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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Breaking Bad, la serie que se coronó en lo más alto de un siglo de ficción televisiva y que todavía interpela desde su primera escena

La historia de Walter White, el profesor de química que se convierte en fabricante de metanfetamina, fue elegida como la mejor serie del siglo XXI por 500 referentes de la industria. Repaso de una ficción que cambió el modo de narrar en la pantalla chica y que abrió un universo que todavía sigue dando que hablar.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 10 d
Breaking Bad, la serie que se coronó en lo más alto de un siglo de ficción televisiva y que todavía interpela desde su primera escena

Permítanme empezar como chaqueño que soy, con una imagen bien nuestra: imagínense la cocina de cualquier casa del litoral un domingo al mediodía, con el cheiroco y el reviro del chamamé sonando de fondo, y un hombre que llega con las manos todavía temblándole porque acaba de dejar de ser lo que fue toda su vida. Esa cocina, esa transformación, es exactamente lo que Vince Gilligan puso en pantalla en 2008 con Breaking Bad, y es la razón por la que, más de una década después, esa ficción sigue ocupando el primer puesto en cualquier conversación seria sobre televisión. La serie acaba de ser consagrada como la mejor del siglo XXI en una encuesta que reunió la opinión de 500 figuras de la industria audiovisual, y no me parece una exageración: les confío que la vi cuando se estrenó acá, en una televisión de tubo, y todavía me acuerdo de la sensación de que estaba viendo algo que no se parecía a nada de lo que yo había visto antes.

Para quien todavía no la conozca, vale la pena que me detenga a explicarla con calma: Bryan Cranston interpreta a Walter White, un profesor de química de secundaria en Albuquerque, Nuevo México, que un buen día recibe un diagnóstico que le cambia la vida. Le dicen que tiene un cáncer de pulmón avanzado, que el tratamiento va a ser carísimo y que, con el sueldo de docente, no le va a quedar nada a su familia. A partir de ahí, White decide recurrir a todo lo que sabe de química para fabricar y vender metanfetamina, y la serie sigue ese camino durante 62 episodios que se emitieron entre 2008 y 2013.

Un personaje que se desmorona capítulo a capítulo

Lo que a mí siempre me pareció lo más notable de Breaking Bad, y lo que la distingue de otras ficciones de su época, es que no estamos frente a un antihéroe clásico que ya nace torcido. Walter White arranca como un tipo común, un poco gris, casi nadie en su entorno lo mira dos veces. La transformación hacia Heisenberg, su alias en el narcotráfico, no llega de un día para el otro sino que se va cocinando a fuego lento, capítulo a capítulo, como el locro que mi vieja dejaba en la olla desde la mañana. Los primeros episodios tienen un tono de comedia negra muy marcado, con momentos casi de sitcom; pero a medida que avanzan las temporadas, la cosa se va poniendo más seria, más oscura, más incómoda, porque ya no alcanza con mirar al hombre que se quebró: hay que ver cómo se reconstruye alguien que perdió el piso.

Y acá quiero detenerme en algo que me parece fundamental, porque muchas veces se habla de la serie por la actuación de Cranston, que es descomunal, pero también hay otros dos nombres que no pueden quedar afuera: Aaron Paul como Jesse Pinkman, el exalumno de White que se convierte en su socio, y Anna Gunn como Skyler, la esposa del protagonista. Jesse es el que le pone el corazón a la historia, el que todavía duda, el que se arrepiente, el que funciona como nuestra conciencia dentro del relato. Skyler, en tanto, es el personaje que más se discutió cuando la serie se emitía, pero que con el paso de los años fue ganando reconocimiento, porque Gunn sostiene una actuación increíble en medio de un mundo que claramente se le va de las manos. El elenco de Breaking Bad tiene algo que muy pocas veces se ve: cada uno de sus integrantes parece haber entendido que el objetivo no era lucirse, sino servir a la historia.

El veredicto de los que saben

Ahora bien, lo que le da actualidad a este repaso es el dato que motivó la nota: Breaking Bad quedó primera en una selección de las 100 mejores series del siglo XXI. Para armar el listado se consultó a 500 referentes del mundo de la televisión, y entre ellos figuraron nombres de mucho peso, como las actrices Elisabeth Moss y el propio Cranston, el actor Jason Bateman y los showrunners Damon Lindelof y Noah Hawley. Cuando una ficción consigue el reconocimiento de la gente que trabaja todos los días en el medio, algo está diciendo. Y no es la primera vez que Breaking Bad recibe este tipo de consagraciones, pero sí es una buena excusa para volver a recomendarla, sobre todo a quienes todavía no se animaron a verla o a quienes, como me pasó a mí, la vieron hace mucho y necesitan revisitarla con ojos nuevos.

  • Better Call Saul (puesto 27 en la misma selección), la precuela centrada en el personaje de Bob Odenkirk, que cuenta cómo un abogado de segunda línea se va metiendo de a poco en el mundo del crimen que Breaking Bad retrata.
  • El camino, la película de 2019 que funciona como cierre de la historia de Jesse Pinkman, otra vez con Aaron Paul en el papel principal, y que sirve para entender qué pasó con él después de la última escena de la serie.
  • Los 62 episodios originales, que se pueden volver a ver en distintas plataformas de streaming y que siguen tan vigentes como el día que se emitieron.
  • La actuación de Bryan Cranston, que sigue siendo, a mi juicio, una de las mejores interpretaciones que se hayan visto nunca en televisión y que le valió cuatro premios Emmy.

Una serie que dejó huella

Si me permiten una reflexión bien de columnistazo, les digo que Breaking Bad no es solo una serie sobre un hombre que hace drogas: es una serie sobre las decisiones que tomamos cuando sentimos que se nos acaba el tiempo, sobre cómo el miedo y el orgullo pueden torcer una vida entera, sobre esa zona gris donde lo correcto y lo incorrecto dejan de estar tan claros. Es una ficción que nos obliga a preguntarnos qué habríamos hecho nosotros en el lugar de Walter White, y eso es lo que la hace grande. La vuelvo a recomendar, como se recomienda una buena música de los Ramírez o un buen disco de Monchito Merlo: con la certeza de que quien la vea va a encontrar algo para llevarse puesto. Y si ya la vieron, les dejo el ejercicio de revisitarla, porque, como pasa con las grandes obras, cada vez que uno vuelve descubre algo nuevo.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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