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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La noche también cuenta: cómo empezar el día sin atropellarse y sumar fibra, movimiento y calma

Dormir lo suficiente, levantarse con un rato para respirar y desayunar con fibra son pasos simples que, encadenados, ayudan a cuidar la salud. La clave está en ajustar la rutina a cada cuerpo y entender que prevenir empieza mucho antes del médico.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 3 d
La noche también cuenta: cómo empezar el día sin atropellarse y sumar fibra, movimiento y calma

Lo confieso: durante años arranqué las mañanas a las corridas, con la ropa medio elegida, el café a los tragos y el celular ya en la mano antes de abrir la heladera. Por eso, cuando me topé con este material, sentí que alguien me pasaba el diario de un lunes cualquiera. Resulta que una rutina saludable no se construye apenas suena el despertador: empieza la noche anterior, cuando uno decide acostarse a horario y deja lista la ropa o el desayuno, y se sostiene con decisiones chicas a lo largo del día. No es magia, es método. Y no reemplaza al médico, pero ayuda a que el cuerpo llegue a la consulta en mejores condiciones.

El descanso que se cuida desde la tarde

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos son claros con los números: entre los 18 y los 60 años hacen falta al menos siete horas de sueño por noche, y entre los 61 y los 64, lo razonable es moverse en una franja de siete a nueve. Suena obvio escrito así, pero mirá lo que pasa en la mayoría de las casas: la alarma se adelanta para llegar al trabajo, la reunión o la escuela, y la hora de acostarse queda igual. El resultado es un saldo en contra que se paga con cansancio, mal humor y, a la larga, con el resto de la salud. Dormir bien, dormir suficiente, también es prevención.

Marta tiene 52 años, vive en Lanús y trabaja como administrativa en una clínica. Me contó que desde que empezó a preparar la mochila y dejar servido el té la noche anterior, la mañana le cambia la cara. Antes, me dice, se levantaba renegando; ahora arranca con otro aire. Pequeño, pero decisivo. Esa es, justamente, la idea de base: la noche forma parte de la mañana.

Antes del celular: unos minutos para volver a uno mismo

Al abrir los ojos, lo primero que suele aparecer es una pantalla. Mensajes del trabajo, notificaciones, alguna mala noticia. La nutricionista Serena Pratt, citada en el material, sugiere tomarse unos minutos para recuperar la calma antes de empezar la rueda. La Organización Mundial de la Salud lo incluye entre sus herramientas de bienestar: prestar atención a la respiración, hacerla más lenta y volver a conectarse con el entorno. En criollo, respirar a propósito, sentir los pies en el piso, mirar por la ventana. Poca cosa, y a la vez, mucho.

Levantarse, moverse, interrumpir lo sentado

El médico Scott Nass lo resume de manera práctica: después del desayuno, una caminata corta o una pausa para estirarse alcanza para cortar el rato sentado. La OMS acompaña esa mirada: reemplazar parte del sedentarismo por movimiento, aunque sea ligero, ya trae beneficios. Para los adultos, la recomendación es acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o su equivalente en actividad vigorosa. No hace falta hacer todo al amanecer, ni volverse atleta: la idea es sumar a lo largo del día. Cada rato cuenta.

Fibra en la mesa, pero de a poco

En el desayuno, la avena, las frutas y las semillas son las vías más directas para meter fibra. Pratt explica que este nutriente ayuda a conservar la barrera intestinal y una microbiota saludable, es decir, el conjunto de bacterias que viven en el aparato digestivo y que cumplen funciones clave para la salud. Ahora bien, hay que aumentar el consumo de manera progresiva: un salto brusco puede provocar gases, hinchazón o malestar. Las legumbres, las verduras y los cereales integrales permiten sostener ese aporte en el resto de las comidas, sin que todo pese sobre la primera taza con leche.

En el barrio donde me crié, muchas familias conocieron la fibra por la vía de las verduras de la huerta, mucho antes de que la palabra se pusiera de moda. Mi vecina Dora, 58 años, lo dice sin rodeos: uno come lo que tiene a mano, y si le suma lentejas o una manzana, mejor. Es, traducido, lo que dice la ciencia con otras palabras. Cuidar la salud, a veces, es volver a lo que ya sabíamos.

Por qué todo esto se conecta

Estas prácticas, consideradas en conjunto, forman parte de una estrategia general de prevención. La inflamación, vale aclararlo, es una respuesta normal del cuerpo frente a lesiones e infecciones; el problema aparece cuando se vuelve crónica y empieza a afectar tejidos sanos. La relación entre una alimentación rica en fibra y menores indicadores inflamatorios sigue en estudio, y todavía no se la puede presentar como una conclusión cerrada. Lo que sí se sabe es que dormir bien, moverse, respirar y comer con más fibra mejora la calidad de vida y acerca a la consulta médica con un cuerpo mejor preparado. Ahí vuelve a aparecer Marta, la de Lanús, acomodándose la bufanda antes de salir: no descubrió nada nuevo, solo decidió empezar la noche anterior. A veces, la diferencia entre una mañana atropellada y una respirada está, simplemente, en un cuarto de hora que nos regalamos a tiempo.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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