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Jueves, 8 de octubre de 2026
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El viaje que empieza en el fin del mundo: cómo es una expedición a la Antártida partiendo desde Ushuaia

Cruzando el Pasaje de Drake a bordo del buque Ushuaia, con desembarcos en Zodiac, fauna austral y la advertencia clave: el clima siempre tiene la última palabra.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 2 d
El viaje que empieza en el fin del mundo: cómo es una expedición a la Antártida partiendo desde Ushuaia

Hay un sonido particular que se escucha apenas el sol empieza a trepar por encima de los cerros que custodian a Ushuaia: es la mezcla del viento del Canal Beagle con la voz de los pasajeros que bajan de los micros rumbo al muelle, cargando mochilas, abrigos térmicos y una mezcla de ansiedad y respeto que se huele en el aire. Ahí, en ese amanecer de viento frío y expectativa, empieza la aventura de cruzar hacia la Antártida, un destino que no perdona la improvisación y que, según me contaron los que saben, se prepara mucho antes de pisar el barco. Yo mismo lo confirmé cuando conversé con Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, que conoce como pocos los secretos de esta ruta que tiene a Ushuaia como puerta de entrada ineludible.

Antes de subir al buque: lo que conviene resolver en tierra

La primera gran recomendación suena casi de sentido común, pero es la que más se repite entre los operadores: hay que llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque previsto. Una demora en el vuelo, una cancelación por mal tiempo o cualquier imponderable puede dejar al pasajero varado en el aeropuerto, con el barco ya en marcha y la ilusión de conocer el continente blanco hecha pedazos. Además, Gounaris sugiere contratar un seguro de viaje adecuado y consultar con la empresa qué elementos proveen y cuáles no, porque las botas, las prendas exteriores y parte del equipo específico varían según el operador. En mi experiencia, ese gesto de preguntar antes ahorra dolores de cabeza y dinero.

Para tranquilidad de quienes sueñan con este viaje y se imaginan corriendo aventuras extremas, no hace falta experiencia como montañista ni un pasado de explorador polar. Sí se necesita, en cambio, una movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac, y para moverse con cierta autonomía por superficies irregulares, que en la Antártida suelen ser de roca, nieve o una mezcla de ambas. A la hora de vestirse, la regla de oro es el sistema por capas: varias prendas livianas que se puedan sumar o quitar a medida que cambian el viento, la humedad y la temperatura, algo que en la Península Antártica puede mutar en cuestión de minutos.

  • Llegar a Ushuaia uno o dos días antes para evitar perder el embarque por demoras o cancelaciones.
  • Contratar un seguro de viaje específico para destinos antárticos.
  • Confirmar con el operador qué equipo y ropa técnica se incluye y qué se debe llevar.
  • Vestirse en capas para soportar los cambios bruscos de temperatura y humedad.
  • Elegir el camarote según la tolerancia al movimiento: los inferiores y centrales se sienten menos, los altos ofrecen mejores vistas pero más oscilación.

El cruce del Drake y la vida a bordo del buque Ushuaia

Una vez que se sueltan las amarras, la navegación recorre el Canal Beagle y pone proa hacia el Pasaje de Drake, esa franja de mar que separa el extremo sur de Sudamérica de la Península Antártica y que, dependiendo del día, puede recibirse con un oleaje calmo o con un baile de olas que pondrá a prueba la paciencia del pasajero más curtido. A bordo, el equipo de expedition se ocupa de llenar el tiempo con charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia de los exploradores y las estrictas normas ambientales que rigen cada visita, un detalle que no es menor: en la Antártida, la regla de oro es dejar el menor rastro posible y mantener distancias con todo ser vivo. Yo, que he navegado otras veces, recomiendo a los lectores llevar siempre un cuaderno a mano: las conferencias valen tanto como el paisaje.

“En los camarotes inferiores y cercanos al centro del buque, el movimiento del Pasaje de Drake se siente mucho menos; en las cabinas superiores las vistas son privilegiadas, pero las oscilaciones se perciben con más intensidad. La elección depende de cada pasajero.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions

El buque Ushuaia, con capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, ofrece comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias, es decir, un pequeño pueblo flotante pensado para que las jornadas entre desembarcos tengan su propio ritmo. Y hablando de desembarcos, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de alrededor de tres horas cada una, siempre que el clima y el mar lo permitan: caminatas sobre el terreno, navegación entre témpanos, acercamientos a glaciares y observación de fauna forman parte del menú habitual. Está absolutamente prohibido tocar o alimentar a los animales, y los protocolos de bioseguridad obligan a desinfectar botas y equipos antes de cada descenso para no introducir especies que rompan el equilibrio del ecosistema más prístino del planeta. La última palabra, en cualquier caso, la tiene el capitán: si el viento, el oleaje o la presencia de hielo lo desaconsejan, el recorrido se modifica sin chistar, y esa flexibilidad es, a mi criterio, la mejor muestra de respeto por un lugar que no admite errores.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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