Luciano Castro se calza las botas de Jack Twist: la nueva etapa de Secreto en la Montaña arranca con gira federal
Esteban Lamothe confirmó la incorporación del actor a la versión teatral que dejó Benjamín Vicuña para cumplir con rodajes en España y Chile. La producción ya piensa en ciudades del interior y en mantener la intensidad de un melodrama que exige entregarse sin red.
Les tengo que confesar algo, querido lector: cada vez que una obra de teatro se anima a meterle el hombro a un desafío así, yo siento que el escenario porteño vuelve a latir con esa fuerza de las grandes temporadas. Y esta vez la historia tiene todos los condimentos para convertirse en uno de los fenómenos del año, porque Secreto en la Montaña —esa pieza que adapta la novela de Annie Proulx y la película de Ang Lee que tantos vimos con el corazón en la boca— acaba de confirmar a su nuevo protagonista: nada menos que Luciano Castro, que tomará el lugar de Benjamín Vicuña a partir de dentro de seis semanas, cuando el actor chileno se despida para cumplir con compromisos cinematográficos que tenía firmados antes de que empezara la temporada.
Un recambio conversado y una elección que llegó de la mano de Lamothe
Lo más interesante del asunto, y acá me detengo porque vale la pena, es que el nombre de Castro no cayó del cielo ni fue una decisión de escritorio. Lo contó el propio Esteban Lamothe, que ofició de verdadero artífice de la convocatoria: "Creo que está 99,99% confirmado que es Luciano Castro", dijo con esa mezcla de cautela y certeza que tienen los actores cuando saben que una apuesta de este calibre no admite improvisaciones. Y agregó un detalle que a mí, como espectador de toda la vida, me pareció de lo más elogioso: "Me gusta cómo actúa y me parece que puede hacer muy bien a Jack Twist". No es un elogio menor viniendo de alguien que viene de cargar la obra al hombro desde mayo, cuando el espectáculo desembarcó en la cartelera porteña con una respuesta del público que se sostuvo función tras función.
“Estaba súper, súper contento.”Esteban Lamothe, sobre la reacción de Luciano Castro al recibir la propuesta
Lamothe también reveló que la idea de sumarlo a Castro partió de él mismo, lo cual habla de una generosidad poco frecuente en el mundo del teatro, donde a veces los egos se imponen a las necesidades del relato. Castro, según sus palabras, recibió el llamado con entusiasmo, lo que anticipa un ensamble que puede funcionar a la perfección en una historia donde la química entre los protagonistas es, literalmente, el motor de todo.
El melodrama como escuela: volver a aprender a entregarse
En ese sentido, me quiero detener en una frase que Lamothe le dedicó al proceso de montaje y que a mí me quedó dando vueltas: "Volví a aprender a entregarme por completo a algo, porque es un melodrama y el melodrama hay que actuarlo muy vulnerable, sin distancia, sin opinión". Quienes hemos visto a Lamothe en cine y televisión sabemos que es un actor de enorme solvencia, capaz de pasar del drama más crudo a la comedia más liviana con una naturalidad que ya quisieran muchos. Pero acá elijo leer sus palabras como un reconocimiento de que hay papeles que te cambian, que te obligan a sacar a relucir una faceta que tenés guardada en el ropero de los afectos, y que la vulnerabilidad no es una concesión sino una herramienta.
A eso se suma un reto técnico que el propio elenco no esquivó cuando le tocó hablar: adaptar al formato escénico una historia pensada para el lenguaje cinematográfico, plagada de planos abiertos, de montañas, de ovejas pastando al ritmo del viento. "Es muy difícil", reconoció Lamothe, y tiene razón: pasar de la inmensidad del valle a la caja de un escenario es una operación que exige un trabajo de imaginación colectiva pocas veces visto. Por eso, cuando me dicen que la función viene funcionando y que el público la acompaña, lo entiendo como un pequeño milagro de la puesta en escena.
Y acá viene, a mi entender, la noticia que más me entusiasma de todo el anuncio: la gira por el interior. Porque una obra de esta intensidad dramática, que pide tanta entrega de sus protagonistas, merece verse en Rosario, en Córdoba, en Mendoza, en Mar del Plata, en cada ciudad donde haya un público que se banque un melodrama de tres horas sin pedir permiso para emocionarse. Si los planes se concretan como se anticipan, vamos a tener la oportunidad de ver a Castro debutar en este papel lejos de la Capital, algo que a mí, como espectador federal que soy, me llena de expectativa.
La despedida de Vicuña y el cierre de un ciclo que abre otro
Hay que decir también, para ser justos con el contexto, que la salida de Vicuña no es un portazo ni una decisión de último momento. El propio actor lo aclaró cuando comunicó la noticia el 18 de agosto: los compromisos con los directores Álex de la Iglesia y Matías Bize estaban firmados antes de que arrancara la temporada, así que la del 18 de agosto fue una salida programada, conversada, que le permitió a la producción empezar a moverse con tiempo para garantizar la continuidad del espectáculo. "La obra sigue", fue la frase que eligió el chileno para dejar tranquilo al público, y vaya si cumplió: a las pocas semanas ya estaba cerrado el nombre del reemplazante.
Yo, que peino canas y llevo décadas yendo al teatro cada vez que puedo, les digo una cosa: ver a un elenco reemplazar a una figura de la noche a la mañana sin que la función pierda fuerza es una de las pequeñas hazañas que solo se logran cuando hay un director, un productor y un elenco trabajando en sintonía. Castro tiene por delante un papel que le pide mucho —Jack Twist es un personaje atravesado por el deseo, por el secreto, por la culpa—, pero tiene a su favor algo que no se compra con nada: el respaldo de un compañero como Lamothe, que ya lo imaginó en el rol antes de proponerlo. Y eso, en el teatro, vale oro.
Si me dejan cerrar con una recomendación en primera persona, como suelo hacer cada vez que una noticia de este calibre llega a la redacción: no se pierdan esta obra cuando arranque la nueva etapa, y mucho menos cuando la gira toque su ciudad. Yo, por las dudas, ya estoy reservando la butaca. Hay melodramas que nos recuerdan por qué seguimos yendo al teatro, y este, por lo que se viene, tiene todos los números para ser uno de ellos.
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