Viernes, 28 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

El número que quiere medir si el cuerpo y la cabeza siguen funcionando juntos después de los 60

Un indicador internacional combina cinco dimensiones del organismo para anticipar problemas antes de que se conviertan en enfermedad; todavía no se usa en los consultorios, pero ya se prueba en ensayos clínicos.

Por Paola MezaSociedad y vida · 28 de agosto de 2026 · hace 1 h

Lo confieso de entrada: cada vez que me siento frente al teclado a escribir sobre envejecimiento, pienso en Marta, mi vecina del tercer piso, que tiene 67 años y todos los martes sube las escaleras del edificio con las bolsas del supermercado como si fuera una molestia menor. La veo llegar del mercado con la bolsa cargada, esquivar el umbral de la puerta con la puntera del pie y saludarme con la misma sonrisa de siempre, y me pregunto cómo se mide eso que ella tiene y que no aparece en ningún análisis de sangre. Porque la salud, me parece, no se reduce a un valor de colesterol ni a una cifra de presión arterial: hay algo más, una suerte de engranaje invisible que hace que el cuerpo y la cabeza sigan funcionando en sintonía. Justamente de eso se ocupa un indicador que empieza a discutirse en los círculos de geriatría y que la Organización Mundial de la Salud formalizó hace ya una década.

Cinco dimensiones en un solo puntaje

Lo que propone la capacidad intrínseca, que así se llama el concepto, es reunir en un único número cinco aspectos del funcionamiento humano: la cognición, la locomoción (es decir, la fuerza y la movilidad), la capacidad sensorial (visión y audición), el bienestar psicológico y la vitalidad, esta última entendida como la energía general y la tolerancia al esfuerzo físico. La idea central es correrse del enfoque clásico, centrado en diagnosticar enfermedades puntuales, para observar qué tan bien trabaja el organismo en su conjunto, como una orquesta en la que importa más el sonido general que el instrumento que destaquen en un pasaje.

Varias de las pruebas que alimentan ese puntaje ya forman parte de la rutina en los consultorios de geriatría: la velocidad al caminar una distancia corta, la fuerza de agarre medida con un dinamómetro y los tests breves para detectar deterioro cognitivo. Lo verdaderamente nuevo, lo que cambia la lógica, es combinarlos en un índice único y, sobre todo, seguirlo a lo largo del tiempo, como quien anota la evolución de una planta en un cuaderno para entender qué la hace crecer o qué la marchita.

“Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.”John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia

Qué se prueba hoy en el mundo

En Francia se lleva adelante un ensayo en el que adultos mayores completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y reciben recomendaciones personalizadas; si el puntaje baja, se los deriva a un médico o a un especialista en geriatría para estudios más detallados. En paralelo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud de Estados Unidos financia un programa que busca demostrar que esa capacidad refleja cómo se siente y funciona una persona, y que puede mejorar con ejercicio o con fármacos ya existentes. Los resultados todavía no son concluyentes, pero la dirección es clara: tratar al envejecimiento como un proceso medible, no como un destino inevitable.

  • Cognición: memoria, atención y velocidad de procesamiento mental.
  • Locomoción: fuerza muscular, equilibrio y velocidad al caminar.
  • Capacidad sensorial: agudeza visual y auditiva.
  • Bienestar psicológico: estado de ánimo y síntomas depresivos.
  • Vitalidad: nivel de energía, fatiga y tolerancia al esfuerzo físico.

A mí, que soy de las que todavía se sorprenden con cada innovación médica, me gusta imaginar que dentro de unos años un control de rutina para los mayores incluirá algo tan sencillo como pedirle a alguien que camine cinco metros, que apriete un aparatito con la mano, que lea una palabra en una cartelera y que conteste cuántas veces se sintió cansado en la última semana. Nada de estudios costosos ni de máquinas intimidantes, apenas una postal del estado general del organismo que permita anticiparse a lo que viene. Volviendo a Marta, mi vecina del tercer piso: la veo cada martes y cada martes confirmo que hay maneras de envejecer que todavía no aprendimos a medir, pero que sin duda existen. La ciencia, por suerte, parece empeñada en ponerle números a esa intuición.

PM
Paola MezaSociedad y vida

Te puede interesar