Chiquita vuelve a casa: Mirtha Legrand dejó el sanatorio y sigue la recuperación rodeada de los suyos
La conductora, próxima a cumplir un siglo de vida, obtuvo el alta este martes a las 17 en el Mater Dei, después de casi tres semanas de internación por un cuadro respiratorio. Juana Viale, que se hizo cargo de las mesas durante su ausencia, fue contando paso a paso la evolución de su abuela.
Tengo que confesar que cuando supe que Mirtha Legrand dejó el Sanatorio Mater Dei este martes a las 17, después de casi tres semanas de internación, sentí ese alivio que uno siente cuando ve reaparecer a alguien que es parte de la propia biografía. La Chiquita, como le decimos los que la seguimos desde antes de que la pantalla chica fuera una costumbre doméstica, volverá a su casa para terminar de recuperarse, y la noticia, créanme, no es menor: estamos hablando de una mujer de 99 años que atraviesa un trance de salud con la dignidad con la que atravesó todo en la vida, es decir, sin hacer ruido y mirando hacia adelante.
La última vez que la vimos al frente de La noche de Mirtha fue el viernes 29 de agosto, y desde entonces su nieta Juana Viale se hizo cargo tanto de las cenas de los sábados como de los almuerzos de los domingos. La transición fue limpia, profesional, casi sin sobresaltos, como suele ocurrir en las familias que aprendieron a sostenerse en público sin perder la intimidad. Juana, mientras tanto, se transformó en una especie de vocera involuntaria: cada sábado, cada domingo, iba contando cómo evolucionaba su abuela, y lo hacía con esa mezcla de firmeza y ternura que sólo se aprende cuando se quiere de verdad.
Un cuadro que pasó por dos tiempos
La historia clínica reciente de la Legrand tiene dos capítulos que conviene entender para no perdernos. En septiembre, la conductora había empezado con un cuadro gripal que derivó en una bronquitis, y el domingo 13 de ese mes recibió una primera alta para terminar de recuperarse en su domicilio. La alegría en casa duró poco: una descompensación respiratoria la volvió a llevar al Mater Dei el jueves 18, y ahí empezó la segunda internación, la que terminó este martes con el regreso al hogar.
- Tratamiento con antibióticos hasta completar el esquema.
- Rehabilitación kinesiológica diaria para recuperar capacidad respiratoria y movilidad.
- Controles clínicos periódicos a cargo del director médico Enrique Echagüe.
- Seguimiento nutricional para sostener el estado general.
- Pases a habitación común a medida que la evolución lo permitió.
A lo largo de esos días, los partes médicos fueron marcando una curva ascendente. El jueves 25 de septiembre, Echagüe contó que Legrand aumentaba su actividad física dentro del sanatorio. El martes 30, confirmó una mejoría concreta de la neumopatía. El jueves 2 de octubre, en cambio, todavía no había una fecha de salida; el lunes siguiente, la institución informó que la paciente progresaba en la rehabilitación y permanecía en una habitación común, y se preveía una nueva actualización para el miércoles si no se producían cambios. El alta, finalmente, llegó antes de ese parte.
“Bien, mejorando momento a momento, día a día. Ella mira todo y después de cada programa me hace llegar sus comentarios.”Juana Viale, en su programa del 3 de octubre
Esa frase de Juana, que retengo casi de memoria porque la dijo mirando a cámara con esa calma que heredó de su abuela, resume algo que a mí, como espectador de toda la vida, me sigue conmoviendo: la Chiquita no se fue del todo mientras estuvo internada. Miraba las emisiones desde su habitación, opinaba, corregía, hacía llegar sus devoluciones. Era como si la mesaza siguiera funcionando en dos puntas, con la conductora en la casa y la conductora en el sanatorio, sosteniendo un diálogo invisible que atravesaba paredes.
La mesa chica de los Legrand-Viale, en movimiento
Pienso en la cantidad de veces que esta columna habló de Mirtha a lo largo de décadas, y siempre aparece la misma certeza: detrás de cada figura pública hay una familia que trabaja en silencio para que la maquinaria no se detenga. Juana no fue sólo un reemplazo; fue la garantía de que la marca familiar, esa cosa tan argentina que combina oficio, apellido y televisión, siguiera intacta. Y lo hizo sin pisar el lugar de su abuela, dejando siempre la puerta abierta para el retorno.
Me animo a decir que esta historia se conecta con otra que conté hace años, cuando Mirtha superó otra internación y volvió a la pantalla con esa vitalidad que parece no tener vencimiento. Cada vez que la dimos por retirada, volvió. Cada vez que el parte médico sonó preocupante, la Chiquita le ganó al parte. Es una costumbre de décadas que el público argentino ya conoce y, casi sin darse cuenta, festeja.
Ahora, con el alta bajo el brazo, la pregunta que nos hacemos en la redacción y que ustedes seguramente se hacen en la mesa del domingo es cuándo volverá a estar al frente de su programa. Nadie tiene esa respuesta todavía, y está bien que así sea: lo urgente es que descanse, que termine la rehabilitación kinesiológica en casa, que se deje querer por los suyos. Lo demás, si la historia sirve de algo, llegará cuando tenga que llegar.
Mi recomendación, mientras tanto, es sencilla y se la dejo en primera persona: vuelvan a buscar en el archivo alguna de las últimas emisiones que Mirtha condujo antes del 29 de agosto, miren cómo saluda, cómo mira a sus invitados, cómo corta un tema con esa energía que parece no tener código postal. Háganlo como un pequeño homenaje privado. Cuando la Chiquita vuelva —y yo apuesto a que va a volver—, vamos a entender mejor por qué la extrañamos tanto.
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