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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Cuando la fila se vuelve trinchera: Fito Páez se plantó en Mar del Plata y dejó una pregunta abierta

El rosarino frenó su show en el Polideportivo Islas Malvinas para cruzar al personal de seguridad, la producción reconoció fallas y en redes redobló la apuesta. Una pulseada por el lugar de cada uno que invita a repensar cómo convivimos en una sala con butacas numeradas.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 3 d
Cuando la fila se vuelve trinchera: Fito Páez se plantó en Mar del Plata y dejó una pregunta abierta

Permítanme arrancar como suelo hacerlo cuando la música se cruza con la vida cotidiana, con unos versos que me acompañan desde chico, esos que tarareaba mi viejo en la cocina mientras hervía la pava: "Kilómetro once, bajando por el viejo camino, va un pobre viejo guiando un carro, es todo el sol que tiene el alma". Es de un chamamé de Tarragó Ros, "Kilómetro 11", y me sirve una vez más para entrar en clima, porque lo que pasó el otro día en Mar del Plata tiene esa misma mezcla de cosas simples y profundas que tienen los pagos del litoral: la gente parada, la gente sentada, y alguien en el medio que tiene que decidir quién puede y quién no puede pararse a bailar.

Les cuento, porque vale la pena pisar el escenario desde el principio. Fito Páez, el Rosarino, el que en los ochenta nos cambió la vida con "El amor después del amor", estaba dando su show en el Estadio Polideportivo Islas Malvinas de La Feliz, delante de un público que pagó entradas con distintos precios y ubicaciones asignadas. Lo que tenía que ser una noche de festejo se transformó, en un momento, en una discusión sobre cómo nos tratamos en una sala. Fito vio que algunos espectadores eran obligados a permanecer sentados por el personal de seguridad, frenó el recital, agarró el micrófono y cruzó a los uniformados delante de todos.

Lo que dijo Fito, lo que respondió la producción

"No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", lanzó el músico desde el escenario, con la adrenalina al palo, y además le pidió al público que no se dejara "avasallar". La frase cayó como un balde de agua fría en medio de la euforia. Del otro lado, la producción explicó que la orden del operativo era clara: impedir que alguien dejara su fila y avanzara hacia localidades más caras o más cercanas al escenario. La idea, dijeron, era que cada uno pudiera pararse y bailar en el lugar que había comprado, sin que el de atrás se colara en el de adelante.

“Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre.”Fito Páez, en sus redes sociales

Ahora bien, y acá viene lo que a mí me parece lo más jugoso de la historia, la producción también reconoció lo suyo: admitió que algunos trabajadores de la seguridad pudieron haber interpretado la orden como "hacer sentar a la gente", cuando la consigna correcta era otra. Por eso, durante el mismo recital, se corrigieron indicaciones sobre la marcha, para que el control de las ubicaciones no terminara convertida en una orden de quietud obligatoria. Es decir, había un manual pensado para que todos bailaran en su sector, y por el camino se torció.

La otra cara de la moneda apareció después del show, cuando la producción empezó a recibir mensajes cruzados. Hubo asistentes que se quejaron por la reacción del músico y por la interrupción, sintiendo que Fito los había dejado en evidencia por querer cuidar su lugar. Otros, en cambio, plantearon lo contrario: pidieron que se respetaran las butacas que habían pagado y cuestionaron que la gente de las filas de atrás se fuera corriendo hacia adelante, costumbre vieja como el mundo en cualquier recital argentino, bah.

Fito, fiel a su estilo, no se calló después. Agarró el teléfono y volvió a escribir en sus redes para dejar dos cosas en claro. Una: el personal de seguridad que cuestionó no había sido contratado por él ni por su equipo, lo que le sacó el traje de patrón y lo vistió de espectador ofuscado. Dos: redobló la apuesta y sostuvo cada palabra dicha en el escenario. "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre", escribió, dejándole a quien lo critiqué la tarea de explicarle por qué estaría mal defender a un espectador de un manoseo innecesario.

Una pregunta que nos debemos como público

Y acá es donde me quiero detener, porque creo que lo de Mar del Plata no fue un papelón de nadie sino el síntoma de algo más grande que nos atraviesa. ¿Cómo se organiza un recital con localidades numeradas para que la gente pueda pararse, bailar, emocionarse, sin que eso se convierta en una invasión del espacio del otro? Es una pregunta que parece técnica y termina siendo casi filosófica, y que los promotores, los artistas, la seguridad y el público deberíamos responder juntos. Mientras tanto, yo me quedo con la imagen de Fito parado en el escenario, defendiendo a un desconocido de una fila cualquiera, porque alguien, en algún momento, le enseñó que la música se hace entre todos o no se hace. Le recomiendo a quien lea estas líneas que, la próxima vez que vaya a un show con butacas, mire al de al lado antes de quejarse: capaz que entre los dos están inventando el modo de pasarla bien que nadie escribió todavía.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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