Josema llega a «Sueños de libertad» para mover los cimientos de una familia con perfume propio
David Janer se incorpora a la serie diaria con un arquitecto que arrastra un pasado barcelonés y promete sacudir las alianzas en Perfumerías De la Reina. La experiencia acumulada en ficciones como «Amar es para siempre» y «Águila Roja» explica la vuelta del actor a un formato que ya conoce de memoria.
Si el destino tiene la forma de un papel firmado en blanco, a mí me gusta imaginarlo con la cadencia de un chamamé: algo que entra despacio, se acomoda en el oído y, cuando uno se da cuenta, ya está tarareándolo. La vuelta de David Janer a la televisión diaria tiene esa música. Después de seiscientos cincuenta y ocho capítulos en «Amar es para siempre» y de nueve temporadas en «Águila Roja», el actor catalán se suma a «Sueños de libertad» con un personaje que, a primera vista, parece hecho a medida de las grandes telenovelas de sobremesa: un arquitecto que llega desde Barcelona para enredarse con Perfumerías De la Reina y desatar, otra vez, las tensiones de una familia que ya venía cargando lo suyo.
Un hombre refinado con equipaje emocional
El personaje se llama Josema y está descrito como un hombre refinado y melancólico, con ese aire de los profesionales que llegan de afuera y que, en este tipo de historias, nunca llegan solos. Viene con un pasado a cuestas y con un oficio —la arquitectura— que en la ficción funciona como una llave simbólica: alguien capaz de proyectar edificios también puede proyectar reconciliaciones, rupturas o traiciones, según convenga al guion. Janer lo dijo con la sencillez de quien ya recorrió pasillos de estudio durante años: el arquitecto arrastra asuntos personales que vuelven a moverse cuando se cruza con los demás protagonistas, y esa mochila es la que, lentamente, va a condicionar lo que pase puertas adentro del negocio perfumero.
“Las contradicciones, las alegrías y los dolores de la vida cotidiana son las que hacen atractivo a este formato. Esa es la materia con la que uno trabaja cada día en una serie diaria.”David Janer, sobre su regreso a la ficción diaria
A mí, que llevo décadas mirando ficciones con la libreta al lado del sillón, me llama la atención cómo la televisión española viene recuperando un oficio que parecía perdido: el de los personajes que entran en una saga con la precisión de un bisturí. Josema tiene esa pinta. Llega para mover los cimientos —nunca mejor dicho, tratándose de un arquitecto— de una familia que gira alrededor de un negocio sensible, y lo hace con el arrastre de alguien que conoce, de memoria, cómo se respira en un set de grabación diaria. Y aquí viene un detalle que vale la pena subrayar: Janer no es un recién llegado a «Sueños de libertad». Antes de aceptar el papel, ya había pisado sus estudios, conocía a varios miembros del equipo y había visto cómo se movía esa maquinaria. Eso, en un formato que rueda a velocidad de vértigo, es una ventaja enorme.
Un reencuentro con gente conocida
Porque además hay un hilo que une a «Sueños de libertad» con «Amar es para siempre», y ese hilo se llama equipo técnico. Según contó el propio Janer, reencontrarse con profesionales de cámara, maquillaje, peluquería y vestuario le permitió sentirse cómodo desde el primer día. Cualquiera que haya visto un detrás de escena de una serie diaria sabe lo que significa eso: son turnos largos, jornadas que arrancan temprano y terminan con el último plano todavía en la cabeza, y no es lo mismo atravesar ese ritmo con caras nuevas que hacerlo con gente a la que uno ya le sabe los tiempos. En su caso, según sus propias palabras, necesitó menos tiempo para acomodarse que cuando empieza con un elenco desconocido, y eso se nota en pantalla. También dejó una puerta abierta: le gustaría quedarse en la serie tanto como en su anterior ficción diaria, aunque reconoció que esa decisión no depende solo de él, sino del recorrido que le tengan reservados los guiones.
Una vuelta al formato con oficio de artesano
Hay algo que me emociona particularmente de este regreso, y se lo confieso a los lectores como si estuviéramos tomando un café de sobremesa: a David Janer lo vi crecer en pantalla. Lo recuerdo en «Águila Roja», con ese porte de hidalgo joven que se ganaba al público capítulo a capítulo, y lo acompañé en las tardes de «Amar es para siempre», cuando su Guillermo se fue convirtiendo en uno de esos personajes que la gente comenta en la verdulería o en la cola del banco. Volverlo a encontrar en una ficción diaria es, en cierto modo, como reencontrarse con un artesano que conoce sus herramientas: el ritmo, el sobreactuar lo justo, el dejarse llevar por el texto sin perder la brújula del personaje. La vida me enseñó que a los actores que más quiero son los que no se apuran, los que aceptan papeles con la misma responsabilidad con la que un albañil acepta levantar una pared, sabiendo que de eso depende el techo de la casa. Y Josema, por lo poco que ya se conoce, parece pedirle exactamente eso: oficio, paciencia y un punto de melancolía para no hacer ruido de más.
En definitiva, la llegada del arquitecto barcelonés a «Sueños de libertad» no es solo un movimiento de casting: es un recordatorio de que las series diarias, cuando están bien escritas y bien interpretadas, siguen siendo ese territorio donde la ficción se cruza con la vida cotidiana de la gente. Yo, mientras tanto, voy a dejar servido el café y a acomodarme en el sillón, porque cuando empiecen a verse las primeras escenas de Josema en Perfumerías De la Reina, me da la intuición de que algo importante va a cambiar. Y a los lectores, si tienen un rato esta semana, les recomiendo hacer lo mismo: sentarse, mirar con atención y dejarse llevar por una historia que, otra vez, promete remover los cimientos de una familia entera.
