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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La jubilación mínima no llega a cubrir ni los remedios: la canasta de los mayores pasó los dos millones

Un relevamiento de la Defensoría de Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología ubica en 2.090.646 pesos el gasto mensual de un adulto mayor, mientras el haber mínimo con bono ronda los 505.748 pesos. Medicamentos, alimentos y vivienda concentran casi dos tercios de ese presupuesto.

Por Ramona InsaurraldeCampo y ganadería · · hace 6 d
La jubilación mínima no llega a cubrir ni los remedios: la canasta de los mayores pasó los dos millones

El número asusta y, sin embargo, hay que empezar por él para entender el resto. La canasta básica que mide cuánto necesita un adulto mayor para vivir un mes en la Argentina cerró octubre en 2.090.646 pesos, según el relevamiento conjunto de la Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología. Frente a ese total, la jubilación mínima más el bono extraordinario que cobrarán los afiliados del régimen general en octubre de 2026 apenas suma 505.748 pesos. Es decir, el ingreso mínimo cubre menos de una cuarta parte de lo que cuesta, según ese cálculo, mantener la vida de una persona mayor en condiciones razonables.

Lo más llamativo del informe es el peso de los medicamentos y la salud. Sólo ese rubro exige 518.708 pesos mensuales, una cifra que ya supera, por sí sola, lo que cobra un jubilado con el haber mínimo y el refuerzo incluidos. Detrás aparecen los alimentos, con 457.742 pesos, y la vivienda, con 364.969 pesos. Entre los tres capítulos concentran 1.341.419 pesos, alrededor de dos tercios de la canasta total. El resto se distribuye entre transporte, servicios, indumentaria y otros consumos habituales que el estudio también contempla siguiendo la estructura de la canasta del INDEC, pero con el peso específico que tienen en los hogares de los adultos mayores.

Una brecha que se agranda

La diferencia entre ingresos y gastos se repite en las otras prestaciones previsionales. La Pensión No Contributiva por Invalidez y Vejez se ubica en 375.023 pesos, mientras que la Pensión Universal para el Adulto Mayor alcanza 418.598 pesos con bono. Ambos montos quedan por debajo, incluso, del costo estimado sólo para medicamentos y salud, que es el primer capítulo del presupuesto y, según el relevamiento, el que menos margen tiene para comprimirse.

  • Medicamentos y salud: 518.708 pesos por mes, el rubro más alto de la canasta.
  • Alimentos: 457.742 pesos, con el peso de la carne, los lácteos y las verduras que consumen los mayores.
  • Vivienda: 364.969 pesos, contempla propietarios, inquilinos y residentes en pensiones.
  • Transporte, servicios e indumentaria: completan el resto hasta llegar a los 2.090.646 pesos totales.

La comparación con mediciones anteriores muestra que la presión sobre los ingresos de los jubilados viene creciendo. En octubre de 2025, la misma canasta se ubicaba en 1.514.074 pesos, lo que implica un salto interanual del 38 por ciento. Frente al registro de marzo pasado, la suba llega al 14,58 por ciento. Son aumentos que corren por encima de la movilidad previsional, que ajusta por un índice salarial y de recaudación, y por eso la brecha entre lo que cobra un jubilado y lo que necesita para vivir se ensancha en lugar de cerrarse.

El relevamiento de la Defensoría y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología tomó como referencia la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Córdoba, Rosario y Mendoza. Para los medicamentos consideraron los descuentos que aplican las obras sociales en farmacias, un dato clave porque morigeran, aunque no mucho, el gasto de bolsillo. En vivienda, en cambio, se tuvieron en cuenta las tres situaciones más comunes: quienes son dueños y pagan expensas e impuestos, quienes alquilan y quienes viven en una pensión, con un valor mensual que suele ser más bajo pero también más precario.

La fotografía que deja el informe es incómoda y known, se repite cada vez que se actualiza la serie: la jubilación mínima ya no alcanza ni para pagar los remedios de un mes, ni siquiera sumando el bono. Para el resto de los capítulos hay que recurrir a ahorros, ayuda de los hijos o, en el peor de los casos, a postergar turnos médicos, saltearse comidas o directamente dejar de comprar medicamentos. La movilidad jubilatoria, mientras siga atada a un índice que combina salarios formales y recaudación, parece condenada a llegar tarde a un presupuesto que envejece más rápido de lo que se actualiza.

RI
Ramona InsaurraldeCampo y ganadería

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