La despedida que Eastwood le regaló a Munny y después le sacó: la escena prohibida de Sin perdón
El guion original de David Webb Peoples incluía un epílogo que cambiaba el sentido del personaje. Eastwood lo filmó, lo vio en un primer montaje y lo borró. Hoy no hay copia.
Te confieso algo antes de arrancar: hace años que Sin perdón me parece la mejor película de western que se filmó después de la edad de oro del género, y siempre pensé que su última imagen, esa silueta de Clint Eastwood alejándose en el caballo con el peso delator de sus crímenes, era perfecta. Ahora, mientras revisaba un material reciente sobre los treinta y cuatro años del estreno, me topé con un dato que me revolvió la cabeza: Eastwood había rodado otra escena para ese mismo cierre y la había descartado. Y lo más inquietante es que nadie sabe dónde está esa filmación. Te la cuento en primera persona, como si estuviéramos charlando en un patio de pueblo, porque la pesquisa lo merece.
Una idea que viajó una década
Cuando Sin perdón desembarcó en las salas en 1992, Eastwood ya cargaba con el guion de David Webb Peoples desde principios de los ochenta. Lo había comprado él mismo, de su bolsillo, y lo guardó esperando el momento justo. No era una cuestión de capricho: Eastwood quería que su rostro luciera las marcas del tiempo que el personaje de William Munny, un pistolero retirado que vuelve a matar por un puñado de dólares, necesitaba para resultar verosímil. Esa espera silenciosa forma parte del mito de la película, y ayuda a entender por qué cada decisión del montaje final parece pensada con bisturí.
La película se llevó cuatro Premios Óscar, incluido el de mejor película, y consolidó una lectura del western crepuscular que sigue discutiéndose en cualquier mesa de cinéfilos. Sin embargo, lo que llegó a las salas no fue la única versión que existió. Peoples contó que Eastwood rodó una escena del desenlace que llegó a incluir en un primer montaje, y que él mismo pudo verla proyectada. Ahí la cuestión se vuelve casi detectivesca: un material filmado, visto por su autor, y después perdido para siempre.
El epílogo que nunca vimos
Lo que Peoples describió tiene una precisión que duele. En esa escena, Munny regresaba al hogar familiar y se reencontraba con sus hijos. El momento era tranquilo, de esos que en el cine se llenan de polvo y luz de tarde, hasta que el hijo mayor, Will Jr., notaba la repentina bonanza económica de la familia y le preguntaba al padre, sin demasiados rodeos, si había matado a alguien. Munny respondía que no. Una mentira simple, doméstica, casi piadosa, pero con una carga moral enorme. Según Peoples, la escena dejaba en claro que los asesinatos no habían sido ningún triunfo heroico. La frase que eligió el guionista para explicarlo es de esas que quedan resonando: Munny no dice maté a esos hijos de puta, está avergonzado de lo que hizo. Lejos de cualquier épica de pistolero, la propuesta original mostraba a un hombre que volvía a casa intentando borrar lo hecho, y mintiendo para proteger, también, la mirada de sus hijos.
- La referencia consciente que tuvo Peoples fue el cierre de El padrino, cuando Michael Corleone le miente a Kay sobre su papel en la masacre que lo consagra como jefe de la familia.
- El vínculo entre ambas películas tiene un condimento extra: Francis Ford Coppola fue uno de los candidatos a dirigir Sin perdón antes de que el proyecto quedara en manos de Eastwood.
- Eastwood le explicó a Peoples que la escena le parecía un golpe de más y que no la iba a usar, en una de esas decisiones de autor que no admiten réplica.
- El material descartado nunca fue publicado, ni siquiera como contenido extra en las ediciones físicas, y el guionista admitió desconocer su paradero actual.
Cuando leí el detalle de la referencia a El padrino me detuve un instante a pensar en cómo dialogan los dos finales. En la película de Coppola, la mentira de Michael es la confirmación de su transformación en un hombre que ya no pertenece al mundo que su esposa cree habitar. En la escena que Eastwood filmó para Munny, la mentira tiene un sentido casi opuesto: es el intento de un hombre cansado de no pertenecer nunca más a ningún lugar, ni siquiera al que más quiere. Si Eastwood la hubiera dejado, Munny habría salido del filme como un padre frágil y no como la estatua de sal que muchos recordamos cabalgando hacia el horizonte. Tal vez por eso la cortó. O tal vez, como le dijo a Peoples, era un golpe de más en una película que ya golpeaba lo suyo.
Mientras escribía esta nota me acordé de una vieja historia que me contaba un músico chaqueño al que todos llamaban El Tata, cuando le preguntaban por alguna canción que había compuesto y nunca quiso grabar. Decía que hay melodías que uno guarda en un cajón porque sabe que si las saca a la luz le van a explicar cosas de uno mismo que todavía no está preparado para escuchar. No sé si Eastwood habrá pensado algo parecido, pero la escena perdida de Sin perdón suena a ese tipo de melodía: un pedazo de verdad que el director protegió del mundo, y del que hoy solo queda el recuerdo de su guionista. Te la recomiendo entonces como se recomiendan las historias de café: vuelva a ver Sin perdón esta semana, ponga atención en el rostro de Munny cuando el caballo se aleja, y pregúntese qué habría cambiado si ese muchacho de la escena perdida hubiera recibido una respuesta sincera en lugar de una mentira piadosa. Para mí, la decisión de Eastwood de dejarla afuera fue la correcta. Pero entender que existió la hace, de alguna manera, todavía más grande.
