Lunes, 31 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Guillermo Toledo vs. Torrente: cuando el villano se sube al caballo del héroe y nadie lo baja

El actor chaqueño instalado en Madrid reabre la discusión sobre la saga de Santiago Segura y pone en el centro una pregunta incómoda: ¿se puede usar el humor para criticar lo que termina celebrando? Un repaso por sus declaraciones, la historia de la relación entre ambos y la herencia del humor como herramienta política.

Por Aníbal BenítezCultura y espectáculos · 31 de agosto de 2026 · hace 12 h

Yo he visto muchas veces esa película de sobremesa donde el que hace las mil barrabasadas termina ganando la pulseada, y siempre me quedó la duda de si el público aplaude al personaje o aplaude lo que el personaje representa. Esta semana Guillermo Toledo volvió a poner ese debate sobre la mesa, nada menos que cargando contra Torrente, ese engendro cinematográfico parido por Santiago Segura que ya lleva cinco entregas, varios cientos de millones de euros recaudados y una legión de fans que corean sus frases como si fueran estribillos de cancha. Y lo hizo con una precisión que, me parece a mí, obliga a pensar más allá del chiste.

Un personaje que junta lo peor delManual de la España negra

Para Toledo, que estos días anda con agenda de promoción, Torrente es un compendio ambulante de todo aquello que la España más oscura ha producido a lo largo de su historia: fascismo recalentado, racismo de sobremesa, homofobia de bar y machismo de barra de cañí. El problema, a su entender, no es que el personaje tenga esos rasgos, sino que la saga decidió convertirlo en protagonista y, lo que es peor, en héroe festejado por una platea que termina adoptando sus gestos como propios.

“Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe.”Guillermo Toledo

La escena de la carne, el espejo y el poder del gag

Toledo eligió una imagen concreta para graficar lo que le preocupa. Habló de esa secuencia en la que Torrente tira al suelo un trozo de carne y tres personas negras se tiran encima para pelearse por el bocado. Para el actor, la platea se rió, y eso fue todo. No hubo incomodidad, no hubo pregunta, no hubo espejo. Y a mí eso me hace ruido, porque tengo la sensación de que cuando un gag se recibe así de livianamente es porque el gag ya perdió su bordes afilado y se volvió decoración.

  • Fascismo, racismo, homofobia y machismo son, según Toledo, los cuatro pilares sobre los que se construye Torrente como personaje.
  • El humor, en su lectura, puede ser un arma política muy poderosa, siempre que obligue al público a preguntarse de qué se está riendo.
  • La experiencia de Toledo en Animalario lo formó en la idea de un humor que incomoda y devuelve al espectador la propia imagen en formato de mueca.
  • La saga Torrente lleva cinco entregas y un recorrido que la convirtió en fenómeno de público más allá de las intenciones de su creador.

Y acá viene lo interesante, porque Toledo no habla desde el desprecio al humor ni desde el sermón de manual. Viene de militar muchos años en Animalario, ese colectivo teatral donde aprendió que la risa sirve, sobre todo, para incomodar al que se ríe. Cuando le preguntan por aquella etapa, el actor rescata la idea del espejo: uno se carcajea, sí, pero un segundo después se da cuenta de qué estaba mirando, y eso le revuelve algo adentro. Esa es la frontera que él traza entre un humor que indaga y un humor que, sin querer o queriendo, legitima.

Segura, Toledo y una historia de cine que viene de lejos

Los dos se conocen hace más de dos décadas y han compartido créditos en más de una ocasión. La última vez fue en La reina de España, aquella comedia de 2016 que juntó a un puñado de actores españoles para reconstruir un capítulo medio olvidado del cine de estrellas de su país. Antes de eso, se habían cruzado en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, esa película inclasificable de 2004 que ya era, en sí misma, un laboratorio de incomodidades. Cuando uno mira esa filmografía en conjunto, entiende que la discusión de hoy no es un cruce de occurrentes: es la discusión entre dos maneras de entender la comedia que se conocen, se respetan y,, no terminan de coincidir.

Mi recomendación, si me permiten el consejo de un escriba viejo, es ir a buscar Torrente, el brazo tonto de la ley, la primera entrega, y verla con la pregunta de Toledo prendida en la cabeza como un cartelito: ¿de qué me estoy riendo? Después, si les queda ganas, dense una vuelta por los trabajos que Toledo hizo con Animalario, donde el humor duele de verdad. Y saquen sus propias conclusiones, que en estas tierras del Plata, como les gusta decir a los mayores, cada uno sabe dónde le aprieta el zapato.

AB
Aníbal BenítezCultura y espectáculos

Te puede interesar