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Jueves, 8 de octubre de 2026
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Black Torch: un ninja, un gato negro y una amistad que se vuelve llama

La serie animada que adapta el manga de Tsuyoshi Takaki llega a Crunchyroll con doce episodios en los que Jiro y Rago, un joven que habla con animales y un espíritu con forma de gato negro, aprenden a sobrevivir juntos en una ciudad infestada de monstruos.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · · hace 11 d
Black Torch: un ninja, un gato negro y una amistad que se vuelve llama

Viene del monte, viene del árbol, viene del roca / viene llamando el hombre que tiene fe, dice una de las estrofas más queridas del chamamé, y cada vez que me siento a escribir sobre un relato que une a un ser humano con una criatura que no termina de ser ni animal ni espíritu, esa zamba de Mario Bofill me vuelve a la cabeza como un retorno inevitable. Por eso, cuando la pantalla me devolvió la imagen de un chico japonés que extiende la mano hacia un gato negro herido en medio de un bosque, no pude menos que pensar en esos cruzamientos que la literatura popular viene imaginando desde hace décadas, cuando el cómic europeo y la historieta latinoamericana se animaban a fabular sobre vínculos imposibles entre especies. Black Torch, la nueva serie animada disponible en Crunchyroll, vuelve sobre esa poética del lazo entre opuestos, y lo hace con la solvencia de una propuesta que, en menos de seis horas de duración total, condensa acción, fantasía urbana y una historia de aprendizaje mutuo.

Un abuelo ninja, un chico que escucha a los animales

La historia arranca con Jiro, un joven que recibió de su abuelo las técnicas ninja que la familia preserva como reliquia. Pero la herencia más fina que porta no es la del combate, sino la de poder hablar con los animales, una capacidad que en estas latitudes llamaríamos don, y que en la serie funciona como bisagra de toda la trama. Jiro no es un guerrero clásico, es un escuchador, un intérprete del lenguaje sin palabras, y esa condición lo lleva una tarde cualquiera a internarse en un bosque donde descubre a Rago, un mononoke, un espíritu antiguo con aspecto de gato negro que yacía herido, sellado durante años en un estado cercano a la muerte.

El encuentro, claro, no podía terminar en un simple rescate. Otro mononoke ataca, y Jiro se interpone para defender a Rago, lo que le vale una herida que nadie podría sobrevivir. Para salvarlo, el espíritu decide fusionarse con el cuerpo del muchacho, en un gesto que mezcla la camaradería de los viejos cuentos de hadas con la lógica del manga sobrenatural. Desde entonces, Jiro comparte su existencia con una fuerza que le confiere poderes desconocidos, pero que también le exige aprender a convivir con alguien que no termina de ser él ni de ser otro, un dilema que el relato trabaja con paciencia.

Black Torch, la oficina que pelea contra espíritus

Ese punto de inflexión lleva a los protagonistas hasta la Oficina de Espionaje, donde se integra a un nuevo departamento bautizado Black Torch, cuya misión específica es enfrentar a los espíritus malignos que amenazan la ciudad. La inclusión del muchacho en esa estructura no es solamente profesional, también es afectiva: allí convive con una joven y con un tercer integrante de carácter serio, casi hosco, que va a funcionar como contrapeso del vínculo más íntimo que Jiro entabla con su compañero espiritual.

  • La fusión entre un humano y un espíritu como motor dramático, un recurso que ya había explorado la animación japonesa en títulos anteriores, pero que aquí se trabaja con un tono menos solemne.
  • La convivencia entre tecnología contemporánea y técnicas ninja, una mezcla habitual del género que aquí funciona sin estridencias.
  • La presencia de un departamento especializado que da marco operativo a los combates y permite variar escenarios a lo largo de los doce episodios.
  • El recorrido breve del manga original, que comenzó a publicarse en 2016, pasó al formato digital y fue cancelado en 2018 tras reunir 19 capítulos en cinco volúmenes, lo que vuelve a la animación una suerte de cierre para una obra que no llegó a expandirse en papel.
“El vínculo entre Jiro y Rago ocupa un lugar central en el relato, y le da a la serie algo que va más allá del género: la pregunta por cómo se convive con un otro que llevás dentro.”Aníbal Benítez

Te confieso algo, querido lector: yo entré a Black Torch sin demasiadas expectativas, y salí con la sensación de haberme topado con una de esas series pequeñas que se acomodan en el calendario sin hacer ruido, pero que después dejan una huella. Si te animás a darle una oportunidad, te recomiendo verla de a dos o tres capítulos por noche, con un mate al lado, y prestar atención no tanto a los combates, que los hay y están bien resueltos por 100studio, el estudio de animación que llevó adelante la producción, sino a los silencios entre Jiro y Rago, esos momentos en los que un muchacho y un espíritu descubren, casi sin querer, que pueden cuidarse. A veces, en menos de seis horas, cabe una amistad entera.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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