Matt, Pablo y la pregunta que viaja tres veces a las Malvinas
Un documental argentino convivió cinco meses con un isleño que rechaza a la Argentina, registró ceremonias kelpers, carton de la guerra y se llevó dos premios del BAFICI. Todavia hay funciones en cuatro ciudades.
Vuelvo del kiosco con el termo bajo el brazo y la vecina Encarnita, 62 anos, me pregunta si voy a hablar otra vez de las Malvinas. Le digo que si, pero que esta vez no voy a contar la historia desde el continente. Entonces bajo un cambio y le explico que hace un rato termine de ver Los vencedores, el documental de Pablo Aparo, y que todavia me dura el cosquilleo en la panza. Porque la pelicula hace algo que aca casi nunca nos animamos a hacer: mirar a los kelpers a los ojos, sin prepotencia y sin sermon.
La cifra de arranque es casi una provocacion. En las islas Malvinas viven unas 3.500 personas civiles, mas o menos la misma cantidad de soldados que la Argentina mantiene desplegados de manera permanente en la zona, entre la base de Rio Gallegos y las unidades que rotan hacia el archipielago. Pablo Aparo, cineasta de 40 anos, se topo con ese numero antes de su primer viaje y se quedo dando vueltas con la idea: como hace esa gente para comprar en el supermercado, mandar a los chicos a la escuela o arreglar un tractor con una instalacion militar de ese porte a pocos kilometros?
Tres viajes, cinco meses y una recepcion despareja
Aparo resolvio la pregunta a la manera de los documentalistas que todavia se bancan un proyecto largo: yendo. Hizo tres viajes. El primero, en 2020, duro diez dias y sirvio para tantear el terreno. Los dos siguientes, en 2023 y 2024, le sumaron cinco meses de convivencia. Cada vez tuvo que pedir permiso a la Administracion de Malvinas para filmar, y la respuesta de la comunidad fue despareja, como suele ocurrir cuando un extrantero aparece con una camara en una isla chica: algunos vecinos colaboraron con gusto, otros le pidieron que apagara el equipo y hubo sitios a los que directamente no lo dejaron entrar.
El unico que dijo que si de entrada fue Matt, un terrateniente local dueño de una estancia larga y sola en medio de las montañas. Matt es, ademas, conocido por hablar sin filtro sobre su rechazo a la Argentina, y eso hace todavia mas raro el acuerdo. Esa misma tarde, despues del si, Aparo ya estaba durmiendo en la granja, aprendiendo a compartir el mate cocido con el silencio de la pampa fueguina.
El Salon que incomoda y las cartas que duelen
Uno de los momentos mas filosos de la pelicula llega cuando Pablo y Matt van juntos al Salon de la Pradera del Ganso, un galpon donde el Ejercito argentino mantuvo encerrados a los isleños durante varias semanas en mayo de 1982, entre ellos a la propia familia de Matt. La sola presencia de un argentino en el lugar hizo que varios asistentes se levantaran y se fueran. La escena no se explica demasiado, se deja vivir: la incomodidad mutua queda flotando en el aire, y eso vale mas que cualquier voz en off.
El documental suma otros testimonios sobre el periodo belico que aca rara vez se escuchan. Cuenta, por ejemplo, que despues del cese del fuego algunos isleños abrieron galpones y se encontraron con donaciones de ropa de invierno y alimentos que habian llegado desde el continente para los soldados argentinos, pero que estos nunca habian recibido porque estaban expuestos al frio y al hambre. Tambien aparecen cartas que soldados argentinos escribieron a los propios kelpers, redactadas con un ingles elemental y tembloroso, pidiendo comida o abrigo. Son papeles pequenos, fragiles, que en cualquier archivo oficial quedarian archivados y que en la pelicula funcionan como una aguja que pincha cualquier lectura heroica.
Premios, salas y la pregunta que queda
- Los vencedores se llevo dos premios en el BAFICI y tuvo funciones en el Malba, en la Ciudad de Buenos Aires.
- Todavia puede verse en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Cordoba; conviene revisar la cartelera de cada cine porque la programacion cambia semana a semana.
- El documental de Aparo es una de las pocas piezas argentinas que se animan a mirar a los kelpers como vecinos y no como enemigos de libro de texto.
Antes de despedirme vuelvo a la cocina y le cuento a Encarnita lo que mas me dejo pensando: que la pelicula no pide perdon por los kelpers ni les da la razon, solo los deja hablar. Y que en este pais, donde todavia hay debate sobre si nombrar Malvinas con una letra o con otra, mirar tres horas hacia adentro de la cabeza de Matt ya es un acto casi insurreccional. Si la encuentra en cartelera, vaya a verla con tiempo: a veces la mejor manera de discutir sobre la guerra es dejar que alguien del otro lado nos cuente como se vive el 9 de julio en una isla donde casi no hay feriados argentinos.
