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Aguas que curan y mueven la economía: el termalismo argentino entra en su mejor momento

Más de cuarenta complejos distribuidos por todo el país registran una temporada histórica, con Entre Ríos y Santiago del Estero a la cabeza y aperturas recientes en Buenos Aires y Neuquén que reconfiguran el mapa del bienestar.

Por Lisandro OjedaAmbiente y conservación · 30 de agosto de 2026 · hace 22 h

El termalismo dejó de ser una postal de postal para transformarse en una de las ramas más dinámicas del turismo nacional, con un movimiento de visitantes que no deja de crecer y con una red de complejos que se expande hacia provincias donde la actividad era impensada hasta hace pocos años. La Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación lo sintetiza con una fórmula que las estadísticas vienen ratificando: un crecimiento sostenido de la mano de la mejora en la infraestructura, la diversificación de la oferta y la búsqueda, cada vez más extendida, de espacios donde el cuerpo pueda resetearse en un marco natural.

Los dos polos históricos de la actividad siguen siendo Las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, y la provincia de Entre Ríos. En la última década las visitas a los hoteles termales de Río Hondo se duplicaron, y en Entre Ríos el crecimiento llegó al 110 por ciento en el mismo período, con 2,5 millones de visitantes solo en 2023. Santiago del Estero, en tanto, superó las 170 mil personas alojadas en sus hoteles termales durante ese mismo año, una cifra que da cuenta de la magnitud de una actividad que combina descanso, salud y movimiento económico en ciudades donde el termalismo suele ser el motor principal.

¿Qué tienen las aguas que las hace tan buscadas?

No todas las aguas termales son iguales, y esa diversidad es una de las claves de su atractivo. Según la temperatura de surgencia se clasifican en hipotermales (entre 20 y 35 grados), mesotermales (de 35 a 45 grados) e hipertermales (por encima de los 45 grados). Y según los minerales predominantes pueden ser sulfurosas, cloruradas, bicarbonatadas o ferruginosas, entre otras variantes, cada una con aplicaciones terapéuticas distintas. Esa variedad explica por qué un mismo viaje puede servir para rehabilitar una rodilla, mejorar una afección de piel o simplemente cortar con la rutina urbana, y por eso el segmento logra convocar tanto al paciente que llega con indicación médica como al viajante que solo necesita parar.

¿Qué se ofrece fuera de los dos destinos clásicos?

  • Termas de Tapalqué, en la provincia de Buenos Aires, abrió sus puertas en 2023 a 265 kilómetros de la Ciudad Autónoma y se sumó como una opción cercana para escapadas de fin de semana.
  • El Centro de Rehabilitación Termal de Loncopué, en Neuquén, reabrió en abril de 2026 con un perfil sanitario orientado a kinesiología y fisioterapia, lo que abre un capítulo nuevo para el termalismo patagónico.
  • Entre Ríos sostiene la red más federal del país, con 16 centros termales distribuidos en 13 ciudades que aprovechan recursos distribuidos a lo largo de toda la provincia.
“Los beneficios son sobre todo de relajación, y el sistema más beneficiado es el osteoarticular. La vasodilatación aumenta la circulación, la piel absorbe minerales y se exfolia, y los poros se abren.”Durval Chaud, médico responsable del equipo de salud del Hotel Los Pinos (Las Termas de Río Hondo)

Chaud, que dirige el equipo de salud del Hotel Los Pinos de Río Hondo, describe que las aguas del establecimiento promedian los 42 grados en origen y se mantienen entre 39 y 44 en las piscinas. Para el especialista, el valor terapéutico reside en que se trata de aguas con variedad de minerales sin una concentración muy elevada de ninguno en particular, lo que las hace aptas para tratamientos prolongados y para públicos diversos. Esa combinación de temperatura sostenida y composición equilibrada es, precisamente, la que sostiene la reputación del destino y la que motoriza la llegada de turistas que regresan año tras año.

¿Qué está en juego?

Lo que está en juego es mucho más que una temporada récord: es la consolidación de una actividad que puede reconfigurar la matriz productiva de ciudades medianas y chicas del interior, generar empleo calificado en hotelería, salud y servicios, y darle a la Argentina un lugar propio en el mapa regional del bienestar, un segmento que a nivel global mueve millones de personas y que acá todavía tiene buena parte de su potencial por desarrollar. La pregunta de fondo es si el país va a estar a la altura de esa oportunidad, invirtiendo en infraestructura, cuidando los recursos hídricos y sosteniendo la calidad de los servicios, o si va a dejar que el crecimiento se desgaste sobre improvisaciones y promesas incumplidas.

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Lisandro OjedaAmbiente y conservación

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