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Jueves, 8 de octubre de 2026
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El psicólogo Gabriel Rolón y el espejo empañado de los recuerdos: cómo la nostalgia puede robarle lugar al presente

El escritor argentino advirtió sobre el riesgo de editar la propia historia en clave de felicidad perdida y dejó una frase que funciona como disparador: hay quienes prefieren haber sido felices antes que serlo ahora.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 13 d
El psicólogo Gabriel Rolón y el espejo empañado de los recuerdos: cómo la nostalgia puede robarle lugar al presente

A Marta, de 53 años, le gusta sentarse en la cocina con un café y contarle a su nieta cómo era el barrio cuando ella tenía esa edad. Lo dice siempre con una sonrisa que parece inventada para la ocasión, aunque por dentro, mientras habla, siente algo más parecido a un peso. Esa costumbre hogareña, que a primera vista parece una linda manera de transmitir la memoria familiar, es exactamente el tipo de escena que el psicólogo y escritor Gabriel Rolón eligió poner bajo la lupa en una reciente entrevista: esos momentos en los que la conversación se vuelve una película remasterizada, editada, retocada, donde el pasado aparece más limpio y más luminoso de lo que efectivamente fue.

Porque, según planteó el especialista, la memoria no funciona como un archivo: funciona, más bien, como un taller de edición. En sus propias palabras, hacemos una especie de «photoshopeo» de los recuerdos, una operación silenciosa por la cual los padres que ya no están aparecen con una nobleza que quizás no siempre tuvieron, o la infancia se reconstruye como una temporada más bella y más simple de lo que resultó cuando se la vivía en directo. Esa reconstrucción no es en sí misma mala: reconocer que hubo momentos felices, sostuvo, permite entender el recorrido propio, los esfuerzos que se hicieron y los vínculos que se tejieron. El problema aparece cuando esa versión editada termina ocupando demasiado espacio en la vida actual.

La trampa de vivir en un tiempo que ya no existe

Lo que Rolón puso sobre la mesa es una distinción fina pero decisiva. Por un lado está el valor de conservar la propia historia, de darle sentido, de entender quién se es a partir de lo que se vivió. Por otro, está la dificultad de quedar detenido en esa historia, como si el bienestar tuviera fecha de vencimiento y solo pudiera comprarse en el pasado o en un futuro todavía sin abrir. «Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices», resumió, y la frase tiene la precisión incómoda de esas sentencias que uno preferiría no reconocer como propias.

La misma lógica corre para los proyectos. El psicólogo no discutió la importancia de tener sueños ni la expectativa razonable de que algo bueno pueda venir más adelante. Lo que señaló es el riesgo de la postergación permanente: la costumbre de empujar la felicidad hacia un después que nunca termina de llegar, como si el presente fuera apenas un pasillo y no una habitación donde también se puede vivir. «Intentemos algo aquí, ahora», propuso, con esa cadencia directa que lo caracteriza cuando busca bajar una idea abstracta al llano de lo cotidiano.

“No nos bajemos de la vida antes de tiempo.”Gabriel Rolón
  • Revisar cuánto espacio ocupa la versión idealizada del pasado en las conversaciones y decisiones del presente.
  • Distinguir entre valorar lo vivido y quedarse atrapado en lo que ya no puede volver a ser.
  • Permitirse buscar bienestar acá y ahora, sin esperar una condición futura que lo habilite.
  • Cuidar los recuerdos sinconvertirlos en el único lugar donde se autoriza la propia felicidad.
PM
Paola MezaSociedad y vida

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