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La segunda oleada que nadie esperaba: las guardias pediátricas se tiñeron de mocos y tos

En apenas cinco semanas, las atenciones por virus respiratorio en chicos pasaron de 561 a 1.612 por semana en la provincia. El Virus Sincicial Respiratorio toma el mando que antes había tenido la influenza, y los bebés menores de un año son los más expuestos. Una vacuna gratuita para embarazadas puede cambiar la historia de los próximos seis meses.

Por Paola MezaSociedad y vida · 8 de septiembre de 2026 · hace 59 min

Eran cerca de las diez de la noche cuando Mabel, 43 años, llegó con su nieto de ocho meses a la guardia pediátrica del hospital público. El chico respiraba con un silbido fino en el pecho, llevaba tres días con fiebre y ya no quería tomar la mamadera. En la sala de espera, había más de veinte familias en la misma situación. Una mamá joven le dijo al pasar: parece que todos los bebés de la ciudad se pusieron de acuerdo para enfermarse hoy. Mabel me confesó después, mientras le practicaban una radiografía al pequeño, que no recordaba una semana tan brava desde la pandemia. Esa escena se repitió en distintos puntos de la provincia durante las últimas semanas, y los números que difundió el Ministerio de Salud le pusieron cifras a lo que muchos vecinos ya venían sintiendo en la sala de sus casas.

Entre finales de julio y principios de septiembre, las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias prácticamente se triplicaron: pasaron de 561 a 1.612 atenciones semanales, un salto del 187 por ciento en apenas cinco semanas. Si se mira el total de consultas, sumando adultos y chicos, también se duplicaron: de 1.620 a 3.339 en el mismo período. La curva muestra con claridad un segundo pico estacional que llegó más tarde de lo que suelen aparecer estas crisis, y que tiene un protagonista bien identificado.

Un virus conocido, pero con mala fama entre los más chicos

El primer pico del año había ocurrido en la semana 21, cuando las guardias se llenaron mayormente por casos de influenza, con un récord de 4.431 consultas totales. Ahora, en cambio, el que manda es el Virus Sincicial Respiratorio, conocido por su sigla VSR, que en la mayoría de los adultos y niños grandes provoca apenas un resfrío molesto: algo de congestión, tos y cansancio. El problema aparece cuando el virus se cruza con un bebé o un niño pequeño, porque ahí puede avanzar hacia cuadros más serios.

  • Bronquiolitis: una inflamación de las vías respiratorias más chicas, que dificulta la entrada de aire y puede requerir oxígeno o internación.
  • Neumonía: una infección del pulmón que en los más pequeños suele requerir control estricto.
  • Mayor riesgo de sibilancias y asma en los años posteriores, según lo que muestran los estudios sobre infecciones tempranas por VSR.
  • Bebés menores de un año y, sobre todo, recién nacidos, como el grupo más vulnerable a las formas graves.
“Cuando el chico se te pone frío, respira rápido y se le hunde el pecho, no hay que esperar a la mañana: hay que salir corriendo a la guardia, aunque sea de madrugada.”Mabel, 43 años, abuela de un bebé de ocho meses

El VSR se transmite por las gotitas que se expulsan al toser o estornudar, y también sobrevive un rato en superficies y objetos, así que alcanza con que un nene enfermo toque un juguete y después lo tome otro para que el virus siga circulando. Por eso en los jardines maternales y en las casas con varios hermanos el contagio se vuelve casi inevitable. Lavarse las manos, ventilar los ambientes y evitar llevar a los bebés a lugares cerrados muy concurridos siguen siendo las recomendaciones de siempre, pero este año aparecen reforzadas por un dato que no es nuevo, aunque sigue siendo poco conocido: existe una vacuna gratuita para embarazadas que puede proteger al recién nacido durante los primeros y más delicados meses de vida.

Una dosis que viaja de la panza al pecho

El Ministerio de Salud provincial recordó que toda persona gestante de entre 32 semanas y 36 semanas y media de embarazo puede recibir de manera gratuita la vacuna contra el VSR. La estrategia es sencilla y, si se me permite una palabra prestada del guaraní que usamos a diario en el barrio, muy ñande favorable: la dosis le pasa anticuerpos al bebé antes de que nazca, y ese escudo lo acompaña durante los primeros seis meses de vida, justo cuando es más chiquito y más vulnerable. La protección reduce el riesgo de bronquiolitis y de neumonía grave, que son las complicaciones que terminan llenando las guardias y, en los casos más serios, las terapias intensivas pediátricas. En criollo: es una manera concreta de evitar sustos mayores.

El comportamiento de este 2025 no es una rareza aislada. El año pasado ya se había registrado un patrón similar, con la temporada respiratoria repartida en dos picos bien marcados. Eso obliga a pensar la prevención no como una carrera de una semana, sino como un trabajo que empieza en el consultorio prenatal y sigue en cada casa, con ventilación cruzada, lavado de manos frecuente y la consulta temprana ante los primeros signos de falta de aire. Cuando me despedí de Mabel en la puerta de la guardia, su nieto ya estaba estabilizado, con un diagnóstico de bronquiolitis leve y el alta a las pocas horas. Ella me dijo, con la voz todavía temblorosa, que iba a comentarle lo de la vacuna a su hija, que está transitando el quinto mes de embarazo. Si esa conversación sirve para que un solo bebé atraviese el próximo invierno sin terminar conectado a un nebulizador, entonces esta nota habrá cumplido su único objetivo: contar lo que está pasando y, sobre todo, lo que se puede hacer al respecto.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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