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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa corporal de más se vuelve un problema para músculos y hormonas

La grasa no es solo una reserva de combustible ni un enemigo a reducir a cualquier costo: cumple funciones hormonales y metabólicas clave. Especialistas advierten que llevar los niveles al mínimo puede traer consecuencias que van desde la pérdida de masa muscular hasta alteraciones en el ciclo menstrual y en la respuesta a infecciones.

Por Paola MezaSociedad y vida · · hace 19 h
Cuando bajar la grasa corporal de más se vuelve un problema para músculos y hormonas

En el consultorio de la doctora Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, las pacientes suelen llegar con una misma pregunta, casi un pedido: quieren bajar el porcentaje de grasa corporal hasta límites que, en la jerga del gimnasio, se consideran sinónimo de definición muscular. Ahí empieza, según cuenta la propia Hew-Butler, una conversación incómoda, porque esa obsesión por achicar la grasa puede terminar haciendo exactamente lo contrario de lo que se propone: deteriorar los músculos, alterar las hormonas y dejar al cuerpo sin reservas para defenderse de una infección grave.

Para entender por qué, conviene empezar por lo básico. El tejido adiposo, esa grasa que todos tenemos y que muchos quisieran ver reducida a cero, no está ahí solo para guardar energía: produce leptina, una hormona que le avisa al cerebro cuánta reserva hay disponible. Cuando esa señal baja demasiado porque las reservas cayeron, el organismo empieza a priorizar: relega funciones que considera accesorias para sobrevivir con lo que le queda. Ahí aparecen los problemas.

Lo que muestra la evidencia en deportistas

En un estudio con más de 700 deportistas se utilizó la densitometría DEXA, una técnica que distingue con bastante precisión entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y suele ser cara. Los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que muchas veces se menciona cuando se habla de definición extrema. La conclusión de las investigadoras que participaron en ese trabajo es que esos valores tan populares no aparecen en la práctica ni siquiera entre los atletas más delgados.

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo resume con una frase que, según dice, repite hasta el cansancio en su consultorio: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción calórica muy fuerte reduce esas reservas, el cuerpo empieza a tirar del músculo para obtener energía, y al mismo tiempo se resiente la capacidad del organismo para generar y reparar tejido óseo.

  • En hombres con alimentación insuficiente puede caer la testosterona, junto con la energía y el rendimiento deportivo.
  • En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o incluso con la ausencia directa del período.
  • Tener pocas reservas dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves, según explicó Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford.

Un porcentaje, mil lecturas distintas

Además, Maung insiste en algo que suele quedar afuera de la conversación: un porcentaje de grasa corporal, mirado aisladamente, dice muy poco. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde está distribuida esa grasa. Las herramientas de medición tampoco son equivalentes: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según cómo esté la persona de hidratada ese día, mientras que el método de pliegues cutáneos, ese que se hace con un calibre sobre distintas partes del cuerpo, no permite conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más preocupa desde el punto de vista metabólico.

Ahí entra otro punto que los especialistas remarcan con preocupación, casi con urgencia: el exceso de grasa también importa, especialmente cuando se acumula alrededor de los órganos. A esa grasa se la llama visceral, y cuando crece en demasía favorece la liberación de sustancias que terminan alterando el metabolismo. En criollo, como suele decir Marta, una vecina de 52 años que va al mismo centro de salud que yo: el cuerpo no es una planilla de Excel, ni la grasa es solo un número que bajar.

La idea que va quedando, y que las investigadoras remarcan cada vez que pueden, es que no existe un porcentaje de grasa adecuado para todo el mundo: depende de la edad, del sexo, del nivel de actividad y hasta de cómo cada método mide. Karpe, el especialista de Oxford, lo dice con una imagen que se repite en sus papers: la grasa cumple funciones en el cuerpo, ja, y cuando se la reduce de más esas funciones se resienten. Es lo que en el laboratorio llaman, con una palabra que suena técnica pero describe algo muy concreto, economía del organismo: si no hay reservas, se gasta menos en lo que no es indispensable, músculos y defensas incluidas. Y lo que empezó como un dato de consultorio, un número en una balanza, termina explicando por qué alguien que entrena puede sentirse cada vez más cansado, perder masa muscular en lugar de ganarla o ver alterado su ciclo menstrual. La grasa, parece, no era el enemigo.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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