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Los Guinness desembarcan en la pantalla: sangre, cerveza y poder en el Dublín de 1868

Netflix estrena una serie de ocho capítulos que reconstruye, con pulso de drama de época, la pelea interna que se desató en la familia fundadora de la icónica cervecería irlandesa tras la muerte de su patriarca.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Permítanme arrancar como me enseñaron de chico, con la tonada de un chamamé que mi viejo silbaba mientras tomaba una cerveza negra bien tirada: "Kilmes, Kilmes, Kilmes, Kilmes..." — perdonen, ya me corrijo, la memoria me traicionó y en vez de Kilmes me fue a buscar el sonido de la stout más famosa del mundo, esa que uno se cruza en cualquier pub de Buenos Aires y que, le apuesto, tiene más historia detrás de cada pinta que varias dinastías europeas. Digo esto porque lo que llega a Netflix con el título de "La casa Guinness" es exactamente eso: una excusa fenomenal para volver a preguntarnos de dónde sale eso que tenemos tan metido en la cultura popular, esa pinta oscura con la crema blanca que parece pintada a mano.

Un imperio que empieza con un funeral

La serie se ancla en Dublín, en 1868, cuando muere Benjamín Lee Guinness, el hombre que había convertido la cervecería fundada por su padre en una potencia que daba trabajo a miles de irlandeses y que tenía a Londres mirando con respeto — y con algo de envidia — el poderío de la marca. A partir de ese deceso, la producción reconstruye las disputas entre sus herederos: principalmente los hijos que quedan a cargo del negocio y la pulsean por el control de la compañía, por el rumbo del dinero y, claro, por el peso de un apellido que en la Irlanda del siglo XIX era casi una institución.

El punto de partida es simple y, a la vez, una bomba de relojería: el fundador se va y los herederos tienen que repartirse no solo la plata, sino el legado, las decisiones pendientes y los secretos que la propia familia se había guardado bajo llave. La serie toma ese conflicto íntimo — primos que se miran de reojo, hermanos que negocian con dientes apretados, alianzas que se tejen de día y se desarman de noche — y lo vuelve el motor de sus ocho capítulos.

Lo interesante, y acá quiero detenerme como periodista y como espectador, es que la propuesta no se queda en el living de la mansión Guinness. La producción abraza el contexto social y político de la Irlanda del siglo XIX, con sus desigualdades profundas, sus tensiones religiosas, el peso del dominio británico y un pueblo que empezaba a organizarse para pelear por sus derechos. La fortuna de los Guinness queda así enfrentada a una sociedad que atravesaba transformaciones de fondo, y esa tensión le da a la serie un grosor que muchas ficciones de época no logran.

La mano de Steven Knight y un elenco que promete

Detrás del proyecto está Steven Knight, el creador de "Peaky Blinders", que ya demostró sabe manejar universos donde las luchas de clase, los vínculos familiares y la violencia del poder se cruzan en cada escena. "La casa Guinness" mantiene esa línea: un drama histórico que usa el origen de un imperio cervecero como excusa para explorar lo que ocurre puertas adentro cuando hay mucho dinero, mucho apellido y muchas expectativas en juego.

El elenco reúne a Anthony Boyle, Luis Partridge y Emily Fairn en los roles centrales, junto a Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly, entre otros. Boyle, a quien muchos recordarán por su trabajo en "Masters of the Air", se pone en la piel de uno de los herederos en el centro de la tormenta; Partridge — el querido Tonks de "Enola Holmes" — carga con el peso del miembro más joven de la familia; y Fairn, a quien descubrimos en la serie "The Responder", aporta la mirada femenina en un mundo de hombres con poder. El resto del reparto completa un mapa de personajes que incluye abogados, sindicalistas, amantes, rivales políticos y, claro, algún que otro miembro de la aristocracia británica mirando de reojo lo que pasa del otro lado del mar de Irlanda.

Una pregunta que me llevo a casa

A esta altura, después de pasar por los Tudor, los Borgia, los Medici, los Getty, los Roy de "Succession" y ahora los Guinness, uno se pregunta si el público no termina un poco saturado de sagas familiares con apellido ilustre. Pero lo que encuentro rescatable de "La casa Guinness" es que el universo que plantea tiene una rareza simpática: detrás de cada conflicto hay una cerveza, hay un mercado que se expande, hay obreros que organizan huelgas, hay un imperio que empieza a exportar su pinta a puertos lejanos. Es decir, no es solo una pelea de ricos: es el nacimiento de una marca que, literalmente, cambió la forma en que el mundo se sienta a tomar algo.

“Lo que Netflix propone con "La casa Guinness" no es solo revivir el pasado de una dinastía: es preguntarnos cómo se construye — y cómo se agrieta — un imperio cuando lo que está en juego no es solo dinero, sino identidad, legado y el peso de un nombre que lleva generaciones en la espalda.”Aníbal Benítez, Cultura y espectáculos

Mi recomendación, si me permiten el consejo de alguien que ya se sentó a ver los primeros capítulos con la misma pinta al lado: arranquen el viernes a la noche, en silencio, con la pantalla grande y sin el celular cerca. Déjense llevar por el Dublín de 1868, por las peleas entre los hijos de Benjamín Lee, por la música, por las pintas que se sirven en jarra de lata, y permítanse volver a esa pregunta clásica que nos hacemos cada vez que una serie histórica de este calibre aparece: ¿cómo hace una familia para no romperse cuando tiene tanto para repartir? La respuesta, se los adelanto, no es tan sencilla como servir una pinta perfecta. Y eso, justamente, es lo que hace que valga la pena sintonizar Netflix esta semana.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

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