Cuando el aire de Neuquén se pone espeso: lo que dejó agosto en los medidores de la universidad
Un estudio de la Universidad Nacional del Comahue detectó seis momentos críticos de contaminación durante el mes pasado, empujados por la humedad, el viento cambiante y una amplitud térmica fuera de lo común. Qué pasó, por qué pasó y qué tener en cuenta para el día a día.
A Marta, que tiene 58 años y hace cuarenta que vive en el barrio Confluencia, le cuesta cada vez más abrir la ventana a la mañana. Antes lo hacía sin pensarlo; ahora mira el cielo, huele el aire y duda. No es la única: en agosto, la ciudad de Neuquén registró seis momentos en los que el aire dejó de estar limpio según los registros del Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue, un trabajo que se hizo junto con la empresa Clean Air Data y que volvió a poner sobre la mesa una preocupación que muchos vecinos expresan en la calle y pocos pueden medir.
El informe, que se construyó a partir de monitoreos en tiempo real, identificó tres episodios con elevada concentración de material particulado, esa mezcla de partículas diminutas que quedan suspendidas en el aire y que, cuando se respiran, entran profundo en los pulmones. El más severo ocurrió entre el 15 y el 17 de agosto, cuando el PM10 trepó hasta 520 microgramos por metro cúbico, un valor muy por encima de los umbrales de referencia que se manejan para considerar el aire saludable. Otros dos momentos complicados se dieron entre el 18 y el 20 y alrededor del 24 de agosto.
El monóxido de carbono también se hizo notar
No fue solo polvo en suspensión. El monóxido de carbono, ese gas que sale de los caños de escape y de las calefacciones cuando la combustión no es completa, tuvo tres picos puntuales: los días 16, 18 y, con mayor fuerza, entre el 19 y el 20 de agosto, cuando llegó a 2,3 partes por millón. Para dimensionarlo, basta con pensar que ese gas es el mismo que producen los autos en un garaje cerrado, solo que aquí se midió en la ciudad abierta, mezclado con el resto del aire que respiran miles de personas.
Un agosto de extremos: por qué el tiempo empeoró las cosas
Lo más interesante del estudio, y lo que explica por qué agosto fue un mes tan particular, está en la meteorología. La amplitud térmica fue enorme: durante la primera quincena las mínimas cayeron hasta 0 y 2 grados, mientras que hacia fin de mes las máximas pasaron los 20 grados. La humedad relativa promedio fue del 58,9 por ciento, pero hubo jornadas con más del 90 por ciento y otras con menos del 25 por ciento. Y el viento, que suele ser el gran aliado para limpiar el aire, tuvo un comportamiento esquivo: cuando soplaba suave y el aire se quedaba quieto, los contaminantes se acumulaban cerca del suelo; cuando soplaba fuerte, levantaba las partículas que ya estaban depositadas y generaba nuevos picos en suspensión. Una trampa de la que cuesta zafar.
“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio del Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la UNCo
Qué hacer en el día a día, según los datos
Para los vecinos de zonas con mucho tráfico o que calefaccionan con gas o leña, los días de estabilidad atmosférica son los que más piden precaución. La recomendación de los especialistas pasa por ventilar los ambientes en las horas en que hay más movimiento de aire, evitar el esfuerzo físico al aire libre en los momentos más críticos y, sobre todo, no quedarse con la idea de que porque el aire no se ve sucio, está limpio. Como me decía Marta, mientras acomodaba unas plantas en su patio del Confluencia: "uno se da cuenta de que la ciudad cambió, y los datos te terminan confirming lo que el cuerpo ya te decía". El cuerpo, a veces, sabe antes que el medidor.
