Neuquén Financia, la línea de crédito que en dos años prestó 5.700 millones de pesos a quienes el banco nunca les abre la puerta
Un programa provincial lleva 1.657 operaciones crediticias repartidas en más de 50 localidades, con mayoría de mujeres y diversidades entre los beneficiarios y presencia en parajes rurales donde el dinero pocas veces llega.
A Graciela, vecina de Chos Malal, lo que más le cuesta no es hornear las tortas que vende en la feria, sino juntar los papeles para pedir un crédito en el banco. Tiene 54 años, dos hijos estudiando y una cocina industrial que se le quedó chica hace rato. Por eso cuando le contaron que en el pueblo funcionaba una línea provincial con tasas baratas y sin los trámites eternos de siempre, fue a la oficina del municipio, llenó el formulario y se volvió a la casa con el dinero aprobado en la cuenta. "Por primera vez me sentí que alguien pensaba en mí, no en mi firma", me dijo mientras acomodaba los moldes sobre la mesada.
La historia de Graciela, que en criollo significa algo así como "bendecida" porque su nombre deriva del latín gratia, no es una excepción: forma parte de los 1.657 créditos que entregó el programa Neuquén Financia en sus primeros dos años de vida, una herramienta del Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo, el IADEP, que administra la línea con apoyo de varias áreas del Estado provincial. El monto acumulado, según los datos oficiales, alcanza los 5.746 millones de pesos, repartidos en más de 50 localidades y comisiones de fomento de las siete regiones de la provincia.
Una política que llega donde el banco no llega
El programa está pensado para ese universo enorme de emprendedores, feriantes, oficistas y trabajadores independientes que, por falta de garantía, de antigüedad formal o simplemente de DNI con domicilio actualizado, quedan afuera de la oferta bancaria clásica. La directora del IADEP, Anabel Lucero Idizarri, lo explicó con una frase que vale la pena guardar: "La política pública busca dar respuesta a sectores que habitualmente no acceden a la oferta bancaria tradicional, combinando instancias de inducción financiera con tasas promocionales variables". En criollo: enseñarles a manejarse con el dinero y prestarles a una cuota razonable.
La región Confluencia, donde vive casi la mitad de la población neuquina, se lleva la mayor tajada: 735 créditos por más de 2.500 millones de pesos, lo que representa el 43,6 por ciento del total. Pero lo interesante es lo que pasa más allá del conglomerado capitalino, porque la herramienta también metió la rueda en zonas donde moverse en pesos es casi una aventura.
- Alto Neuquén: 271 créditos y más de 1.000 millones de pesos.
- Del Pehuén: 243 créditos y más de 760 millones.
- Los Lagos del Sur: 222 créditos y 680 millones.
- Las regiones De la Comarca, Vaca Muerta y Del Limay concentran entre el 2,8 y el 5,9 por ciento del total cada una.
- Los municipios con más operaciones son la ciudad de Neuquén (580), Chos Malal (146), San Martín de los Andes (115), Zapala (100) y Plottier (72).
- La línea también aterrizó en parajes como Las Coloradas, Varvarco, Caviahue-Copahue y Los Chihuidos.
Mujeres, diversidades y rubros de todos los colores
Otro de los datos que más llama la atención es el perfil de quienes reciben el financiamiento: el 58 por ciento de los créditos, 1.034 en total, terminaron en manos de mujeres y diversidades, por un monto cercano a los 3.370 millones de pesos. Los varones, mientras tanto, accedieron al 41,1 por ciento restante. En un país donde todavía cuesta hablar de economía con perspectiva de género, ver una herramienta pública que, de movida, entrega más de la mitad de la plata a quienes más la necesitan, tiene su peso.
Los rubros a los que se destina el dinero dibujan un mapa bien federal de la economía neuquina: elaboración de alimentos y gastronomía, textil e indumentaria, cultura y economía creativa, estética y bienestar, carpintería, servicios gráficos, construcción y producción agropecuaria. Detrás de cada uno hay nueve subprogramas que cruzan áreas del Estado provincial, desde empleo y género hasta juventud, cultura, discapacidad y turismo.
Cuando le pregunté a Graciela, antes de despedirme, qué pensaba hacer con lo que vino después del crédito, me miró con esa mezcla de vergüenza y orgullo que solemos poner los argentinos cuando el plan sale bien. "Voy a comprar otra cocina, más grande. Y si alcanza, una heladera nueva. Hace veinte años que me las rebusco sola, y por primera vez siento que el Estado me está acompañando", me dijo. Le creí. Y la entendí, porque en el fondo eso es lo que cuenta: que en los pueblos, en los parajes, en las ciudades, haya alguien del otro lado del mostrador que decida prestarte una mano, y no ponerte un palo en la rueda.
