Viernes, 4 de septiembre de 2026
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El acoso escolar que ya no se apaga cuando suena el timbre

La Sociedad Argentina de Pediatría publicó un documento que describe cómo el bullying y el ciberbullying se volvieron inseparables: la agresión empieza en el aula, continúa en grupos de WhatsApp, redes y videojuegos y puede perseguir a un chico hasta la cama. Las consecuencias van de dolores físicos y alteraciones del sueño hasta ansiedad y depresión, y la entidad les habla directamente a familias, escuelas y equipos de salud.

Por Paola MezaSociedad y vida · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me lo contaba la semana pasada Marta, mi vecina de toda la vida, que tiene 52 años y dos hijas en la secundaria. Me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Antes, el bullying se terminaba cuando el pibe llegaba a casa y se sacaba los zapatos. Ahora se termina cuando se queda dormido, y a veces ni eso". La frase le cabe justo al nuevo documento que acaba de publicar la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), trabajado por ocho de sus comités y subcomisiones, y que vuelve a poner el foco sobre algo que muchos padres todavía sienten como ajeno: que la pantalla es, cada vez más, una extensión del aula, y también del patio, y también del baño del colegio donde alguien empujaba al hijo el martes a las diez de la mañana.

El acoso se muda del patio al grupo de WhatsApp

Esa continuidad entre lo físico y lo digital es, justamente, el corazón del informe. Lo que empieza con un apodo en el recreo puede seguir esa misma tarde en un chat, escalar en redes durante la noche y volver al chico a la cara a la mañana siguiente, cuando vuelve a la escuela. "Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño", resumió la doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP.

Cómo se manifiesta el ciberbullying, según los pediatras

  • Mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes sociales.
  • Acecho y seguimiento digital de la víctima.
  • Votaciones o encuestas online para humillar a un alumno.
  • Perfiles falsos y suplantación de identidad.
  • Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
  • Exclusión deliberada de grupos y listas.
  • Manipulación de imágenes, videos o memes para ridiculizar.
  • Uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, muchas veces difíciles de borrar.

La SAP aclara un punto que en las familias suele prestarse a confusión: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para que haya acoso escolar tienen que darse tres condiciones al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que deje a la víctima sin manera real de defenderse ni de cortar la situación. Las formas pueden ser físicas, verbales o relacionales, y la variable nueva, la que más preocupa a los pediatras, es que las pantallas les permiten a los agresores sostener el hostigamiento fuera del horario escolar, sin testigos y desde la comodidad de su propia casa.

Las consecuencias que ya se ven en los consultorios

El documento es contundente a la hora de describir el impacto: el cuadro incluye cefaleas, dolor abdominal recurrente, fatiga, alteraciones del sueño, bajo rendimiento escolar, aislamiento progresivo y, en los casos más sostenidos, ansiedad, depresión e incluso ideas suicidas. En los chicos más chicos puede manifestarse con regresiones, irritabilidad o resistencia a ir a la escuela. En los adolescentes, en cambio, muchas veces la señal de alerta es el repliegue silencioso: dejar de compartir, cambiar la ruta para no cruzarse con alguien, apagar el teléfono o, por el contrario, no soltarlo nunca, en una vigilia ansiosa por lo que pueda estar llegando.

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría (SAP)

A quién le habla la SAP, y qué pide

El llamado apunta a tres frentes que, según la entidad, tienen que trabajar en conjunto. A las familias, para que estén atentas a cambios de humor, de sueño o de vínculo con la escuela, y para que no minimicen lo que se vive en las pantallas: un mensaje hiriente en un grupo les produce al chico el mismo daño que un insulto en el patio, y a veces más, porque se viraliza y se repite. A las escuelas, para que tengan protocolos claros, intervengan antes de que la situación se cronifique y entiendan que la convivencia digital es parte de la convivencia escolar. Y a los equipos de salud, para que incorporen preguntas específicas sobre el mundo online en los controles de rutina. La palabra que más repite el documento es una sola: red. Porque, como me lo dejó dicho Marta mientras secaba los platos y miraba por la ventana del patio, "esto ya no se resuelve sólo desde una mesa". Y tiene razón: el acoso escolar dejó de ser un problema que empieza y termina en la puerta del colegio, y por eso dejó de ser un tema que pueda resolverse desde un solo lugar. En criollo, y sin ánimo de simplificar lo que no es simple: estamos a tiempo, pero hace falta que cada uno de los que estamos del lado de los chicos dejemos de mirar para otro lado cuando el timbre de la escuela ya sonó hace rato.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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