Saltar al contenido
Domingo, 11 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Las lágrimas que Trucco le arrancó a Drew Barrymore en la primera escena de Scream, y la trastada publicitaria que cambió al slasher para siempre

A treinta años del estreno, la apertura del clásico de Wes Craven sigue dando qué hablar: el llanto de la actriz fue genuino y nació de una historia de crueldad animal; además, la decisión de promocionarla como protagonista fue una jugada maestra que engañó al público y redefinió al género.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 1 h
Las lágrimas que Trucco le arrancó a Drew Barrymore en la primera escena de Scream, y la trastada publicitaria que cambió al slasher para siempre

Les tengo que confesar algo: cada vez que un amigo me dice que vio Scream por primera vez y se quedó helado cuando muere Casey Becker en los primeros minutos, yo pienso en esa misma sensación que tuve yo en 1996, cuando todavía era un pibe que alquilaba VHS en el videoclub del barrio y volvía a casa con la película en una mano y un paquete de galletas en la otra. Aquella escena inicial no fue solamente un golpe de efecto: fue una operación milimétrica que combinó dirección de actores, psicología pura y una decisión de marketing tan audaz que todavía se estudia en las escuelas de cine. Y en el centro de todo estaba una mujer llorando de verdad, sin acting, frente a la cámara de Wes Craven.

Una noticia sobre un perro, una frase susurrada al oído y una actriz que se quebró

La historia que muy pocos conocen empieza la noche anterior al rodaje de la secuencia. Drew Barrymore, a quien el público ya conocía desde chica por E.T. y por su paso por Hollywood, leyó en su casa una noticia que la destrozó: el dueño de un perro que había quemado vivo al animal. La nota la perturbó de tal manera que al día siguiente, cuando llegó al set, todavía la llevaba atragantada. Craven lo notó rápido. Trucco, dirían algunos. El director, dicen los que trabajaron con él, tenía una sensibilidad particular para leer el alma de un actor en pleno momento de vulnerabilidad. Y decidió usar esa emoción a favor de la película: durante la filmación, cada vez que la cámara se acercaba al rostro de Barrymore, Craven se le acercaba y le susurraba al oído Estoy encendiendo el mechero. La frase la devolvía a la imagen del animal, a la injusticia, al dolor. Y Barrymore lloraba de verdad.

“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje de Scream

El testimonio de Plec, que por entonces era una asistente que después se convertiría en creadora de la exitosa serie Crónicas vampíricas, le pone voz a aquel momento insólito del set. No era una escena de ficción: era una actriz pasándola mal de verdad, y un director que decidió no protegerla de ese malestar, sino canalizarlo hacia el personaje. El resultado fue un llanto orgánico, sin gotas artificiales, sin glicerina en los ojos, sin trucos de maquillaje. Carne viva en pantalla.

La trastada publicitaria que engañó a todo el mundo

  • Barrymore apareció en todos los materiales promocionales de la película: afiches, tráileres, notas en diarios, entrevistas en televisión.
  • El público asumió que era la protagonista y construyó sus expectativas alrededor de su personaje.
  • A los doce minutos de metraje, Casey Becker aparece muerta en el patio de su casa, colgada de un árbol.
  • El shock fue tan grande que modificó para siempre la forma en que los estudios promocionan a sus elencos: ya nadie puede estar seguro de quién vive y quién muere en un slasher.
  • Dimension Films, la productora, apostó a que el engaño generaría un boca a boca imparable, y la apuesta se cumplió con creces.

Richard Potter, que por entonces era director de desarrollo en Dimension Films, lo explicó sin rodeos muchos años después. Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista, recordó. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir. La cita no es menor: conecta directamente con un precedente enorme, el de Alfred Hitchcock en Psicosis, cuando en 1960 también mató a su figura central en el primer acto y mandó a Janet Leigh a la ducha para siempre. Crav Estudió esa herencia, la procesó a su manera y la tradujo a la lógicaMTV de los años 90. Y le salió impecable.

Treinta años después, mirando esta historia en frío, uno entiende que Scream no fue solamente una película de terror: fue una clase de cómo construir tensión y sorpresa al mismo tiempo, combinando decisiones de guion, dirección de actores y campaña de prensa en una sola apuesta. Y por encima de todo, fue un recordatorio de que las mejores actuaciones muchas veces nacen de las tripas del actor, no de la técnica. Si no la revisitaron últimamente, les recomiendo que busquen el martes o el miércoles por la noche, se preparen un café, bajen las persianas y le den play al primer acto. Van a ver a una Drew Barrymore desarmada en cámara, llorando por un perro que nunca aparece en pantalla. Y se van a acordar de esta nota. Palabra de Aníbal Benítez.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

Te puede interesar