerpo para liberar calor.
- La prioridad, según el especialista, es mantener la hidratación durante toda la jornada.
“El líquido caliente incorpora calor al organismo y provoca un aumento de la sudoración. Ese aporte inicial puede quedar compensado por la pérdida posterior de calor a través de la piel, siempre que el entorno permita completar el proceso.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Esa explicación me permite volver al pasillo de Marta con algo más que intuición. Le digo que sí, que el mate cocido que le acabo de servir le va a sumar calor al cuerpo durante unos minutos, pero que también le va a disparar la transpiración. Si lo toma en la cocina, con la ventana abierta y el ventilador encendido, ese sudor se va a evaporar y va a arrastrar calor con él. En cambio, si se sienta en el living, con las persianas bajadas y el ambiente cargado después de un día de lluvia, lo que va a conseguir es empaparse la ropa y sentirse peor. Le aclaro que no la estoy convenciendo de abandonar la costumbre de toda la vida: le estoy explicando por qué, en su departamento del segundo piso que mira al patio interno, a veces el mate de las cinco parece aliviar y a veces parece agravar la cosa.
Por qué la humedad cambia todo
El mecanismo es bastante concreto y Tregoning lo desgrana con claridad. Cuando el agua que está sobre la piel se transforma en vapor, usa energía térmica del propio cuerpo. Esa energía sale en forma de calor, y por eso se siente frescura. Si, en cambio, el sudor queda acumulado, chorrea o empapa la ropa, se pierde agua sin obtener ese efecto refrigerante. La humedad ambiente es determinante: cuando el aire ya está cargado de vapor, le cuesta mucho más más vapor, y la evaporación se vuelve lenta o directamente se frena. A eso se suma la falta de circulación, que mantiene el aire húmedo pegado a la piel y termina de cerrar el círculo.
En Buenos Aires, esa combinación aparece seguido después de una tormenta de verano, cuando el termómetro marca treinta grados pero la sensación térmica es otra cosa. También aparece en oficinas con aire acondicionado que recircula sin renovar, en colectivos colmados o en aulas con las ventanas cerradas. En esos contextos, tomar algo caliente puede sumar calor corporal sin que el sudor consiga llevarse la diferencia. Las bebidas frías, en tanto, ofrecen una sensación inmediata de alivio y bajan por un rato la percepción de calor, aunque no modifican de la misma manera la capacidad del cuerpo para liberarlo.
La recomendación final del especialista es bastante terrenal y por eso me gusta: sostener el consumo de líquidos a lo largo del día y prestar atención a dos variables concretas, la humedad y la ventilación, antes que obsesionarse con la temperatura del termo. Antes de irme, le pregunto a Marta qué suele tomar ella en los días pesados. "Mate cocido, siempre", me dice, mientras mira por la ventana del patio, donde el aire, justo hoy, se mueve. Le respondo que está haciendo bien, aunque más le valdría abrir un poco más la ventana. Y que, pase lo que pase, no deje de tomar líquido. El calor del verano se banca de muchas formas, pero seco y con aire, se banca un poco mejor.
