La última jugada del capitán: qué queda para los chicos cuando Messi se va de la selección
La despedida de Lionel Messi abre en los hogares una conversación pendiente sobre esfuerzo, familia y trabajo en equipo. Un libro escrito por una madre y su hija convirtió esa idea en una guía antes incluso de que el anuncio se concretara.
Lo vi la otra tarde en la verdulería, doña Carmen tiene 58 años y estaba con el celular en la mano, mirando las primeras imágenes del anuncio. Me dijo, con esa mezcla de asombro y pena que tenemos los argentinos cuando se nos va algo que sentíamos propio: "Mirá, Paola, ahora cómo les explico a mis nietos lo que fue este pibe para nosotros". Y ahí, en esa frase dicha entre una banana y un tomate, se condensó algo que en las casas se viene repitiendo hace días: la retirada de Lionel Messi de la selección argentina no es solamente una noticia deportiva, es un hueco que muchas familias todavía no saben bien con qué llenar.
Porque el diez se va, sí, pero se va dejando en una cantidad de gestos, de palabras y de silencios que durante más de dos décadas funcionaron como una especie de pedagogía involuntaria. Y esa pedagogía, que muchas veces los adultos sentimos más que la explicamos, es la que el libro ¡Messirve! (Ediciones B), de Verónica de Andrés y Florencia Andrés, se propuso ordenar antes incluso de que llegara este momento.
Talento no es lo mismo que disciplina
Uno de los ejes del libro, y probablemente la idea más fuerte para charlar con un chico en la mesa de la cocina, es la diferencia entre eso que los argentinos llamamos tener "el toque" y lo que en realidad hizo Messi toda su carrera. El propio jugador lo dijo alguna vez, sin vueltas: ser "un éxito de la noche a la mañana" le llevó diecisiete años y ciento catorce días. No fue un lamento ni una queja, fue casi un parte meteorológico. Y esa frase, dicha con esa tranquilidad que lo caracteriza, puede funcionar como una pequeña brújula para un nene que se frustra porque quiere sacar un diez en matemática y no le sale, o para una adolescente que cree que su vocación tiene que dar resultado a los tres meses.
“Ser "un éxito de la noche a la mañana" le llevó 17 años y 114 días.”Lionel Messi
Y acá aparece algo que me parece clave, y que doña Carmen me dijo casi sin pensar mientras le armaban el pedido: "Lo que más les voy a contar a mis nietos es la cantidad de veces que se levantó del banco cuando lo criticaban". Porque eso es lo concreto, lo que se puede contar en una sobremesa sin grandilocuencia: la idea de que el error no es el final del camino sino una parte del recorrido. Las autoras del libro rescatan justamente eso: la excelencia no es haber jugado bien todos los partidos, sino haber encontrado la manera de mejorar el siguiente.
La familia como ancla y el equipo como motor
Otro punto que el libro trabaja con bastante minucia es la relación de Messi con los suyos, y la verdad es que cuando uno lo lee se da cuenta de que esa parte es casi tan importante como los goles. A lo largo de los años, el capitán fue mencionando a su mujer y a sus hijos como una especie de termómetro emocional, y a sus padres como los que le inculcaron una idea que a mí, particularmente, me parece una de las cosas más útiles que un chico puede escuchar en su casa: que "no todo da igual". Esa frase, que parece una obviedad, en realidad pelea contra una cultura que tiende a infantilizar a los jóvenes y a tratar todas las decisiones como equivalentes. Aprender a jerarquizar, a distinguir lo importante de lo urgente, es algo que se entrena y que en el caso de Messi tiene un origen familiar muy marcado.
Y después está el equipo, que es quizás lo que más rápidamente se puede traducir a la vida de un chico. Messi lo repitió hasta el cansancio: sin sus compañeros, no habría logrado nada de lo que logró. En un país donde todavía cuesta horrores entender el trabajo colectivo, donde tendemos a individualizar los éxitos y a personalizar los fracasos, esa insistencia en el "gracias a ellos" tiene un peso que los padres podemos aprovechar. Sea en una escuelita de fútbol, en un grupo de teatro, en un trabajo práctico del colegio o en cualquier otro ámbito donde haya que coordinarse con otros, la idea de que el talento individual necesita estructura comunitaria es un aprendizaje que sirve para toda la vida.
Volví a la verdulería el viernes a sacar unos limones y doña Carmen ya estaba más repuesta, charlando con la verdulera sobre qué platos va a cocinar este finde. Antes de irme le pregunté qué era lo primero que le iba a contar a sus nietos cuando los viera. Se quedó pensando un segundo, me miró con esa seriedad que tienen las mujeres cuando están por decir algo que les sale del pecho, y me dijo: "Que nunca aflojó, Paola. Ni cuando todos le dieron la espalda". Yo creo que esa frase, dicha así, con la voz un poco tomada y las manos todavía con tierra de la verdura, resume bastante bien lo que el libro de Verónica y Florencia quiso sistematizar antes de que este momento llegara. Y lo que ahora, en cada casa argentina, queda como tarea compartida: transformar la despedida en una conversación que les quede a los chicos para toda la vida.
“No todo da igual.”Lionel Messi, sobre lo que le inculcaron sus padres
