La esquina de Mafalda: un domingo cualquiera en San Telmo, entre la fila, la feria y la foto inevitable
La estatua de Chile y Defensa sigue siendo punto de encuentro para turistas y vecinos. La recorrida se puede combinar con la feria dominical, los puestos de artesanías y otros muñecos del Paseo de la Historieta, aunque conviene tener paciencia para la foto y ojo con las frases apócrifas.
Le confieso algo, querido lector: si me hubiera cruzado esta mañana con Mafalda sentada en su banco de la esquina de Chile y Defensa, probablemente le habría pedido que me sacara una foto, igual que esa señora de unos cincuenta y tantos que estaba ahí con el celular en alto, esperando su turno. Y no me da vergüenza reconocerlo. Hay algo de esa nena de historieta que interpela a los que ya peinamos canas con la misma fuerza con la que nos interpeló de chicos, y por eso la esquina se sigue llenando cada domingo como si fuera un ritual barrial.
La propuesta es concreta y sencilla: organizar una salida alrededor del personaje que dibujó Joaquín Salvador Lavado, Quino, en pleno corazón de San Telmo. El punto de partida es esa estatua que integra el Paseo de la Historieta, y a partir de allí la caminata se vuelve un pequeño viaje por el barrio, por la feria y por la memoria de una obra que muchos llevamos leída en el alma.
La esquina como punto de reunión
La dirección no falla: Chile y Defensa. Allí está Mafalda, sentada como esperando el colectivo, y alrededor suyo se arma ese movimiento particular de los lugares turísticos porteños, con gente que se acomoda el pelo, otros que le hablan al personaje antes de disparar la cámara, y algún que otro vendedor ambulante que pasa ofreciendo agua. La espera forma parte del asunto, así que conviene contemplarla a la hora de planificar la recorrida: no hay un tiempo de demora informado, pero la fila existe, y a veces vale la pena.
Lo lindo es que la presencia del personaje no termina en esa esquina. Los comercios cercanos fueron sumando otras estatuas a la vereda, y mientras uno camina por la zona va encontrando a Mafalda repetida, como si el barrio entero le hubiera abierto las puertas. Es una manera muy porteña de habitar el espacio público, medio en broma, medio en serio, como cuando uno le habla a un conocido en la calle y le dice che, pará un cacho.
La feria del domingo y los objetos con su cara
El domingo es el día indicado para combinar la foto con la feria de San Telmo. Sobre Defensa, los puestos se multiplican con cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas que llevan impresa la imagen de Mafalda en los formatos más variados. Es el tipo de souvenir que uno no sabe si comprar para el nieto, para un amigo que vive afuera o para uno mismo, porque mire, a veces uno también necesita un mate con la nena de Quino en el costado.
Ahora, una advertencia que me parece importante, y acá sí me pongo seria: cuando uno se detiene a mirar las piezas, conviene leer con cuidado lo que dice cada una. Entre los artículos que respetan el espíritu del personaje circulan otros que le adjudican a Mafalda frases que Quino jamás escribió. Reconocer su cara en un objeto no garantiza que el mensaje provenga de las historietas, y a veces uno se lleva a casa una camiseta con una sentencia que el dibujante nunca firmó. Por ahí lo dejo.
El universo Quino, de Felipe a Libertad
Y si uno se queda un rato en la esquina, termina pensando en todo el elenco que fue creciendo alrededor de la protagonista. Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, cada uno con su manera de mirar el mundo, y todos formando esa troupe barrial que nos acompañó durante décadas. Para el humorista gráfico Tute, uno de los rasgos distintivos de la obra es justamente la complejidad de esas personalidades y la forma en que los asuntos del mundo se fueron colando en las tiras, sin que el dibujo perdiera un ápice de ternura.
Por eso, si me preguntan a mí, el paseo completo arranca en la estatua de Chile y Defensa, se estira por la feria a lo largo de Defensa, y termina cuando el cuerpo pide un cafecito en algún bar de la plaza Dorrego, con la cámara llena de fotos y la cabeza llena de frases que, en esta nota al menos, son todas de Quino. Y sí, ya sé lo que me va a preguntar el vecino del tercer piso cuando vuelva: si Mafalda me sacó la foto. Le voy a decir que no, pero que la fila, en el fondo, también es parte del viaje. Karu, dicen los guaraníes cuando algo llega en el momento justo. Y este domingo, en San Telmo, parece llegar en el momento justo.
