Carrie vuelve a la pantalla, ahora en serie y con el bullying que ya viaja por wifi
La novela de Stephen King que en 1974 encendió el debate sobre el acoso escolar regresa como una producción de ocho capítulos en Prime Video, escrita y producida por Mike Flanagan, que le suma a la historia el peso de las redes sociales y le da más aire a la relación entre madre e hija
Yo que soy de los que todavía tararean la chamarrita del Litoral cuando arranca el noticiero, no puedo evitar detenerme cuando un clásico vuelve a salir al escenario con ropa nueva. Y esta vez le toca a esa muchachita de mirada asustada que Stephen King puso en el mundo hace ya más de medio siglo, cuando todavía no existían los teléfonos con cámara ni los grupos de WhatsApp. Sí, hablo de Carrie White, la chica que en 1974 nos hizo entender que el patio de la escuela podía ser un campo de batalla y que el estigma podía instalarse en una casa como un mueble más. Hoy la historia regresa convertida en una serie de ocho episodios que Prime Video puso en línea el 7 de octubre, escrita y producida por Mike Flanagan, con dirección del propio Flanagan en cuatro capítulos y con el sello del propio King como productor ejecutivo, lo que siempre es una garantía de que el ADN de la novela no se traiciona en el camino.
El bullying que ahora se viraliza
Lo que me resulta más interesante de esta nueva lectura, y lo confieso porque soy un curioso del comportamiento humano, es que Flanagan no se quedó en la foto fija de la novela original. Entiende que vivimos en una época donde la humillación no termina cuando suena la campana del colegio, sino que se cuela por la pantalla del celular y persigue a la víctima hasta en la mesa familiar. Por eso decidió incorporar la exposición digital al conflicto central: hoy un video de un momento de fragilidad puede circular por redes sociales y amplificarse hasta límites que la Carrie de 1974 jamás hubiera imaginado, y ese cambio, que parece un detalle, en realidad redefine toda la arquitectura del terror porque el acoso deja de tener horarios y de respetar la puerta de una casa. Lo dijo Summer H. Howell, la actriz canadiense de 22 años que se quedó con el papel tras un casting de más de mil quinientos postulantes, cuando planteó que los errores de la adolescencia ahora pueden quedar registrados y difundirse, una idea que, me parece a mí, le da a esta versión una vigencia que en otros tiempos habría sido impensada.
“Para mi gusto, la gran apuesta de Flanagan pasa por entender que en 2025 la vergüenza se mide en likes y en reenvíos, y que el verdadero enemigo de Carrie ya no es solo la chica popular del aula sino ese dispositivo que llevamos en el bolsillo”Aníbal Benítez
La relación con la madre, el corazón de la serie
Otro acierto que quiero destacar, porque soy de los que creen que sin afecto no hay personaje, es la decisión de darle más espacio a la relación entre Carrie y su madre Margaret, interpretada por Samantha Sloyan, una actriz que la viene acompañando a Flanagan desde Doctor Sueño y que conoce bien el universo del escritor de Maine. La propia Sloyan contó que ese vínculo fue el punto de partida para el director, y que la extensión del formato serial permitió explorar con detalle a estas dos mujeres, una madre fanática religiosa criada en el encierro doméstico y una hija que empieza a descubrir el mundo, en una dinámica que combina el control, el miedo y un cariño retorcido por las circunstancias. Ese núcleo familiar, que en la película de De Palma quedaba sugerido en apenas unos planos, acá respira a lo largo de varios capítulos y le devuelve a Margaret una densidad psicológica que la vuelve, a mi modo de ver, tan protagonista como la propia Carrie.
- Summer H. Howell (Carrie White): actriz canadiense de 22 años, seleccionada entre más de 1500 postulantes, que se mantuvo virgen de toda referencia previa sobre el personaje hasta conseguir el papel.
- Samantha Sloyan (Margaret White): la actriz que se pone en la piel de la madre y describe la relación madre-hija como el corazón de esta nueva versión.
- Siena Agudong (Sue Snell), Joel Oulette (Tommy Ross) y Amber Midthunder (Miss Desjardin): el reparto que completa el universo de Chamberlain, Maine, en esta adaptación.
- Mike Flanagan: showrunner, guionista y productor ejecutivo, que además dirige cuatro de los ocho episodios y suma otra colaboración con Stephen King luego de El juego de Gerald y Doctor Sueño.
Una Carrie que se atreve a mirar el mundo
Quiero detenerme un instante en Summer H. Howell, la Chinita como cariñosamente empiezan a llamarla algunos sitios especializados, porque su elección me parece un hallazgo que vale la pena subrayar. La joven contó que no había leído el libro ni visto las versiones anteriores cuando le llegó la audición, y que decidió conservar esa distancia a lo largo de todo el proceso, una postura que le permitió construir a Carrie sin la mochila de las actrices que la precedieron. Esa frescura, sumada a su decisión de destacar las ganas de descubrir el mundo y de relacionarse con otros por encima del espanto, le da al personaje un costado luminoso que en otras adaptaciones quedaba aplastado por el desenlace, y permite que el espectador se enganche con ella desde el primer capítulo. Y acá viene mi recomendación de siempre, la de un servidor que todavía cree en la sobremesa y en la conversación cara a cara: si tienen en casa un pibe o una piba en edad de empezar a discutir sobre el uso del celular, dense el tiempo de ver los ocho episodios juntos, en familia, con la puerta del living abierta y la pantalla en pausa cada vez que alguien quiera opinar, porque esta Carrie no asusta por sus poderes telequinéticos sino porque nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad con la exposición que les damos a nuestros gurises en el mundo digital.
A mí, que vengo creciendo con las historias de King desde los tiempos en que los libros se compraban en las librerías de Corrientes y se prestaban entre vecinos, esta nueva Carrie me deja una sensación curiosa, como de volver a un pago conocido pero con la ruta asfaltada. El pueblo es el mismo, los personajes también, pero el paisaje cambió y eso, lejos de arruinar el viaje, lo hace más necesario que nunca.
