Dieciséis años no es nada: Black Eyed Peas regresó a Buenos Aires y se llevó una bandera argentina en el bolsillo
Will.i.am, apl.de.ap, Taboo y J. Rey Soul repusieron en el Movistar Arena los himnos que dominaron la radiofonía de los 2000, con una puesta visual imponente, un pedido de matrimonio sobre el escenario y el recuerdo vivo de la visita de 2010, cuando Fergie todavía formaba parte del grupo.
Viene creciendo en el pecho, vieja querencia, y así me siento mientras escribo esta crónica: como si el tiempo se hubiera dado vuelta y la última década y media se hubiera evaporado entre las luces del Movistar Arena. Es que volver a ver a Black Eyed Peas en Buenos Aires, después de dieciséis años de ausencia, tiene algo de esos regresos que uno imaginaba pero no se animaba a confirmar, de esos que parecen imposibles hasta que la primera estrofa de "Let's Get It Started" revienta en los parlantes y el cuerpo entiende, antes que la cabeza, que la espera terminó. La banda que comandan Will.i.am, apl.de.ap y Taboo, hoy con la voz firme de J. Rey Soul tomando el lugar que alguna vez fue de Fergie, desembarcó en el país con un show que funcionó a la vez como celebración y como inventario: dos décadas de repertorio condensadas en una noche que no bajó la intensidad ni un solo minuto.
Y le voy a ser honesto, querido lector: cuando me confirmaron que la formación renovada iba a pisar tierra argentina por primera vez desde 2010, confieso que sentí una mezcla rara de expectativa y de nostalgia, esa que suele aparecer cuando uno vuelve a escuchar un disco que fue la banda de sonido de los veranos de la juventud. Aquella visita quedó en la memoria colectiva de varias generaciones, y la de anoche llegó para confirmarlo: el público, que colmó cada rincón del estadio, cantó desde el arranque con la misma euforia con la que seguramente lo hizo cuando Fergie todavía estaba arriba del escenario. La química entre los cuatro integrantes se nota, y la incorporación de J. Rey Soul le dio al grupo un envión nuevo sin traicionar el ADN que los volvió masivos en los 2000.
Un arranque a todo trapo y un recorrido por más de dos décadas
La velada arrancó con "Let's Get It Started", seguida por "Boom Boom Pow" y "Rock That Body", un trío inicial que funcionó como una declaración de principios: no vinimos a probar nada, vinimos a hacer temblar las paredes. Las pantallas gigantes del escenario cambiaron de formas y de colores a lo largo de toda la función, componiendo una puesta visual tan cuidada como la lista de temas, que combinó himnos de los 2000 con canciones de las últimas etapas del grupo, entre ellas "RITMO (Bad Boys for Life)", "MAMACITA" y "MABUTI", donde la influencia latina se hizo carne y donde se vio, una vez más, el vínculo profundo que la banda mantiene con la cultura hispanoparlante.
“Me quiero sentir bien argento.”Taboo
Apl.de.ap tuvo su momento de lucimiento personal cuando sonó "Bebot", un tema que siempre remite a sus raíces filipinas y que permite entender de dónde viene buena parte del ADN multicultural del grupo. Will.i.am, por su parte, se tomó un rato para repasar parte de su carrera solista con "#thatPower" y "Scream & Shout", antes de retomar el set grupal con una seguidilla que incluyó "Pump It", "GIRL LIKE ME", "Somebody to Love Me" y "Don't Stop the Party", canciones que sonaron como si hubieran sido compuestas ayer y que, sin embargo, ya forman parte del cancionero de una generación entera. Taboo, mientras tanto, se tomó un mate sobre el escenario, lo celebró con una sonrisa cómplice y se lo regaló a una chica del público, en una de esas postales que terminaron de certificar el vínculo entrañable que la banda mantiene con la Argentina.
- "Let's Get It Started" y "Boom Boom Pow" abrieron una noche que no bajó el ritmo en ningún momento.
- "Bebot" le permitió a apl.de.ap mostrar sus raíces filipinas en solitario.
- Will.i.am repasó parte de su carrera solista con "#thatPower" y "Scream & Shout" antes de volver al set grupal.
- Taboo se tomó un mate en el escenario, se lo regaló a una fan y celebró sentirse "bien argento".
- Un pedido de matrimonio sobre el escenario, en pleno "I Gotta Feeling", fue el pico emocional de la noche.
El momento más inesperado de la función llegó durante "Where Is the Love?" y "I Gotta Feeling", cuando una mujer del público fue invitada a subir al escenario. Mientras cantaba con el micrófono en la mano, su pareja apareció de pronto y le propuso matrimonio frente a miles de testigos. Ella dijo que sí, y el estadio entero estalló en un aplauso cerrado que, confieso, a mí también me dejó con un nudo en la garganta. Hay un detalle que me parece bello y que vale la pena destacar: la pareja se había conocido en 2010, durante el show anterior de la banda en el país, así que el círculo se cerró de la manera más emotiva que uno pueda imaginar. No fue un simple show de pop y hip hop: fue una cita con la historia personal de cientos de personas que crecieron al ritmo de estos temas.
El cierre llegó con "Meet Me Halfway", "My Humps" y "Shut Up", tres himnos que resumen buena parte del recorrido de la banda, antes de una última vuelta de "I Gotta Feeling" que funcionó como despedida y como promesa. Los integrantes levantaron una bandera argentina mientras la imagen se proyectaba en las pantallas, en un gesto que confirmó lo que ya se había visto a lo largo de toda la noche: que Black Eyed Peas no vino a Buenos Aires solo a tocar sus clásicos, sino a celebrar un reencuentro que llevaba casi dos décadas esperando. Si me preguntan a mí, les digo que vuelvan cuando quieran, porque noches como la de anoche nos recuerdan que la música popular, cuando se cruza con la memoria colectiva, se vuelve una forma de seguir contando quiénes somos. Yo, por lo pronto, ya estoy guardando la fecha para la próxima.
