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En Plottier enseñan a multiplicar el sauce que casi nadie sabe que es argentino

Un taller gratuito y semanal arranca el martes 8 de septiembre en el Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1, con el objetivo de reproducir el Sauce Criollo y devolverlo al territorio de la región.

Por Paola MezaSociedad y vida · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me lo imagino como una de esas conversaciones que se dan en la vereda, de tarde, mientras alguien regala una plantita por encima del alambrado. A veces, el árbol que tenemos al lado de toda la vida termina siendo el gran desconocido. Eso es lo que me pasó cuando me enteré de que en Argentina existe un sauce que no es el típico que vemos en las plazas ni el que llora junto a los canales: es nativo de acá, está desde antes que nosotros y, sin embargo, casi nadie lo conoce. Por eso, cuando supe que en Plottier se viene un taller gratuito para aprender a reproducirlo, me pareció una de esas noticias pequeñas que, bien miradas, dicen mucho de cómo se cuida un pueblo.

Un sauce que es de acá

La especie en cuestión se llama Sauce Criollo y su nombre científico es Salix humboldtiana. Es el único sauce originario de la Argentina y, según me comentaron los organizadores, cumple un rol importante para la biodiversidad regional. Aun así, pasa desapercibido: se lo suele mirar sin saber qué es, o se lo confunde con sauces traídos de afuera que terminaron aclimatándose hace décadas.

El Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1, conocido en la zona como el CFPA, decidió tomar cartas en el asunto y abrir un ciclo de talleres abiertos a la comunidad. La cita es en la sede del establecimiento, sobre Ruta 22, kilómetro 1232, todos los martes de 16 a 18 horas, arrancando el martes 8 de septiembre. La capacitación es totalmente gratuita y está pensada como un espacio de aprendizaje sostenido en el tiempo, no como una charla suelta.

  • Clase teórica inicial sobre las características del Sauce Criollo.
  • Recolección de estacas y armado de un estaquero, que en criollo significa un lugar preparado para que los gajos echen raíces.
  • Seguimiento del proceso de enraizamiento de cada planta.
  • Observación de la especie en flor, clave para aprender a reconocerla en el monte o a la vera de los ríos.
  • Destino final de las plantas: futuras acciones de plantación y recuperación en la región.

Una unidad productiva que queda para el barrio

Lo que más me gustó, y se lo quiero contar a mis lectores como me lo contaron a mí, es que la idea no termina cuando termina el taller. Desde el CFPA aspiran a consolidar un estaquero permanente, una suerte de unidad didáctico-productiva donde la formación y la producción de plantas convivan todo el año. Eso quiere decir que las plantas que salgan de ahí no se van a quedar en macetas: están pensadas para volver al territorio, a plazas, a escuelas, a orillas de ríos y a cualquier rincón de la comunidad que las necesite.

La capacitación está a cargo del técnico forestal Julián Basile y de la ingeniera agrónoma Gabriela Sotera, dos personas que, según me dijeron, vienen trabajando hace rato con esta especie y conocen al detalle los secretos del Salix humboldtiana. Acompañan la propuesta con experiencias concretas: el INTA, en la Patagonia, ya viene desarrollando tareas de rescate del Sauce Criollo a partir de propagación vegetativa y cultivo en estaqueros. Y en Río Negro, durante este año, se realizaron jornadas con escuelas y acciones de plantación en distintas localidades. No estamos, entonces, ante un experimento aislado: es un movimiento que ya empezó en otros puntos del país y que ahora busca replicarse en Plottier.

Me gusta imaginar la escena de acá a unos meses, cuando alguna de las plantas producidas en ese estaquero termine plantada en la plaza del barrio. Por eso me pregunté, mientras recorría los detalles de la convocatoria, qué haría yo con un Sauce Criollo si pudiera llevarlo a mi cuadra. Y la verdad es que la pregunta vale para cualquiera: vecinos, productores, estudiantes, organizaciones e instituciones pueden sumarse al taller y, de paso, llevarse algo más que un conocimiento: una planta con historia propia.

Como me dijo una vez María, mi vecina de toda la vida, que ya pasó los 55 y sabe más de árboles que cualquier enciclopedia: "plantar un árbol nativo es como dejarle una carta a los que vienen". En guaraní, a esa idea la llaman algo que después de investigar entendí como la huella que uno deja en la tierra, y que en criollo significa simplemente eso: que lo que uno planta queda. Por eso, si andan por Plottier o cerca, el martes 8 de septiembre a las cuatro de la tarde hay un lugar donde aprender a multiplicar un sauce que, aunque muchos no lo sepan, también es un pedacito de casa.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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