Cuidar el cuerpo también es cuidar la intimidad: qué dice una especialista sobre ejercicio y deseo
La fisioterapeuta Erika Lydon, especializada en suelo pélvico, explica por dónde conviene empezar a moverse, qué pasa con los clásicos Kegel y por qué abusar del entrenamiento sin descanso ni comida puede terminar jugándole una mala pasada a la libido.
Son las siete de la tarde en cualquier plaza de barrio y uno se topa con la postal de siempre: vecinos y vecinas trotando alrededor de los bancos, otros estirando sobre el césped, alguna parejita de recién casados que camina tomada de la mano mientras habla de cómo arrancar a moverse después del invierno. Ahí, en esa escena que se repite en cada manzana, aparece la pregunta que muchos se hacen en voz baja: ¿mejora el ejercicio la vida sexual, o es al revés? La respuesta, como casi todo en materia de salud, no es un Sí con mayúsculas sino un camino con varias estaciones. Y para recorrerlo vale la pena escuchar a alguien que se dedica de lleno a esa zona del cuerpo que todavía, en pleno siglo veintiuno, sigue siendo tabú.
Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, lo dice sin vueltas: empezar es lo más importante, y por empezar se entiende algo tan sencillo como una caminata de quince minutos. La clave, según explica, es elegir un movimiento que a uno le agrade y que pueda sostener en el tiempo, porque de nada sirve anotarse en un gimnasio en enero y abandonar en marzo si lo que se busca es cosechar beneficios que, con el correr de las semanas, también pueden llegar al terreno íntimo.
Una referencia, no una receta
Como mojón general para la mayoría de las personas, Lydon menciona la conocida pauta de la Organización Mundial de la Salud: juntar 150 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o 75 minutos si la intensidad es alta, más dos jornadas de trabajo de fuerza. Pero aclara que ese número apunta a la salud general y no es, ni remotamente, un tratamiento para el bajo deseo ni una garantía de que la libido vaya a despertar de un día para el otro. El estado emocional, las horas de sueño, la alimentación y hasta los medicamentos que uno toma también escriben su propio capítulo en esa historia.
Antes de levantar pesas, chequear las molestias
Marta tiene 52 años, es vecina del barrio de Belgrano y concurre a un centro de jubilados donde se armó un taller de caminatas. Cuenta que el año pasado arrancó a moverla la consulta a una kinesióloga porque sentía molestias que no sabía ubicar y le daba vergüenza preguntar. El consejo que repite la especialista es exactamente ese: si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, lo primero es sentarse a hablar con un profesional de la salud o con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, sí, pero no siempre necesita fortalecerse: a veces, justamente, pide lo contrario.
- La fisioterapeuta Erika Lydon recomienda arrancar con caminatas breves, de unos quince minutos, y aumentar de a poco.
- Sugiere tomar como referencia 150 minutos semanales de actividad moderada, o 75 de intensidad alta, más dos días de fuerza.
- Pide consultar a un especialista si aparecen dolores o dudas sobre el desempeño sexual antes de sumar ejercicios específicos.
- Recuerda que el suelo pélvico no siempre debe fortalecerse: a veces conviene aprender a relajarlo.
Kegel no es para todos, y el exceso también cobra
Los ejercicios de Kegel son casi un clásico de manual. Sin embargo, Lydon advierte que pueden servir en algunos casos y, en otros, aumentar la tensión de manera innecesaria. Si los músculos del suelo pélvico quedan contraídos en forma permanente o tienen dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas en lugar de placenteras. A eso se suma otra alerta que la especialista repite como un mantra: entrenar demasiado, sin alimentarse de forma adecuada y sin respetar los tiempos de recuperación, puede terminar afectando el deseo. La energía se gasta, el cuerpo se estresa y la libido, como un termómetro sensible, marca descenso.
“El cuerpo es un sistema: si le sacás más de lo que le das, te lo cobra en todos los frentes, incluido el sexual.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico
Por qué moverse puede sumar a la hora del encuentro íntimo
Detrás de los beneficios que el ejercicio puede aportar a la sexualidad hay mecanismos bastante concretos. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico cuida al corazón y a los vasos sanguíneos, y favorece la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y también puede colaborar con la excitación y la función sexual femenina. El segundo mecanismo pasa por la cabeza: el descanso y el manejo del estrés. La tensión sostenida es enemiga del deseo, mientras que la actividad física bien dosificada puede ayudar a mejorar el ánimo y facilitar la relajación. Por último, el entrenamiento de fuerza puede intervenir en procesos vinculados con la energía, la respuesta al estrés y el equilibrio hormonal, siempre y cuando no se transforme en una sobreexigencia.
Ahora bien, los tiempos no son los mismos para todos. Hay efectos que llegan antes, como dormir mejor o sentirse menos ansioso, y otros que demoran más y dependen de cada cuerpo y de cada historia clínica. Por eso, en lugar de prometer milagros, la recomendación de fondo es bastante más terrenal: empezar con algo que se pueda sostener, pedir ayuda profesional si algo duele o preocupa, y entender que el ejercicio es una pieza más dentro de un rompecabezas que incluye descanso, alimentación y cabeza tranquila. Como me lo resumió la propia Marta mientras acomodaba su botella de agua después de la caminata, con esa sabiduría criolla que heredamos de nuestras madres y abuelas: anga (el alma, en guaraní, esa palabra que usamos sin saber que viene de la lengua de los pueblos originarios) hay que ponerle ganas, pero sin pasarse. Y en materia de cuerpo e intimidad, el equilibrio sigue siendo el mejor secreto a voces.
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