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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La oficina como campo de batalla: "Gracias, equipo" y la grieta que se abre cuando empieza a sobrar gente

La comedia española dirigida por Diego Núñez Irigoyen llega al catálogo de Netflix con Alexandra Jiménez como protagonista y un retiro corporativo que se transforma en una pulseada por sobrevivir a los despidos.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 24 d
La oficina como campo de batalla: "Gracias, equipo" y la grieta que se abre cuando empieza a sobrar gente

Hay una imagen del litoral que vuelve cada vez que aparece en pantalla un grupo de gente encerrada en un lugar bonito sin poder irse: la del baile del chamamé, donde todos se toman de las manos aunque saben que a la vuelta de la esquina la música se corta. Esa postal me volvió a la cabeza mientras veía Gracias, equipo, la película española que el director Diego Núñez Irigoyen (el Diego, para los que seguimos desde sus primeros cortos con el sello de Farsa Producciones) acaba de meter dentro del catálogo de Netflix y que, créanme, merece más de una sobremesa con café de por medio, porque es de esas comedias que parecen simples y después te dejan pensando en los compañeros de trabajo que tuviste, en los que tenés y hasta en ese jefe con el que compartiste tres décadas de oficina.

Una premisa que conozco de memoria

La historia arranca como tantas historias que escuché de grande: un grupo de empleados de una compañía medianamente importante es citado a un retiro corporativo en un hotel con spa, piscina y salón de eventos, con la promesa oficial de "trabajar en equipo" y la promesa no dicha de que alguien, en una oficina con aire acondicionado y moqueta gris, ya tomó una decisión que todavía no les comunicaron. Es el mismo libreto que se repite en oficinas de San Telmo, de Núñez (como el director, incluido), de cualquier pyme del microcentro porteño cuando suena el rumor de una reestructura y de repente el compañero del café deja de saludarte en el pasillo. Lo que hace el guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas que ya habían firmado los libretos de Fariña y que acá se calzan el traje de humoristas con oficio, es convertir ese arranque amargo en una comedia de situación con ritmo sostenido, sin permitir que la historia se vuelva un panfleto antisindical ni un drama laboral con bajada de línea.

Un elenco que sostiene la pulseada

  • Alexandra Jiménez, la Jimena para los fans del género, vuelve a demostrar por qué es una de las actrices más queridas de la comedia española: maneja el llanto contenido y el chiste a tiempo con la misma naturalidad con la que cambia de vaso de gin tonic.
  • Elenco secundario amplio, con arquetipos reconocibles: el que llega con PowerPoint hecho, el que se hace el desentendido, el que filtra información por WhatsApp, el que todavía cree en el ascensor social.
  • El Diego Irigoyen, que ya había codirigido la primera temporada de División Palermo, le imprime a la película un pulso de conjunto muy ordenado: cada escena sabe dónde está parada y hacia dónde va.

A mí, que vengo siguiendo al Diego desde sus cortos para productoras independientes y que vi División Palermo casi por obligación profesional, lo que más me gustó es que no intenta pasarse de listo. La película sabe que su materia prima es la observación de lo cotidiano: la sonrisa tensa en la reunión, el mail reenviado "para que estés al tanto", el grupo de chat que de repente se llama "Equipo ganador" y a la semana siguiente "Equipo supervivencia". Irigoyen deja respirar a los personajes y los deja pelear entre ellos como se pelea en cualquier pasillo de cualquier empresa cuando la curva de despidos empieza a subir y el rumor se vuelve certeza.

Lo que brilla y lo que se desinfla

El recorrido es ameno, se los garantizo: hay gags físicos, diálogos con doble filo y, sobre todo, una galería de comportamientos humanos tan reconocibles que más de uno va a tener que apagar la tele un momento para no sentir que le están contando el propio currículum. La competencia entre los empleados escala de manera gradual, y lo mejor es que los personajes no se traicionan a sí mismos para forzar un giro: el ambicioso sigue siendo ambicioso, el tibio sigue siendo tibio, el que se escuda en el grupo sigue siendo ese. El único reparo, y acá soy sincero porque a esta columna vengo a decir lo que pienso, es que el desenlace se vuelve medianamente previsible: cuando uno ya vio suficientes comedias corporativas, sabe que el final va a buscar la redención compartida y el abrazo grupal, y la película no se atreve a romper ese molde. Aun así, el viaje hasta llegar ahí vale la pena, y eso no es poco en un catálogo saturado de productos genéricos.

Una lectura (moderadamente) crítica sobre la toxicidad que ya conocemos

Gracias, equipo no viene a decirnos nada nuevo sobre la crueldad silenciosa del mundo del trabajo, pero sí se anima a ponerla sobre la mesa con una mirada que, sin ser panfletaria, deja interrogantes incómodos sobre cómo nos comportamos cuando el suelto se vuelve incierto y la estabilidad pasa de derecho a privilegio. Esa dosis de crítica, sumada al oficio cómico del guion y a la solvencia del elenco, alcanza para que el visionado no sea una pérdida de tiempo y para que uno o dos personajes se ganen un lugar en la memoria antes de que aparezcan los títulos finales. Yo, que ya tengo unos cuantos retiros corporativos sobre la espalda y más de un despido ajeno que me dolió como propio, me vi reflejado más de lo que me hubiera gustado y me reí más de lo que me permití en la primera media hora.

La recomendación de siempre

Si esta semana, como me pasa a mí, tienen la posibilidad de quedarse un rato largo en el sillón con el celular en silencio, pónganle play a Gracias, equipo en Netflix, busquen un termo con mate si el clima todavía lo permite y dense el gusto de mirar una comedia que no los trata como si fueran adolescentes: los mira de igual a igual, les recuerda que en toda oficina hay un poco de kamarera del chamamé esperando el turno para pasar al frente, y les deja, al final, la sensación tibia de que a veces, cuando el barco se mueve, lo mejor que uno puede hacer es dejar que el compañero del café se siente al lado sin pedirle nada a cambio. La cinta ya está en el catálogo desde el viernes 11 de septiembre y,créanme, se banca dos visionados seguidos sin perder encanto, sobre todo si uno se toma el trabajo de mirar a los compañeros del secundario, de la facultad o del primer trabajo y se pregunta cuántos de ellos hoy siguen en la misma empresa y cuántos, en silencio, ya empezaron a armar el currículum en una pestaña escondida del navegador.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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