Graciela: la parrilla de Pablo Rivero llega a Nueva York con dos estrellas de la crítica
El restaurante del West Village recrea el espíritu de Don Julio con carne a las brasas, cortes argentinos y empanadas de osobuco, y ya cuenta con una reseña destacada de Ligaya Mishan.
Hay días en los que una mesa cualquiera de un barrio neoyorquino se transforma en un pedacito de Buenos Aires, y eso es justamente lo que propone Graciela, el primer restaurante que Pablo Rivero abrió fuera de la Argentina. El lugar funciona en el West Village de Manhattan, desde el 14 de julio de 2026, y ya tiene su primera gran señal de reconocimiento.
Dos estrellas y un homenaje familiar
El nombre es un homenaje a la madre de Rivero. La propuesta central replica la que consolidó a Don Julio en Buenos Aires: carne argentina asada a las brasas de quebracho blanco, una madera tan densa que sostiene el calor sin dejar un aroma fuerte. La crítica gastronómica Ligaya Mishan publicó una reseña apenas cuatro meses después de la apertura, le asignó dos estrellas sobre cuatro, equivalentes a « muy bueno », y lo incluyó entre sus elecciones.
“Esta gente entiende de vacas.”Ligaya Mishan, crítica gastronómica, a mitad de un ojo de bife
Mishan también remarcó que Graciela no sigue el modelo de la parrilla de estilo estadounidense, donde un corte descomunal funciona como símbolo de estatus. Acá la lógica pasa por otro lado, más cerca de la calidad de la pieza que de su tamaño.
La carne y los cortes
Los animales provienen de pasturas y reciben un terminado a grano. Según la reseña, la carne resulta tierna, de sabor limpio, con notas terrosas y un toque mineral. Mishan destacó especialmente el sellado: una costra oscura que da paso a una carne rosada y jugosa de borde a borde.
Por las leyes de importación de Estados Unidos, de los cortes argentinos disponibles solo llegan dos: el ojo de bife y el bife angosto, ambos sin hueso y madurados en húmedo al vacío. También hay un corte tomahawk con maduración en seco de hasta 30 días, aunque Rivero no tiene una preferencia especial por ese proceso.
Más allá del bife
- Empanadas de osobuco, con un repulgue que la crítica consideró muy prolijo.
- Tomate aliñado con yasgua.
- Fainá de garbanzos y provolone, con corteza ampollada y centro cremoso.
Adam Saper, socio de Rivero, resume la idea que atraviesa el menú: « Puede que la gente venga por el bife, pero queremos que se vaya y hable de las verduras ». La frase resume bien el espíritu del lugar, que busca que la experiencia no dependa de una sola pieza de carne.
La reserva de Mishan apunta a la sensación de que la oferta deja ganas de más. Ella lo vincula con la cadena de abastecimiento que Rivero tiene en Buenos Aires, donde opera una carnicería propia a una cuadra del restaurante y, desde 2023, un campo ganadero de 230 hectáreas. Ese circuito directo todavía no existe en Nueva York. Si querés conocer la propuesta, Graciela queda en el West Village y vale la pena pasar a probar las brasas.
