La huerta sin química: recetas de la abuela que el INTA avala para espantar plagas del jardín
Con la primavera los hongos asoman y en verano se disparan los insectos. Hay preparados caseros con ortiga, ajo, naranja y cebolla que el INTA recomienda como prevención, fáciles de hacer en casa y con elementos de la cocina.
A mí me pasó el verano pasado, y por eso hoy se los cuento: tenía las plantas del balcón hechas un desastre, las hojas llenas de unos puntitos blancos que parecían polvo, y un vecino del edificio de al lado, Miguel, que tiene un limonero espectacular, me miró por encima de la medianera y me dijo, con esa campechanía de los hombres de más de cincuenta, 'mirá, esto es pulgón, y también tenés arañuela, no le metas veneno que después no podés ni comer la menta'. Me quedé pensando, porque uno asocia el pulgón con las plantas grandes, de campo, y no con la maceta de romero que sobrevive como puede en la terraza. Pero Miguel tiene razón, y los técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria también: cuando llega la primavera y el calor se junta con la humedad, los hongos se ponen contentos, y cuando el verano aprieta y el aire se vuelve más seco, aparecen los insectos y los ácaros, que encima encuentran más frutos para picar. La buena noticia es que no hace falta salir a comprar un producto tóxico para mantenerlos a raya. Hay recetas de la abuela, literalmente, que el organismo oficial recomienda para huertas y jardines domésticos, y que se preparan con lo que cualquiera tiene en la cocina o puede conseguir en la verdulería.
Eso sí, antes de empezar a mezclar líquidos en cualquier recipiente, hay tres precauciones básicas que conviene no saltearse, porque si no el remedio casero puede terminar haciendo más mal que bien. Lo primero es usar siempre envases de plástico, vidrio o cerámica: los metálicos pueden soltar elementos tóxicos para la planta. Lo segundo, preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, porque la fermentación de la ortiga, por ejemplo, despide un olor que no es precisamente a perfume. Y lo tercero, colar muy bien el líquido antes de cargarlo en el rociador, porque cualquier resto sólido tapa la boquilla a la primera de cambios y uno termina enojándose con el pulverizador en vez de con el pulgón.
Tres preparados que conviene tener siempre a mano
- Purín fermentado de ortiga: se hace con un kilo de ortiga fresca (o entre 100 y 200 gramos si la compramos seca) en diez litros de agua. Se deja a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo todos los días hasta que dejen de aparecer burbujitas en la superficie. Antes de usarlo se diluye en la misma cantidad de agua. Sirve contra pulgones y hongos, y de yapa aporta nutrientes al suelo. Ojo: hay que manipular la ortiga con guantes, porque si no uno termina rascándose como loco.
- Macerado concentrado de ajo con alcohol: se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja una semana en la heladera, se filtra y al momento de aplicarlo se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua, con un chorrito de jabón blanco neutro para que se pegue bien a la hoja. Funciona contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, y es de los más completos del recetario.
- Infusión de cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos, se deja enfriar y se aplica. Va bien contra pulgones y cochinillas, y el aroma que deja en el balcón es mucho más amable que el del purín.
Hay otras variantes todavía más simples, para los que no quieren esperar una semana de fermentación. Una es cortar dos o tres cebollas medianas y dejarlas en reposo en agua hirviente durante 48 horas, lo que da un preparado suave pero efectivo contra pulgones y hongos. Otra es preparar una infusión de ruda y salvia en partes iguales, sin necesidad de fermentar nada, que también controla pulgones. En todos los casos, los especialistas aclaran algo importante: estos preparados no reemplazan a los agroquímicos cuando la plaga ya está avanzada y comiéndose la planta, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema, que es cuando más rinden. En criollo, como me dijo la señora Elsa, de 64 años, que tiene una huerta en el patio de su casa en Morón y a quien consulté mientras escribía esta nota: 'yo los uso desde hace años, y si los agarrás a tiempo, no necesitás nada más'.
Al final, lo de mi limonero y mi romero del balcón terminó bien: seguí el consejo de Miguel, preparé el macerado de ajo con alcohol y el purín de ortiga, y a las dos semanas las hojas habían recuperado el verde y los bichos se habían mudado a otra parte. No fue magia ni un hallazgo mío, claro, fue aplicar algo que la ciencia agropecuaria viene recomendando hace rato y que, en el fondo, forma parte de esa memoria doméstica de los que vivieron siempre cerca de la tierra. Como me dijo Elsa al despedirse, mientras regaba sus tomateras con la manguera: 'a veces lo de antes, bien hecho, le gana a lo de ahora'.
