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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Cuando la broma se vuelve daño: el caso de Rasmus Wallbridge sacude a la televisión danesa

Un programa de TV 2 Echo engañó durante cuatro meses al humorista con la ayuda de 149 personas, y la indignación pública obligó a la cadena a cambiar sus planes.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 2 h
Cuando la broma se vuelve daño: el caso de Rasmus Wallbridge sacude a la televisión danesa

Hay historias que uno lee y se queda pensando mucho después de cerrar la pantalla. La que llega desde Dinamarca es una de ésas, porque pone sobre la mesa una pregunta incómoda que la televisión de entretenimiento viene postergando desde hace años: hasta dónde puede llegar una broma antes de transformarse en un perjuicio real para la persona que la sufre.

El 26 de octubre, la cadena TV 2 Echo estrenó el programa « Alle elsker Rasmus » (Todos quieren a Rasmus). La premisa era simple de enunciar y muy complicada de sostener: el humorista Rasmus Wallbridge fue sometido durante cuatro meses a una broma continua, grabada con cámara oculta, en la que participaron 149 personas, entre ellas amigos personales y su pareja artística. Todos ellos actuaron como cómplices para convencerlo de que estaba protagonizando una versión danesa de una película de comedia de terror.

Un engaño que se estiró más de lo imaginable

Lo que vuelve particular este caso es la duración y la profundidad del engaño. Según el material disponible, la farsa incluyó viajes al exterior aun cuando Wallbridge acababa de ser padre, un detalle que hace todavía más difícil de justificar la decisión de sostener la mentira. También se extendió hasta alcanzar lo que él creía era el gran sueño de su carrera, de modo que el montaje no sólo tocó su vida familiar sino también sus expectativas profesionales.

Cuando el último episodio reveló finalmente la verdad, la producción recurrió a un fragmento de audio editado en el que el humorista aparecía riéndose. Ese recurso generó acusaciones adicionales sobre la manipulación del material, porque dejaba la sensación de que la reacción del protagonista también había sido construida para el resultado final.

La presión contractual y la reacción del público

El costado contractual también quedó en el centro de la discusión. Al terminar las grabaciones, a Wallbridge se le ofreció el equivalente a unos 3.300 euros si rechazaba la emisión, frente a unos 107.000 euros si la autorizaba. Como sus apariciones en el programa eran su principal fuente de ingresos en ese período, la presión para aceptar resultaba, según se desprende del relato, considerable.

La respuesta del público fue inmediata y mayormente negativa. Ante el escándalo, la cadena decidió emitir de corrido los cinco episodios restantes, tres días después del estreno, con la intención de reducir el impacto. La ministra de cultura, Zenia Stampe, tomó posición pública y calificó el formato de repugnante. Tras ver el resultado emitido, Wallbridge rechazó el proyecto cinematográfico que la productora le había prometido como parte del engaño y, según trascendió, cortó el vínculo con varias de las personas que participaron, entre ellas su mejor amigo.

  • Duración del engaño: cuatro meses de broma continua con cámara oculta.
  • Participantes: 149 personas, incluidos amigos y la pareja artística del humorista.
  • Oferta económica: unos 3.300 euros por rechazar la emisión, frente a unos 107.000 por autorizarla.
  • Consecuencias: la cadena adelantó la emisión y la ministra de cultura cuestionó el formato.

Como lector, uno no puede evitar ponerse en el lugar de Wallbridge, un padre reciente que ve cómo su trabajo y sus afectos se convierten en el escenario de una mentira que nunca eligió. Por eso creo que el debate que abrió este programa va más allá de Dinamarca. La pregunta que deja flotando, y que conviene responder con calma, es dónde termina el entretenimiento y dónde empieza el daño real a una persona.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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