Magnesio para dormir: por qué crece la fiebre en las góndolas argentinas y qué dice la ciencia que todavía no se animó a confirmarlo
Las ventas del suplemento subieron un 17% en 2025, más que las de melatonina, pero los especialistas sostienen que la evidencia es maga y piden no comprar la ilusión como si fuera un resultado de laboratorio.
Lo conozco de memoria porque me lo cruzo cada vez que paso por la dietética del barrio: el frasco de glicinato de magnesio ya tiene su lugarcito en la góndola, al lado de la melatonina, y la verdad es que hace un par de años ni estaba. Mi vecina Marta, que tiene 58 años y es de las que prueba todo antes de recomendárselo a sus amigas, me contaba el otro día mientras esperábamos el ascensor que arrancó a tomarlo porque una conocida se lo había pasado por WhatsApp y porque, según sus palabras textuales, estaba cansada de dar vueltas en la cama como una sartén envuelta en grasa. Me dijo que a la segunda semana sintió que conciliaba el sueño más rápido y que se levantaba con menos peso en el cuerpo, y me lo dijo con la convicción con la que uno defiende un buen ritual, como quien toma el mate a las seis de la tarde sin que nadie se lo pida. Esa escena, multiplicada por miles de conversaciones de pasillo, de grupos de familia y de reels de TikTok, es parte del fenómeno que explotó en 2025: las ventas de suplementos de magnesio para dormir treparon alrededor de un 17%, según la consultora NBJ, un ritmo muy por encima del 5% que creció la melatonina, que además rozó los 800 millones de dólares en facturación global.
Qué dice la ciencia y por qué los médicos piden pisar con cuidado
El magnesio es un nutriente esencial, de esos que el cuerpo necesita sí o sí para regular la presión arterial, el azúcar en sangre y el funcionamiento de los nervios y los músculos. Hay una hipótesis razonable, y hasta atractiva, que sostiene que este mineral participa en la producción de ciertos neurotransmisores vinculados a la calma y a la relajación muscular, lo que en teoría ayudaría a dormir mejor. El problema es que cuando uno pasa de la hipótesis al ensayo clínico, el entusiasmo se enfría un poco. Un estudio publicado este mismo año dividió a 155 adultos con problemas de sueño en dos grupos: uno tomó 250 miligramos de glicinato de magnesio entre 30 y 60 minutos antes de acostarse y el otro recibió un placebo. Los que consumieron magnesio mostraron mejoras en sus síntomas de insomnio, pero los propios investigadores las calificaron de modestas, que en el lenguaje de la ciencia es una forma elegante de decir no nos hagamos los sorprendidos.
- Estudio de 2021 sobre casi 4.000 personas seguidas durante 20 años: quienes consumían más magnesio, a través de alimentos o suplementos, dormían más horas y con mejor calidad, aunque ese beneficio desaparecía al analizar solo a personas con depresión, y el diseño no permitía probar causalidad.
- Revisión de 2022 que reunió nueve estudios: si bien algunos trabajos muestran asociación entre magnesio y mejor sueño, los ensayos clínicos aleatorios ofrecieron resultados dispares y no permiten hacer una recomendación firme.
- Postura del Dr. Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health: la exageración está muchísimo más avanzada que la ciencia objetiva, una frase que los médicos suelen repetir cuando un producto se instala en la mesa de luz antes de pasar por el consultorio.
Sobre la melatonina, el propio Kansagra reconoció que la evidencia que la respalda es más sólida cuando se trata de trastornos del ritmo circadiano y del clásico desfase horario de los vuelos largos. Aun así, la mayoría de los especialistas en sueño no la recomiendan como una pastilla para dormir a secas, y mucho menos como un caramelo que se toma porque sí. Con el magnesio pasa algo parecido pero acentuado: el boca a boca y las pantallas lo presentan como un inductor casi mágico del descanso, mientras que los trabajos serios lo tratan con la prudencia de quien todavía está juntando pruebas en una carpeta a medio llenar.
“La exageración está muchísimo más avanzada que la ciencia objetiva.”Dr. Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health
Y acá aparece la pregunta que siempre aparece, la que me hizo Marta con la taza de mate en la mano y la mirada de quien ya fue a la farmacia: ¿entonces lo tomo o no lo tomo? Mi respuesta honesta, como periodista y no como médica, es que si alguien lo está probando porque le mejora el descanso y no nota efectos raros, no hay motivos para entrar en pánico, pero tampoco para recomendarlo a los cuatro vientos como si fuera una vitamina descubierta ayer. Lo más prudente es comentarlo con el médico de cabecera, sobre todo si se toman otros medicamentos, porque el magnesio puede interactuar con antibióticos, con diuréticos y con algunos tratamientos para la presión. También conviene recordar que no todo lo que brilla en una góndola fue evaluado con el mismo rigor con el que se evalúa un remedio recetado, y que la diferencia entre sentirse mejor y estar mejor, a veces, se parece a la diferencia entre un placebo y un principio activo, aunque el cuerpo no siempre sepa distinguirlo. Antes de comprar la ilusión, conviene leer la letra chica de la ciencia, que es la única que no viene en frasco.
