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A tres décadas del adiós, "No me arrepiento de este amor" sigue siendo la voz que resume la vida de Gilda

La canción que la maestra jardinera compuso en un estudio de Buenos Aires, grabó resfriada y casi sin querer, terminó cruzando fronteras y convirtiéndose en el himno póstumo de la artista que murió en la Ruta 12.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Voy a abrir esta nota como se abre un baile en el Litoral, con la letra de un chamamé susurrando entre los sauces, porque hay historias que no se entienden del todo si no se las cuenta con la música de fondo: "No me arrepiento de este amor, aunque me cueste el corazón". Esa frase que ya forma parte de la memoria colectiva argentina la cantó por primera vez Miriam Alejandra Bianchi, más conocida como Gilda, y la grabó en un estudio de Buenos Aires un día cualquiera de 1994, mientras estaba resfriada y con un arreglo de teclado que iba a terminar tapando un pasaje entero de su voz para que el sonido respirara mejor. Lo que ninguno de los que estaban en esa sesión imaginaba era que, treinta años después de la madrugada del 7 de septiembre de 1996, esa misma canción se iba a convertir en la llave maestra para entrar a la historia de una mujer que había dejado el guardapolvo blanco de maestra jardinera para subirse a un escenario y que murió a los 34 años en un accidente sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, cuando el colectivo que la llevaba junto a su banda y parte de su familia volcó en medio de la madrugada mesopotámica.

Si uno repasa la biografía de Gilda con cierto detenimiento, lo que aparece es la historia de una transformación que se cocina de a poco y que, cuando finalmente explota, ya no hay forma de volver atrás: nacida en Buenos Aires el 11 de octubre de 1961, Bianchi se recibió de maestra jardinera y ejerció la docencia durante un tiempo, hasta que respondió a una convocatoria para integrar una banda tropical y terminó reorganizando su vida entera, porque aquella decisión no fue solo cambiar de oficio sino cambiar de piel, dejar las aulas para meterse de lleno en un mundo donde las reglas del juego, el ritmo de los ensayos y el vínculo con el público eran radicalmente distintos. En medio de ese proceso personal y profesional, en pleno momento de transición, apareció "No me arrepiento de este amor", una canción que ella misma compuso íntegramente y que, según contó el músico y productor Juan Carlos "Toti" Giménez, estuvo dedicada a él, pese a la colaboración artística habitual que ambos mantenían.

Una grabación con obstáculos y un productor que no quería incluirla

El tema abre el disco "Pasito a pasito con… Gilda", su tercer álbum, editado en 1994, y la historia de su llegada a ese tracklist es tan de película como la vida de su autora: el productor José "El Cholo" Olaya no estaba convencido de sumarla al repertorio y, según el relato de Giménez, la canción terminó registrándose justo cuando Olaya estaba en Perú, una de esas licencias que a veces se toma el destino y que terminan definiendo carreras. A eso se le sumó que Gilda estaba resfriada y que el arreglo de teclado se terminó usando para reforzar uno de los pasajes de su voz, detalle técnico que, mirado desde hoy, suena casi a una metáfora de cómo la canción se sostuvo en el aire con la ayuda justa, como si la música misma se hubiera hecho cargo de tapar el catarro de quien la cantaba. Con esos mimbres, sin promoción aparatosa ni grandes campañas, la grabación llegó al disco y, sin embargo, no despegó de entrada en Argentina: el recorrido fue más largo y sinuoso de lo que uno imagina.

El primer gran espaldarazo le llegó desde afuera, concretamente desde Bolivia y Perú, donde Gilda hizo presentaciones y pasó por programas de televisión que le dieron una visibilidad que en su propio país todavía no tenía. En Argentina, el reconocimiento masivo vino después de su muerte y fue tan vertiginoso como la tragedia que lo disparó: entre 1997 y 1998 el álbum volvió a circular, la canción se metió en radios, en canales de televisión y en pistas de baile de todo el país, hasta quedar fijada como una de sus composiciones más identificadas. El fenómeno se amplió todavía más en 1998, cuando la banda Attaque 77 publicó su propia versión, sacándola definitivamente del circuito tropical y mostrándole a públicos que nunca habían escuchado una cumbia de su vida que aquella melodía podía sobrevivir a cualquier cambio de género. En 2016, además, se estrenó la película biográfica que llevó el nombre de la canción como título, protagonizada por Natalia Oreiro, quien describió a la cantante como "una mujer que tuvo que luchar contra muchos prejuicios sociales, culturales y familiares", una definición que condensa bastante bien el peso que Gilda cargó en vida.

Por qué la canción se convirtió en la síntesis perfecta de su historia

  • La letra funciona como una declaración autobiográfica: Gilda estaba reorganizando su vida cuando la escribió, dejando la docencia para meterse de lleno en la música tropical.
  • El proceso de grabación fue accidentado y casi clandestino: se registró mientras el productor estaba en Perú y con la cantante resfriada, lo que le dio al tema un carácter casi íntimo y artesanal.
  • El éxito llegó del exterior antes que de Argentina: primero pegó fuerte en Bolivia y Perú, y recién después de su muerte se transformó en fenómeno nacional.
  • La versión de Attaque 77 en 1998 rompió el cerco del circuito tropical y confirmó que la canción trascendía géneros, generaciones y públicos.
  • Con el tiempo se convirtió en una pieza de devoción popular, asociada a pedidos y milagros, algo que la propia familia y los fans fueron construyendo como parte del mito.

Mirando todo esto en conjunto, a mí lo que más me conmueve es la idea de que "No me arrepiento de este amor" no es solamente un hit retroactivo de la música tropical, sino casi una acta firmada por Gilda sobre su propia biografía: ella eligió dejar la docencia, eligió subirse a un escenario, eligió cantar lo que le dictaba el corazón en un momento en el que mucha gente le debe haber dicho que no iba a funcionar, y todo eso quedó condensado en una canción que, curiosamente, no le respondió el público argentino mientras ella estaba viva. Por eso, a tres décadas de su muerte, cada vez que alguien la escucha en una radio, en una fiesta o en un homenaje popular, lo que termina sonando no es solo un estribillo pegadizo sino una manera de entender una vida que se rompió de golpe en la Ruta 12 y que, sin embargo, se sigue contando cada vez que la cantamos. Mi recomendación, si me permiten el consejo de alguien que escribe desde la sección de Cultura y Espectáculos, es que vuelvan a poner el disco "Pasito a pasito con… Gilda" y se sienten a escucharlo de punta a punta, porque allí, entre tema y tema, está el retrato más honesto que tenemos de una mujer que se animó a cambiar de vida y que dejó una canción que sigue hablando por ella cada vez que alguien la entona.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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