Un oído prodigioso que abre puertas y cajas fuertes: llega a las pantallas «Un talento único», la nueva apuesta de Daniel Roher
El director canadiense ganador del Óscar por «Navalny» se pasa a la ficción con un thriller de intriga que toma la hiperacusia como motor de una historia de afinadores de pianos que, de noche, se vuelven ladrones de cajas fuertes. Leo Woodall y Dustin Hoffman encabezan el reparto.
Confieso que cuando me crucé por primera vez con la sinopsis de «Un talento único» («Tuner», en su título original) no pude evitar tararear para mis adentros aquel chamamé que dice «con un violín chiquito, voy marcando el camino», porque la película entera parece construida alrededor de esa idea: un oficio delicado, casi artesanal, que termina abriendo puertas que nunca debieran abrirse. La historia llega al streaming de la mano de Daniel Roher, el director canadiense que se llevó el Óscar por el documental político «Navalny», y que aquí se anima por primera vez con un largo de ficción. Y vaya si le sale bien el salto.
El protagonista es Niki, un joven afinador de pianos con hiperacusia, esa condición que vuelve el oído tan fino que hasta el menor zumbido se vuelve un dato. De día, Niki entra a casas de familias acomodadas y a conservatorios, pone a punto instrumentos que llevan meses sin sonar y repara los que sí se usan. De noche, en operaciones clandestinas, esa misma capacidad auditiva se transforma en una herramienta perfecta para abrir cajas fuertes sin forzar nada, sin marcar nada, sin dejar huella. La premisa ya de por sí atrapa: es la clase de idea que a uno, lector avezado de policiales, le hace querer ver hasta dónde la lleva el guion.
Un director que se detiene en el detalle justo
Lo que distingue a Roher en este pasaje a la ficción es la paciencia con la que filma el interior de un piano. Los mecanismos, las cuerdas, el movimiento de los martillos, todo está rodado con una precisión casi de orfebre. Y eso no es un capricho estético: el sonido no ilustra la imagen en «Un talento único», la conduce. La cámara se queda donde tiene que quedarse, y avanza cuando tiene que avanzar, sin demoras innecesarias. Hay en el montaje una cadencia de relojero que es, justamente, la cadencia del oficio del protagonista.
Leo Woodall carga la película y Hoffman le pone la espalda
Leo Woodall, a quien muchos recordarán por «The White Lotus» o por la serie «One Day», se pone en la piel de Niki con una solidez que sostiene los momentos de silencio tanto como los de tensión. A su lado aparece Dustin Hoffman como el viejo afinador que lo acompaña en el oficio y, de alguna manera, lo introduce en el mundo paralelo de los trabajos nocturnos. Es un personaje breve en pantalla, pero con el peso de las décadas de oficio que el actor arrastra, y que aquí vuelve a poner al servicio de un papel que pide poco y entrega mucho.
Un thriller accesible, sin grandes alardes pero sin fisuras
Conviene decirlo sin vueltas: la película no viene a reinventar el género. Hay conflictos claros, un personaje con una habilidad específica, operaciones de riesgo creciente y una escalada de tensión bien administrada. Lo que la sostiene es la ejecución, ese tono de thriller de escala media que sabe dosificar la información y no abusa de los giros forzados. Tiene limitaciones propias del presupuesto y del formato, sí, pero no muestra fisuras graves de principio a fin.
Si les pasa como a mí, que cuando terminan una película ya están pensando en qué ver después, les dejo algunas puntas para seguir por la misma vereda de los thrillers de atracos con protagonistas de habilidades poco convencionales: «Inside Man», de Spike Lee, donde Denzel Washington se las ingenia para resolver un banco tomado con ingenio más que con balas; «The Score», con Robert De Niro y Edward Norton, que gira en torno a un robo a una cámara acorazada con un informante interno; «Antropoid», la recreación del atentado contra Heydrich en Praga, donde la precisión de los comandos checos pesa más que la acción pura; y, si se animan a un policial de Serie B muy disfrutable, «Ladrón que roba a ladrón», con un Nicolas Cage desatado. Cada una, a su manera, comparte con «Un talento único» esa idea que tanto me gusta: que a veces los oficios más callados son los que mejor sirven para los trabajos más ruidosos. Se la recomiendo: denle play, y después me cuentan.
