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El invierno en Abrolhos: la meca brasileña de las ballenas jorobadas que renueva el turismo de la costa

Entre julio y noviembre, los cetáceos llegan al sur de Bahía para reproducirse y dan vida a una temporada turística que mueve a municipios pequeños. Operadores certificados, monitoreo ambiental y una economía que se reinventa fuera del verano.

Por Tomás GaunaTurismo y esteros · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

Amanece en el sur de Bahía con una luz que se estira sobre el mar y un rumor de motores lejanos que salen de Caravelas hacia las islas. Es temporada baja para el turismo de playa, sí, pero es temporada alta para otra cosa: las ballenas jorobadas, esos cetáceos enormes que cada invierno remontan la costa brasileña desde aguas más frías hasta llegar al archipiélago de Abrolhos, en el extremo sur del estado, para aparearse y criar. Y lo que durante décadas fue un espectáculo solo para pescadores y científicos hoy se transformó en una nueva estación turística que crece afuera del verano.

La ventana para verlas va de julio a noviembre, con picos de actividad entre agosto y octubre. El archipiélago de Abrolhos concentra la mayor densidad de la ruta, pero los avistamientos se extienden más al sur, hasta el litoral de São Paulo, a medida que la población crece y ocupa nuevos tramos del recorrido migratorio.

Un instituto que lleva cuatro décadas protegiendo a los cetáceos

Lo que sostiene esta actividad es el Instituto Baleia Jubarte, que arrancó su trabajo con base en Abrolhos y fue extendiendo su presencia a lo largo de la costa a medida que las ballenas se expandían. Hoy opera en varios puntos entre Bahía y São Paulo, con monitoreo permanente, educación ambiental y un eje muy claro: la ballena viva vale más que la ballena muerta.

“La ballena viva vale mucho más que muerta. La observación genera valor económico, empleo e ingresos, pero también sensibiliza a las personas. Quienes tienen la oportunidad de ver una ballena suelen salir de esa experiencia convertidos en su protector.”Enrico Marcovaldi, vicepresidente del Instituto Baleia Jubarte

Una nueva temporada para pueblos chicos

El impacto se nota sobre todo en los municipios pequeños. En Caravelas, la ciudad costera que funciona como puerta de entrada a Abrolhos, el Instituto genera empleo directo y, a su alrededor, se activan hoteles, restaurantes y prestadores de servicios justo en los meses de menor movimiento del calendario tradicional. El presidente del Instituto, Eduardo Camargo, lo define como una nueva temporada de turismo, una que llena el calendario en la temporada baja y le da oxígeno a una economía que suele depender del verano.

Para los viajeros argentinos que gustan de combinar playa con naturaleza, la temporada de ballenas es una razón concreta para visitar el sur de Bahía entre julio y octubre, afuera del pico estival. Eso sí: Abrolhos es parque nacional marino, el acceso a las islas requiere permiso, y las excursiones se hacen con embarcaciones habilitadas y guías certificados que respetan distancias y tiempos de permanencia cerca de los cetáceos. Es la condición para que el negocio siga creciendo sin aumentar la presión sobre los animales.

Para quien quiera comer o dormir en la zona, Caravelas concentra la oferta más cercana al puerto de salida de las lanchas, con posadas familiares y restaurantes de pescado fresco que trabajan todo el año. Si la idea es extender la estadía, Praia de Itaúnas, unos kilómetros al sur, es una buena base para combinar días de ballena con caminatas por las dunas y el río. Mi consejo es tomarse al menos tres noches: una para moverse, otra para el avistamiento y la tercera para repetir si la primera vez el mar no acompañó. Cuando un animal de veinte toneladas decide saltar, uno agradece tener margen para volver a intentarlo.

Si alguna vez sintieron curiosidad por ver una ballena de cerca sin irse hasta la Patagonia, este es el momento y este es el lugar. Anoten la fecha, consulten con un operador habilitado y dense el gusto: la costa brasileña de invierno les espera con un espectáculo que, además de imponente, sostiene a comunidades enteras. Viajen, miren con respeto y, como dice Marcovaldi, vuelvan convertidos en protectores.

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Tomás GaunaTurismo y esteros

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