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Hormonas en movimiento: cuando el cuerpo pide una pausa y seis costumbres que pueden devolverlo al equilibrio

Cuatro endocrinólogas explican por qué los cambios hormonales no son siempre una alarma, qué señales conviene escuchar y de qué manera la alimentación, el movimiento y el descanso pueden ayudar a regular el sistema sin promesas mágicas.

Por Paola MezaSociedad y vida · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A las siete de la mañana, cuando Gabriela, 47, se sirve el segundo café y siente que el cansancio de la noche anterior sigue pegado al cuerpo como una sombra, suele pensar que le falta dormir, o que la semana le pesa más de lo normal. Lo que pocas veces se dice, mientras revisa la lista del supermercado y acomoda los almohadones de la hija que se fue a vivir sola, es que el cuerpo femenino funciona como una orquesta enorme donde el estrógeno y la progesterona son apenas dos instrumentos de muchos: también el cortisol, la insulina, las hormonas tiroideas y la melatonina están tocando a la vez, y a veces desafinan. Por eso, cuando algo se descompensa, la sensación es que se descompensa todo. Pero no siempre es así, y hay costumbres cotidianas que pueden poner las cosas en su lugar, o al menos más cerca de él.

Las hormonas, aclaran las especialistas, no permanecen estables: suben y bajan a lo largo del día, del mes y de las distintas etapas, y eso es parte del diseño del organismo. La endocrinóloga reproductiva y ginecóloga Li-Shei Lin lo resume con una idea útil: la meta no es que los niveles sean idénticos mañana y tarde, ni idénticos un mes y otro, sino que el cuerpo funcione bien y los síntomas queden bajo control. La endocrinóloga Rekha Kumar, profesora de medicina clínica en Weill Cornell Medical College, aporta la otra mitad del concepto: hay alteración cuando una o más hormonas se alejan de sus rangos y eso produce señales perceptibles, concretas, que se pueden nombrar.

Señales que el cuerpo envía y conviene no barrer debajo de la alfombra

Antes de hablar de soluciones, las especialistas enumeran los llamados de atención que justifican una consulta médica. Las menstruaciones irregulares o directamente ausentes, la fatiga que no cede aunque se haya dormido bien, las dificultades para dormir, los cambios de humor que se sostienen en el tiempo, la ansiedad difusa, los sofocos, los sudores nocturnos y la disminución del deseo sexual encabezan la lista. También aparecen cambios en el cabello o en la piel, y variaciones de peso que no se explican por lo que se comió ni por el movimiento que se hizo.

Las causas detrás de esos síntomas son variadas. El estrés prolongado, los cambios marcados de peso, ciertos medicamentos y enfermedades como los trastornos de tiroides, el síndrome de ovario poliquístico y la insuficiencia ovárica prematura pueden alterar el mapa hormonal. La perimenopausia y la menopausia, como señala la endocrinóloga Carla DiGirolamo, generan transformaciones significativas: entre el 80 y el 85 por ciento de las mujeres experimentará síntomas en esa etapa, y en algunos casos esos síntomas pueden ser verdaderamente debilitantes.

Seis hábitos que pueden favorecer el equilibrio, según las endocrinólogas

  • Moverse de manera regular y variada: la endocrinóloga reproductiva Sheeva Talebian destaca que el ejercicio ayuda a regular la insulina, el cortisol, el estrógeno y la progesterona. La Asociación Americana del Corazón sugiere al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, más dos días de ejercicios de fuerza. Talebian aclara que los entrenamientos de alta intensidad elevan en forma transitoria el cortisol, por lo que conviene alternarlos con sesiones más suaves.
  • Dormir con horarios sostenidos: el sueño cumple un papel central en la regulación de la melatonina y del cortisol. Acostarse y levantarse a horarios parecidos, evitar pantallas brillantes de noche y mantener la habitación oscura y fresca favorecen un descanso más reparador.
  • Cuidar la alimentación con foco en lo cotidiano: priorizar comidas reales, con verduras, frutas, granos integrales, proteínas magras y grasas de buena calidad, ayuda a estabilizar la insulina y a mantener la energía a lo largo del día. Las especialistas coinciden en que no hay una dieta única para todas las mujeres, pero sí patrones repetidos que suelen funcionar mejor.
  • Moderar el alcohol y el café de noche: el alcohol puede alterar el sueño y el metabolismo del estrógeno, mientras que el café en horas tardías interfiere con la melatonina. Reducir su consumo, sobre todo después de las seis de la tarde, es un cambio simple que muchas pacientes notan rápido.
  • Aprender a regular el estrés: técnicas como la respiración profunda, los paseos al aire libre, el yoga suave o simplemente cortar un rato con las pantallas ayudan a bajar el cortisol, la hormona que se dispara cuando vivimos apurados, enojados o sin pausa.
  • Hacer controles médicos periódicos: medir las hormonas tiroideas, la insulina, la vitamina D y los niveles de estrógeno y progesterona cuando hay síntomas permite a los profesionales ajustar lo que haga falta, y descartar causas que requieren tratamiento específico.

Una palabra prestada que ayuda a entender el cuerpo

Hay un término en guaraní, jeporepy, que describe algo parecido a lo que las endocrinólogas llaman homeostasis: el esfuerzo silencioso del cuerpo por volver a su centro después de cada cambio. Esa imagen sirve para entender por qué ningún hábito reemplaza una consulta médica cuando los síntomas se sostienen, pero también por qué vale la pena probar ciertos cambios cotidianos antes, durante y después de cualquier tratamiento. Gabriela, que esta mañana volvió a servirse el café y pensó en su hija, seguramente lo sabe sin haberlo puesto en palabras: que el cuerpo necesita, ritmo, y que ese ritmo se construye con pequeñas decisiones de todos los días.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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