Teeto: cuando un plataformas 3D decide no romperte los huesos
El estudio neozelandés Eat Pant Games presentó un título de aventuras en tercera persona que rescata la estética ochentosa y noventosa de los clásicos de consolas de 64 bits, con una mecánica central de absorción que muta las habilidades del protagonista según los objetos del escenario. Veinticuatro niveles, cooperativo local y una dificultad amable pensada para disfrutar, no para sufrir.
Yo no me voy a cansar de decirlo: cada tanto aparece un juego que te recuerda por qué te sentaste frente a la pantalla cuando eras chico, antes de que el género de plataformas se llenara de penales y restricciones absurdas. Teeto, la nueva propuesta de Eat Pant Games, estudio con sede en Nueva Zelanda, parece haber leído esa misma melancolía y decidió devolverle al jugador algo que en los años noventa se daba por sentado: la libertad de equivocarse, de explorar cada rincón sin que el reloj ni un enemigo invisible te azuce la nuca. La historia sigue a Teeto, esa masa azul de carisma entrañable, y a su compañera Nory, una coneja de mirada cómplice, mientras enfrentan una misteriosa corrupción de sombras que amenaza su mundo. Son veinticuatro niveles repartidos en cuatro actos, una medida que remite directamente a los capítulos de aquellos clásicos que muchos guardamos en la memoria como quien guarda un disco de vinilo.
Absorber para mutar: el corazón del juego
La mecánica que define la experiencia es, sin vueltas, brillante en su sencillez. Teeto puede absorber elementos del escenario —rocas, fuego y cuanto objeto le pase por delante— y esas absorciones alteran sus propiedades, lo que le permite desbloquear habilidades específicas para resolver cada situación. En lugar del plataformas lineal al que estamos acostumbrados, donde saltar de plataforma en plataforma se convierte en una coreografía repetitiva, acá hay que observar, decidir qué conviene consumir y recién después moverse. Esa pausa obligatoria para pensar es, a mi entender, un regalo en tiempos de juegos que te apuran sin pedir permiso. El movimiento se apoya en dobles saltos y planeos que dan una sensación de liviandad muy placentera, casi como flotar, y la mecánica de absorción también se cuela en los enfrentamientos contra jefes, lo que le da coherencia al sistema entero y evita esa sensación de parche que tienen tantos títulos cuando mezclan ideas.
- Absorción de objetos del entorno que modifica habilidades del personaje protagonista.
- Cooperativo local con pantalla dividida para jugar de a dos en la misma consola.
- Veinticuatro niveles distribuidos en cuatro actos con estética que evoca los 64 bits.
- Curva de dificultad amable, pensada para la exploración y no para el reto extremo.
- Jefes que se resuelven usando la misma mecánica central de mutación.
- Coleccionables y criaturas para rescatar escondidas en los rincones de cada escenario.
Lo que más me conmueve de esta propuesta es su declarada voluntad de ser accesible. La dificultad es deliberadamente baja, los rompecabezas ambientales funcionan con lógica y los coleccionables premian al jugador curioso, al que se detiene a mirar en lugar de correr hacia la siguiente pantalla. Sé que para los veteranos del género esto puede sonar a exigente, y lo entiendo: hay quienes quieren que el plataformas les exija sangre, sudor y reiteradas muertes. Pero también hay una franja enorme de jugadores —muchos de ellos padres y madres que ahora juegan con sus hijos, como me pasa a mí cada vez que enciendo la consola— que agradecen un título donde el placer esté en recorrer, no en sobrevivir. A esa franja le habla Teeto, y lo hace con una honestidad que se extraña.
El cooperativo local con pantalla dividida remata la propuesta social: los niveles, los acertijos ambientales y los coleccionables funcionan idéntico en compañía, y sentarse en el sillón con un amigo, un hermano o un hijo a recorrer estos mundos recupera algo que el juego en línea nos fue quitando de a poco. Recomiendo Teeto a quien quiera reencontrarse con el espíritu de los noventa sin la nostalgia venenosa de los remasters cobrados a precio lleno; es un juego corto, amable y pensado para que uno termine la sesión con una sonrisa y no con los nudillos blancos de apretar el mando. Yo, si me preguntan, ya estoy planeando la próxima partida.
Te puede interesar
