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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Cuatro puentes alemanes que se visitan desde una sola ciudad base

Un recorrido por Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück, con opciones de transporte público, miradores y paseos que permiten organizar escapadas de uno o dos días desde Berlín, Dresde o Leipzig.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · · hace 7 d
Cuatro puentes alemanes que se visitan desde una sola ciudad base

El primer vagón del tren todavía estaba oscuro cuando asomó el sol por encima de los tejados de Leipzig, y yo iba con el café en una mano y el boleto en la otra, pensando en cuántos siglos de historia se pueden cruzar caminando apenas un rato. Estos cuatro puentes de Alemania no son los más famosos del mundo, pero tienen algo que a mí, cada vez que los visito, me cambia el pulso: la sensación de que la ingeniería del pasado y la del presente dialogan con el paisaje, y de que uno puede llegar a todos en transporte público, sin necesidad de alquilar un auto ni perderse en rutas que no conoce.

Erfurt y el puente donde vivían los mercaderes

Quien prefiera un paseo urbano tiene una cita obligada en Erfurt, una ciudad que se recorre a pie y que guarda, en pleno centro histórico, un puente singular: el Krämerbrücke, conocido como el puente de los Mercaderes. La construcción reúne 32 viviendas a lo largo de 125 metros, una rareza que muy pocos puentes en Europa conservan todavía con esa cantidad de gente viviendo arriba. Originalmente era de madera y sufrió varios incendios a lo largo de los siglos, hasta que fue reconstruido en piedra hacia 1325, cuando la Edad Media todavía daba sus últimos coletazos en la región.

Después de cruzar el puente, lo que a mí me gusta hacer es subir a la Colina de la Catedral, recorrer la Ciudadela de Petersberg y, si queda tiempo, detenerme en el Monasterio de San Agustín, donde Martín Lutero vivió entre 1501 y 1511, un dato que ayuda a dimensionar el peso cultural del lugar. Para llegar, el tren desde Leipzig tarda aproximadamente 45 minutos, y desde Berlín hay que calcular una hora y 40 minutos. La escapada se puede resolver perfectamente en un día, aunque si se quiere aprovechar la gastronomía local, conviene quedarse una noche y sentarse a comer Thüringer Rostbratwurst en alguno de los locales cerca del Fischmarkt.

Bastei: el puente de piedra sobre el Elba

Para una jornada entre montañas de arenisca, la opción es Bastei, en la Suiza Sajona, a unos 50 kilómetros de Dresde. El puente de Bastei tiene 76,5 metros de longitud y se eleva 40 metros sobre el río Elba. La estructura actual, con siete arcos de piedra, reemplazó en 1851 a una pasarela de madera que se había levantado en 1824, y desde entonces se convirtió en uno de los miradores más fotografiados de Alemania oriental.

Desde sus plataformas se ven la meseta de Lilienstein y la fortaleza de Königstein, dos íconos de la región que recomiendo mirar con binoculares si el día está claro. El acceso desde Dresde lleva alrededor de 40 minutos en el S-Bahn hasta Kurort Rathen, y después hay que cruzar el Elba en un pequeño ferry que todavía hoy funciona con la misma parsimonia de siempre. El sendero de ida y vuelta entre la estación del ferry y el puente es corto, pero conviene llevar calzado firme porque la roca de arenisca se desgasta y puede estar resbaladiza.

Geierlay: la pasarela colgante a 100 metros de altura

La tercera alternativa es Geierlay, en la región de Hunsrück, y a mí me gusta porque es el contraste perfecto con los dos anteriores: ya no hay piedra medieval ni roca sajona, sino una pasarela colgante moderna, pensada para que el cuerpo se luzca un poco. Mide 360 metros de largo y se eleva 100 metros sobre el valle del río Mörsdorf. Fue terminada en 2015, tiene una pasarela de tablones de abeto Douglas y un diseño que mira, según cuentan quienes la proyectaron, a los puentes colgantes de Nepal.

El detalle logístico importante es que no se puede llegar en tren directamente: desde Frankfurt hay que combinar tren y colectivo durante ese tramo final, ya que Mörsdorf no cuenta con estación ferroviaria. El viaje total ronda las tres horas, pero el entorno bien vale el traslado: hay senderos señalizados para caminar antes o después de cruzar la pasarela, y la zona suele ser tranquila incluso en temporada alta. Si se va en otoño, el bosque de Hunsrück se pone dorado y la caminata se vuelve memorable.

Kromlau y el arco que solo se mira desde la orilla

En Kromlau, en cambio, la visita tiene una regla clara, y conviene tenerla presente antes de ir: está prohibido atravesar el puente Rakotz. La estructura es un arco de basalto construido en 1860 que, por la curvatura exacta con la que fue diseñado, completa un círculo perfecto cuando se junta con su reflejo en las aguas del lago. Mide 20 metros de altura, está dentro de un parque de 200 hectáreas y se conserva como una pieza casi de laboratorio: por eso no se puede pisar, porque cualquier vibración o peso adicional pondría en riesgo su delicada geometría.

Para llegar desde la capital alemana, el trayecto indicado comprende dos horas de tren hasta Weißwasser, con transbordo en Cottbus, y otros 20 minutos en el ferrocarril de trocha angosta Waldeisenbahn Muskau, una línea histórica que ya de por sí justifica la excursión. A mí me gusta ir a primera hora, cuando todavía no hay público y el lago está en calma, porque ese es el momento en que el círculo se ve perfecto en el agua.

Cómo elegir la base y la escapada

La ciudad elegida como base ayuda a organizar la escapada: desde Leipzig se llega cómodo a Erfurt; Dresde permite acercarse a Bastei; Frankfurt sirve como punto de partida hacia Geierlay, y desde Berlín se puede combinar Erfurt y Kromlau en una misma ruta con noches intermedias. Cada uno de los recorridos se puede resolver en una jornada, aunque quienes viajen desde la Argentina y quieran sacar jugo al viaje, pueden armar un circuito de cuatro o cinco días uniendo los cuatro puentes sin necesidad de volver todas las noches al mismo hotel.

  • Erfurt (Krämerbrücke): puente con viviendas, 45 minutos desde Leipzig en tren.
  • Bastei: puente de piedra sobre el Elba, 40 minutos de S-Bahn desde Dresde hasta Kurort Rathen y cruce en ferry.
  • Geierlay: pasarela colgante de 360 metros, tren y colectivo desde la ciudad de Frankfurt durante unas tres horas.
  • Kromlau (Rakotz): arco de basalto que solo se observa desde la orilla, dos horas de tren desde Berlín hasta Weißwasser con transbordo en Cottbus.

Si tuviera que armar una recomendación para un lector que llega por primera vez, le diría que arranque en Erfurt, duerma una noche en la propia ciudad vieja, siga al día siguiente hacia Dresde y Bastei, y cierre el recorrido en Kromlau, que es la pieza más fotogénica y la más sensible de las cuatro. Es una ruta que se hace entera en transporte público, con tiempos razonables, y que deja la sensación de haber cruzado siglos de ingeniería sin haber pisado nunca una autopista. Y a quien todavía esté dudando, le digo lo de siempre: lo único que se necesita es un buen par de medias secas, una cámara con batería y la decisión de subirse al primer tren.

TG
Tomás GaunaTurismo y esteros

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