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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Humboldt, el basset hound que se sienta y los científicos ya saben que algo encontró en el bosque

En Villa La Angostura, un perro de dos años y su familia entrenan al mejor detector de fauna que conocerán los parques nacionales patagónicos: rastros de huillín, huemul, puma y hasta un parásito que amenaza a los peces nativos.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 24 d
Humboldt, el basset hound que se sienta y los científicos ya saben que algo encontró en el bosque

A veces, en medio del bosque patagónico, Humboldt se detiene de golpe. Fija la nariz en un punto donde no parece haber nada, respira profundo y busca con los ojos a Alex Tersoglio. Esa mirada silenciosa, que a primera vista parece un capricho de mascota, es en realidad la señal más importante del día: el basset hound de dos años acaba de encontrar lo que andaban buscando, y la science precisa de esa confirmación para seguir adelante. Yo conozco esa sensación de prestarle atención a un perro y que él te conteste con los ojos; lo que pasa es que acá, en Villa La Angostura, esa respuesta vale oro para los investigadores.

Humboldt no es un perro común ni trabaja solo. Forma equipo con Alex y con su hija Kenia, y los tres colaboran de manera voluntaria con científicos, investigadores y guardaparques de distintos parques nacionales de la Patagonia. No les pagan un peso por lo que hacen: lo hacen porque les sale del corazón, y porque entienden que el olfato de un perro entrenado puede ahorrar meses de trabajo de campo a cualquier biórgo que ande rastreando fauna por el sur.

Un olfato que ve lo invisible

Lo que hace Humboldt no es magia, es biología pura bien aprovechada. Su nariz identifica pequeñas moléculas de olor que vienen de materia fecal de animales silvestres, rastros que una persona jamás podría advertir caminando por el bosque. Esa capacidad, que los técnicos llaman detección por olor, transforma cada recorrida en una búsqueda más rápida y mucho más precisa, porque ya no hace falta ver al animal para saber si pasó por ahí: alcanza con que Humboldt lo hunda con su hocico y se siente.

Entre las especies que el basset hound sabe rastrear aparecen algunas de las más emblemáticas y amenazadas de la región: el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés y el puma. También colabora en la detección de especies invasoras, como el visón, que tanto daño le hace a la fauna local. El menú es amplio y, para un perro que todavía tiene edad de cachorro, bastante serio.

La marca silenciosa

La forma de avisar de Humboldt también tiene su miga. Su marcación es pasiva: cuando huele lo que busca, se sienta, apunta con el hocico y sostiene el contacto visual con Alex, como esperando la orden. Si el punto exacto queda dudas, recibe la palabra en inglés show me, que ya entiende como pideme, y acerca el hocico al lugar preciso. En los terrenos más bravos, donde las piedras o las espinas no lo dejan sentarse, el perro se queda parado, quieto como una estatua, y repite la mirada. La escena se repite una y otra vez en el Nahuel Huapi, en el Lanín y, si todo sale bien, también en Los Alerces.

  • Protección del huillín dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, una de las especies más amenazadas del sur.
  • Investigaciones sobre carnívoros como gato huiña, gato montés y puma en distintos puntos de la región.
  • Tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín, donde el equipo ya tiene contacto fluido con los guardaparques.
  • Interés del Parque Nacional Los Alerces en sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín durante los próximos meses.

El último desafío, y el más chico en tamaño pero enorme en complejidad, es de los que parecen sacados de un laboratorio: Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a los peces nativos de la región. La primera prueba consiste en comprobar si su nariz puede reconocer la presencia del parásito en el agua; si lo logra, el siguiente paso será identificarlo dentro del propio caracol que lo carga. Si sale bien, el olfato del basset hound va a ahorrarles a los investigadores horas y horas de trabajo bajo microscopio.

Mientras tanto, en el living de la casa de los Tersoglio, Humboldt vuelve a hacer lo de siempre, esa mezcla de perro familiar y colega de guardaparques que duerme a los pies de la cama y al otro día se interna en el bosque con su arnés de trabajo. Yo lo imagino cruzando un cañaveral con la nariz bien alta, deteniéndose de golpe, sentándose sobre las hojas y mirando a Alex a la espera de la próxima orden. Y, la verdad, me cuesta no pensar que a veces los mejores socios de los científicos tienen cola, cuatro patas y dos años.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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