Martes, 8 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaTurismo
Turismo /

Luma apiculata, el árbol de corteza canela que define la península de Quetrihué y concentra la atención de Villa La Angostura

El arrayán da forma a uno de los paisajes más singulares del Parque Nacional Nahuel Huapi. Cómo llegar, qué ofrece el recorrido y qué precauciones tomar antes de visitar.

Por Lisandro OjedaAmbiente y conservación · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 d

El arrayán (Luma apiculata) es la especie que sostiene, casi en soledad visual, la identidad del Bosque de Arrayanes de Villa La Angostura, una formación ubicada en la península de Quetrihué, sobre las aguas del lago Nahuel Huapi, en el corazón del Parque Nacional del mismo nombre. Se trata de un árbol nativo de los bosques templados andino-patagónicos, de corteza lisa que se desprende en finas placas y deja al descubierto una paleta de tonos canela, rojizos y anaranjados que mutan con la humedad del ambiente y la luz que se filtra entre el follaje. Cuando el sol atraviesa las copas, algunos sectores del bosque quedan iluminados desde adentro, como si el paisaje estuviera encendido por dentro, y ese efecto es, en buena medida, el que explica la fascinación que provoca el lugar en quienes lo recorren por primera vez.

Aunque el Luma apiculata aparece disperso en otros puntos de la cordillera y la estepa boscosa del sur, la densidad y el porte que alcanza en la península de Quetrihué convierten al paraje en una rareza dentro de los bosques andino-patagónicos. Los arrayanes conviven allí con coihues, cipreses y otras especies del bosque andino, pero el protagonismo cromático del canela sobre los troncos termina por transformar al conjunto en un ecosistema visualmente excepcional, atravesado por las costas lacustres del Nahuel Huapi y respaldado por la masa de agua más emblemática del norte de la Patagonia argentina.

¿Cuáles son las formas de llegar al bosque?

  • A pie o en bicicleta de montaña por el sendero que parte desde la zona de Bahía Mansa y se interna progresivamente en el bosque, atravesando distintos ambientes naturales. La modalidad habilitada depende de la temporada y de las condiciones del parque.
  • En lancha o embarcación de excursión por el lago Nahuel Huapi, una opción que permite contemplar la cordillera, la costa boscosa y la propia península como parte de un mismo panorama.
  • Combinando ambos trayectos: una vía de ida y otra de vuelta diferente, lo que convierte la visita en una experiencia más completa del entorno.

Desde la ciudad de Neuquén, el acceso terrestre implica tomar la ruta nacional 22 y luego la 237 hasta empalmar con la ruta nacional 40, que conduce a Villa La Angostura tras recorrer unos 470 kilómetros. El camino ofrece el clásico descenso desde la meseta hacia la cordillera, con cambios marcados de temperatura, vegetación y paisaje a medida que se acerca al lago Nahuel Huapi.

¿Qué reglas de convivencia exige un ecosistema así?

La visita responsable al Bosque de Arrayanes no es opcional ni decorativa: es la condición que sostiene al paisaje. Mantenerse en los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural -ni una rama, ni una hoja, ni un puñado de canela de la corteza- y retirar los residuos son las tres líneas rojas que la cartelería del parque repite con insistencia porque la concentración de arrayanes que hace excepcional a Quetrihué es, al mismo tiempo, la más expuesta. La Península es un ecosistema frágil, rodeado de agua por todos sus costados, y cualquier intervención fuera de los senderos habilitados compromete la regeneración de un bosque que tarda décadas en recuperar lo que el pisoteo despreocupado destruye en una sola jornada.

¿Qué conviene verificar antes de salir?

Antes de viajar es imprescindible revisar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas, porque en invierno y en buena parte de la primavera la nieve puede complicar el acceso terrestre y modificar los plazos del viaje. También es recomendable confirmar la disponibilidad y la frecuencia de los servicios de navegación lacustre, que varían según la temporada y que, en algunos momentos del año, suspenden sus salidas o reducen su operativa por cuestiones climáticas o de seguridad. Quien llegue sin esa información se expone a encontrar senderos cerrados, embarcaciones suspendidas o caminos cortados, y a perder buena parte de lo que hace valioso al recorrido.

Lo que está en juego en cada visita al Bosque de Arrayanes no es sólo la experiencia personal de quien camina entre los troncos canela o navega alrededor de la península de Quetrihué: es la conservación de una formación vegetal excepcional dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, un patrimonio natural que el turismo bien gestionado puede proteger y que el turismo mal entendido puede deteriorar de manera irreversible. Por eso, antes de pisar el sendero o de subir a una lancha, conviene entender que la regla de oro es clara: se entra respetando, se sale sin llevarse nada, y se vuelve sabiendo que ese bosque lleva allí miles de años y merece seguir estándolo.

LO
Lisandro OjedaAmbiente y conservación

Te puede interesar