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Jueves, 8 de octubre de 2026
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La hipótesis del amor: cuando el acuerdo entre dos termina valiendo más que cualquier plan

Lili Reinhart y Tom Bateman encabezan en Prime Video una comedia romántica que adapta la novela de Ali Hazelwood y lleva al laboratorio universitario el clásico pacto de fingir para terminar sintiendo de verdad.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 14 d
La hipótesis del amor: cuando el acuerdo entre dos termina valiendo más que cualquier plan

Yo siempre digo que las comedias románticas que mejor envejecen son las que entienden que uno no se enamora cuando quiere, sino cuando le toca, y La hipótesis del amor, la película que acaba de llegar a Prime Video, parece moverse exactamente por ese andarivel: el de la química que se desmanda y los pactos que empiezan como una solución práctica y terminan desnudando lo que cada uno llevaba guardado debajo del ambo y la pipeta. La dirige Claire Scanlon sobre un guion de Sarah Rothschild que adapta la novela de Ali Hazelwood, dura 110 minutos y pone a Lili Reinhart y Tom Bateman en el centro de un juego de apariencias ambientado en una universidad de Estados Unidos.

Un acuerdo con dos puntas que se anudan

La historia arranca con una situación bien del terreno universitario: Olive Smith, la estudiante de posgrado que interpreta Reinhart, quiere empujar a su amiga Anh a que se anime con Jeremy, un chico del ámbito académico, y para demostrarle que ella ya no tiene interés romántico en él, decide mostrarse en pareja con alguien. Elguien resulta ser Adam Carlsen, el profesor distante y algo antipático que encarna Bateman, un docente con fama de tratar con frialdad a sus alumnos y de no confraternizar con nadie del claustro. La gran ironía del arranque es que Adam también necesita un noviazgo falso: lo simula para conseguir una beca que le permita sostener su línea de investigación. Cada uno tiene su motivo, los dos callan el propio, y de esa cocina sale el pacto que sostiene el primer tramo del filme.

El reparto se completa con Rachel Marsh como Anh y Nicholas Duvernay como Jeremy, los dos amigos alrededor de los cuales gira la excusa inicial para que Olive se haga la novia de Carlsen. Más adelante aparecen Jaboukie Young-White y Arty Froushan en papeles secundarios que ayudan a pintar el clima del campus, con sus pasillos, sus seminarios y esa lógica de pasillo donde todo el mundo mira y comenta. La película no inventa nada estrambótico: toma el viejo truco de la comedia romántica de fingir un romance para beneficio ajeno o propio y lo planta en un escenario donde la amistad, el duelo y la ciencia se cruzan con los mismos horarios apretados que cualquier oficina.

De la actuación al cruce de miradas

Lo que a mí me enganchó, más allá del mecanismo, es cómo el guion va corriendo el eje de la comedia al costadito del drama sin pedirle permiso al espectador. Olive llega al acuerdo cargando la mochila de la ausencia de su madre y el cariño de una amiga que es casi una hermana; Adam, mientras tanto, carga con la imagen pública de tipo difícil que lo protege de los estudiantes y, de paso, de sus propios afectos. Cuando la película los muestra fingiendo frente a otros, uno advierte que el esfuerzo no es tanto actuar como sostener un papel: ella se obliga a sonreír donde no le sale, él se obliga a tolerar el contacto físico que siempre esquivó. Y ahí, en ese esfuerzo, empieza a colarse algo que los dos se niegan a admitir.

La dirección de Claire Scanlon le saca buen jugo a los espacios académicos: seminarios, laboratorios, pasillos, pasillos otra vez. Son lugares donde todos se ven, donde el rumor vuela, y donde fingir una pareja se vuelve una tarea casi artesanal. Ahí la película se apoya en los pequeños gestos, en un café compartido, en una mano que se queda un segundo más de lo previsto sobre otra mano, en una respuesta del profesor que deja de ser cortante cuando habla con su falsa novia. La cámara se queda en esos detalles, y el tono va mutando de la comedia ligera hacia algo más cálido sin perder el humor.

A mí, que vengo siguiendo a Lili Reinhart desde sus tiempos de serie adolescente, me gustó verla acá con un registro más contenido: Olive no es la chica que arma escándalo, sino la que calcula y mide cada paso, incluso cuando el corazón le empieza a desordenar la cuenta. Y Tom Bateman, a quien muchos recordamos en papeles de época, se banca el papel de profesor antipático sin volverlo un cliché: la dureza de Adam es coraza, y la película se toma su tiempo para mostrar por qué se la puso. Cuando el acuerdo se cae, cuando alguno de los dos se sincera, el golpe emocional funciona porque los estaban sembrados desde antes.

Por qué funciona y a quién le puede gustar

La hipótesis del amor no rompe el molde de la comedia romántica ni lo intenta: lo reacomoda, le cambia la escenografía y le suma un plus de empatía por unos personajes que claramente arrastran más de lo que muestran. Funciona mejor cuando uno se entrega al ritmo del campus, acepta el pacto como punto de partida y se deja llevar por el camino que va del noviazgo inventado al vínculo que ya nadie puede desmentir. Funciona menos si uno busca una gran sorpresa de guion o una vuelta de tuerca inesperada, porque acá el viaje importa más que el golpe de efecto.

Si te copa el cine de parejas improbables, si te gusta ver a dos personas que se pelean terminar reconociéndose, o si simplemente tenés una tarde libre y querés un filme cálido para mirar en casa con la pantalla grande, esta es una buena candidata. Yo se la recomiendo sobre todo a quienes, como me pasa a mí, valoran cuando una comedia se permite un rato de silencio para que los protagonistas se miren y digan, sin palabras, lo que todavía no se animan a decirse.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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